El 9 de abril, Trump advirtió en redes sociales a Irán que detuviera de inmediato el cobro de peajes a los petroleros que transitan el estrecho de Ormuz, acusándolo de “hacerlo muy mal”. Anteriormente, la parte estadounidense también había afirmado de manera abierta que los peajes debían ser cobrados por Estados Unidos. Irán, por su parte, respondió con firmeza y anunció que la gestión del estrecho entra en una “nueva fase”, y que ya está impulsando el mecanismo de cobro. Aunque Estados Unidos e Irán alcanzaron un acuerdo de alto el fuego de dos semanas, la situación en el estrecho sigue siendo caótica: el día 8 solo se autorizó el paso de 4 barcos, la cifra más baja por día desde abril. Unos 3.200 buques permanecen todavía retenidos al oeste del estrecho, de los cuales cerca de 800 son petroleros y cargueros. Los flujos comerciales en la región del Golfo se han visto obligados a desviarse, y las rutas que rodean el Cabo de Buena Esperanza han ampliado la duración del viaje hasta unos 41 días, con un aumento de los costos de transporte de aproximadamente un 25%. Esta vía estratégica, que canaliza alrededor del 20% del transporte mundial de petróleo y LNG, aún no ha recuperado su volumen de tránsito normal. Las dos partes se enfrentan a negociaciones directas en Pakistán; si las contradicciones escalan, el acuerdo de alto el fuego podría romperse en cualquier momento, y el mercado mundial de la energía se verá abocado a una nueva ronda de fuertes sacudidas.#Gate广场四月发帖挑战

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