Recientemente vi una noticia bastante interesante: la fiscalía confiscó la cold wallet de cierto político y todavía está en proceso de descifrar. Esto me hizo pensar en que muchas personas en realidad no entienden qué es exactamente una cold wallet y por qué todos dicen que es la opción más segura.



En realidad, las carteras de criptomonedas son completamente diferentes a una cuenta bancaria. No es un lugar donde realmente se almacenan los activos, sino un medio digital que te permite depositar, enviar y recibir activos virtuales. En pocas palabras, una wallet es como un pasaporte en el mundo de la cadena de bloques, que representa tu identidad. Solo con ella puedes operar en este mundo.

El núcleo de una wallet son tres cosas: la clave privada, la clave pública y la dirección. La clave privada es la más importante; es una cadena de 256 bits de números aleatorios que demuestra que tú eres el propietario de la wallet. Mientras alguien conozca tu clave privada, tus activos están en peligro, por lo que nunca debe ser revelada. La clave pública es como una identificación que usan los mineros para reconocer tu wallet, y la dirección es tu ubicación en la cadena de bloques, utilizada para enviar y recibir activos.

Las wallets se dividen en dos grandes categorías. La hot wallet está en línea, como las wallets de exchanges o las extensiones de navegador como MetaMask. Son convenientes para hacer transacciones rápidas y firmar en unos pocos pasos, pero también por estar siempre conectadas a internet, tienen un riesgo mayor de ser hackeadas. Especialmente las wallets de exchanges centralizados, que aunque nominalmente son tuyas, en realidad el control no está en tus manos, sino que las tienes en custodia, como cuando entregas tus activos a un exchange. El caso de FTX en quiebra lo demuestra: aunque la wallet sea tuya, si el exchange quiebra, no podrás recuperarlos.

En cambio, la cold wallet es una verdadera fortaleza de seguridad. La cold wallet es un dispositivo físico, como un disco duro o USB, que almacena los activos de forma offline. La clave privada nunca entra en contacto con internet, por lo que los hackers no tienen oportunidad de robarla. Las marcas más comunes en el mercado son Ledger y Trezor, con precios que oscilan entre 100 y 250 dólares. Incluso si pierdes o dañas el hardware de la cold wallet, mientras recuerdes la clave privada y la frase de recuperación, podrás restaurar tus activos, ya que estos existen en la blockchain y la cold wallet solo es una herramienta para acceder a ellos.

Al comprar una cold wallet, debes tener cuidado: asegúrate de comprarla directamente del fabricante y verificar que el paquete esté completo al recibirlo. De lo contrario, personas con malas intenciones podrían haber instalado previamente software malicioso.

¿Cómo elegir? Si haces transacciones frecuentes, una hot wallet es imprescindible; MetaMask o Trust Wallet son buenas opciones. Pero si posees una gran cantidad de activos o planeas mantener tus fondos a largo plazo, la cold wallet es la opción más segura. Según datos, después de la quiebra de FTX, en 2022, 45,000 bitcoins fueron transferidos desde un gran exchange a cold wallets, lo que indica que los inversores prefieren gestionar sus activos por sí mismos. En mercados con alto riesgo, nadie se atreve a confiar en la seguridad de un exchange; guardar en cold wallet es la decisión más inteligente.
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