El periódico People's Daily critica que cierta región haya convertido la atención a la ciudadanía en un "juego digital": los datos parecen buenos, pero la satisfacción de la población ha disminuido.

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Generación de resúmenes en curso

“El año pasado se resolvieron 30k casos de quejas de los ciudadanos, casi todos se resolvieron; sin embargo, la tasa de quejas repetidas aumentó año contra año”. La observación de un trabajador de una línea directa de atención al ciudadano en alguna zona del oeste resulta especialmente digna de atención.

La tasa de resolución está cerca de 100%, pero la tasa de quejas repetidas aumenta, lo que revela problemas de calidad en la tramitación: o bien en el sistema se marca “resuelto” o “derivado”, pero sin solucionar de manera efectiva el problema; o bien se trata de paliar sin atajar, como “tapar el agujero y que vuelva a salir el agua por otro sitio”…

Peor aún, en algunos lugares se realizan “proyectos de fachada” para que los “datos se vean bien”, lo que refleja una visión equivocada del desempeño: convertir los “números” en “logros”, y usar los “datos” en lugar de la efectividad. La consecuencia es que existe una brecha entre la experiencia real de los ciudadanos y los datos estadísticos: los datos quedan bonitos, pero la satisfacción ciudadana baja.

Hay que verlo con claridad: no es algo excepcional el fenómeno de mirar solo los datos y no hacer caso de la efectividad. En los últimos años, entre los casos típicos de “formalismo para aliviar la carga del nivel de base” comunicados en el plano central, algunos gastan dinero por fama falsa para buscar escalar en diversas listas como “condados top 100” y “pueblos top 1.000”; otros hacen grandes construcciones de bibliotecas rurales para las familias, pero las vuelven a reconstruir y no se encargan de su gestión, con lo que la tasa de utilización real va disminuyendo cada vez más… En cuanto los datos que deberían reflejar objetivamente la situación real “se les infla” o “se les embellece”, “cambian de color y de sabor”: dejan de ser el “barómetro” del desarrollo económico y social, y se convierten en el “pañuelo para tapar vergüenzas” de algunos o en un “escenario para hacer show”, lo que no solo induce a error en la toma de decisiones y desperdicia recursos, sino que también daña la credibilidad del Partido y del Gobierno.

Impulsar el trabajo y buscar el desarrollo no debe caer en el “juego de los números”. Hace poco una noticia despertó amplia atención: un tal municipio-ciudad en 2025 estaba a “solo un pequeño paso” de alcanzar el billón en valor agregado regional. Ante este resultado, el responsable local declaró: “ser realistas y actuar conforme a la realidad, que siga su curso natural”; “no obsesionarse con los números, ni dejar que los números pesen, sino desarrollar de forma firme y efectiva”. Esta respuesta demuestra un respeto pleno por las leyes del crecimiento económico y un estilo de trabajo claro y pragmático.

El verdadero desempeño, no se consigue apilando números, sino luchando con hechos. Los números falsos no engañan la experiencia concreta de los ciudadanos. Qué desempeño es, está contenido en cada ladrillo y cada teja del mejoramiento de los vecindarios viejos; en los resultados sólidos de la revitalización integral del campo; en el proceso de resolver problemas urgentes y difíciles para la gente como el empleo, la educación, la atención médica, etc. Estos logros que los ciudadanos pueden sentir y tocar, pesan mucho más y son mucho más auténticos que los números.

También hay que ver que, cuando algo que debería servir a la gente termina convertido en “juego de los números”, una razón importante es que falló el sistema de evaluación. En algunos casos, las unidades superiores tienen una visión sesgada del desempeño, establecen metas desconectadas de la realidad; en el nivel de base, “arriba hay políticas y abajo hay contramedidas”, responden al formalismo con formalismo burocrático, y al final se malogra el trabajo, se perjudica el bienestar de la población y se pierde la confianza del pueblo.

Salir del “juego de los números”, eliminar las conductas cortoplacistas, yendo a la raíz, consiste en pensar con claridad a quién se dedica el desempeño. Si los cuadros utilizan realmente su energía para resolver los problemas del desarrollo, mejorar el bienestar de la población y elevar la eficacia de la gobernanza, haciendo más asuntos que sienten bases, que rinden en el largo plazo y benefician a la gente; si la evaluación se hace más en el sitio, se ve más en detalles concretos, y se escucha más a la gente, para que se reconozca a quienes hacen el trabajo de verdad y no haya espacio para quienes falsifican o montan escenografías, entonces el “juego de los números” quedará sin escapatoria.

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