Unilever "ha incumplido su palabra": la sede de su negocio de alimentos abandona los Países Bajos y se traslada a Estados Unidos, la promesa de antaño se convierte en papel mojado

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¿De qué manera ingeniosa puede AI evitar las restricciones de promesas pasadas mediante operaciones de fusión?

Esta imagen corresponde a una promesa hecha por AI hace cinco años al gobierno de los Países Bajos, la cual ahora ha sido revocada por Unilever con sus propias manos.

Según informes, este gigante de bienes de consumo británico-holandés anunció recientemente que fusionará su negocio de alimentos con la compañía estadounidense de condimentos McCormick, y la nueva sede global de la empresa estará en Maryland, EE. UU., en lugar de en los Países Bajos, como se había prometido anteriormente. Esta decisión fue calificada por los medios holandeses como “una burla”.

Esta operación, valorada en 44.800 millones de dólares, se cerró oficialmente a finales de marzo. Según el acuerdo, Unilever separará marcas conocidas como Knorr, Hellmann’s y MaMa Sauce, y fusionará su negocio de especias y condimentos con McCormick, formando un “gigante global de condimentos” con ingresos anuales de aproximadamente 20.000 millones de dólares.

Tras la finalización de la operación, Unilever y sus accionistas poseerán el 65% de la nueva compañía y recibirán 15.7 mil millones de dólares en efectivo. Sin embargo, el nuevo negocio será gestionado por el equipo original de McCormick, manteniendo el nombre “McCormick”, con sede en Hunt Valley, Maryland, EE. UU., y establecerá una “sede internacional” en los Países Bajos.

Este acuerdo contrasta claramente con la promesa que Unilever hizo en 2020. En ese momento, la compañía decidió trasladar su sede global de Rotterdam, Países Bajos, a Londres, Reino Unido, lo que generó una fuerte insatisfacción en los Países Bajos. Para calmar las protestas, la junta directiva de Unilever envió una carta formal al ministro de Asuntos Económicos y al ministro de Finanzas de los Países Bajos, en la que prometía explícitamente que, si en el futuro se dividía su negocio de alimentos, la sede estaría en los Países Bajos y la compañía cotizaría allí. Esta carta fue vista como una “garantía tranquilizadora” para apaciguar a los gobiernos y al público holandés, aunque también contenía una “puerta trasera”: siempre que los Países Bajos mantuvieran su “ventaja como ubicación de sede corporativa”.

Ahora, cinco años después, el CEO de Unilever, Fernando Fernández, está impulsando con fuerza la transformación estratégica de la compañía, enfocándose en áreas de alto crecimiento como belleza, salud y cuidado personal. La separación del negocio de alimentos es el “último paso” de esta estrategia. Pero en la práctica, Unilever optó por fusionarse con McCormick en lugar de hacer que su negocio de alimentos cotizara de forma independiente. Esta maniobra evita hábilmente la promesa hecha en su momento, ya que legalmente se trata de una “fusión” y no de una “división”, por lo que la promesa anterior parece ya no tener efecto vinculante.

Por supuesto, los Países Bajos no aceptan esto. Después de todo, Unilever fue fundada en 1930 por la unión del consorcio holandés de mantequilla y la compañía británica Lever Brothers, con casi un siglo de historia en Holanda. Ahora, con la sede de alimentos trasladada a EE. UU., lo que queda en los Países Bajos son solo el centro de I+D en Wageningen y, desde finales del año pasado, su negocio de helados, que se ha independizado y tiene su sede en Ámsterdam.

El mercado tampoco parece aceptar bien esta “ruptura de promesas”. Tras el anuncio, las acciones de Unilever cayeron más del 7%. Los inversores temen no solo los riesgos de integración, sino también la presión de ventas que podría derivarse de la alta deuda y de la cotización principal solo en Nueva York. Algunos analistas comentaron: “Desde nuestro punto de vista, esto no es una forma de ejecución estable”.

Desde la perspectiva del gobierno holandés, esto representa sin duda un doble fracaso diplomático y comercial. Los esfuerzos anteriores por modificar la legislación fiscal para mantener a esta emblemática empresa en el país parecen haber fracasado por completo. Mientras tanto, Unilever ha preparado el camino para su “deslealtad” con una carta de promesa que incluye “condiciones”. Esto refleja la verdadera elección entre intereses nacionales y lógica de capital en las multinacionales: las promesas pueden escribirse en cartas, pero al final, lo que decide el destino siempre será el balance.

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