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Escenario del balance de situación
Título del autor del artículo: Sebastien Davies
Compilación del artículo: Block unicorn
Introducción
En el mundo financiero existe un problema de extremismo. He visto a algunos extremistas que están convencidos de que la blockchain destruirá todas las instituciones financieras existentes. A su vez, el bando de las finanzas tradicionales sostiene que Bitcoin equivale a las criptomonedas, y viceversa. Lamentablemente, ambos bandos carecen de paciencia para comprender las sutilezas.
No comparto este planteamiento binario de “uno u otro”. Como hemos visto, es muy probable que ambos se fusionen en lugar de chocar. Visa y Mastercard están ampliando activamente sus relaciones de colaboración en pagos con blockchain. El gran proveedor de servicios financieros tradicionales Stripe también lanzó una plataforma de blockchain especializada para procesar pagos. Nuestro equipo escribe casi cada semana artículos para analizar esta tendencia de fusión entre estos dos ámbitos financieros.
En los comentarios sobre criptomonedas, a menudo veo a gente que toma la blockchain en sí misma como una propuesta de venta única (USP), porque permite transacciones rápidas y de bajo costo. Es cierto que transferir fondos mediante blockchain es más barato. Pero esto, por sí solo, no es el factor clave para impulsar la adopción generalizada de la blockchain; el costo de la infraestructura tradicional de transferencias de fondos es relativamente alto, y aun así ha superado décadas de prueba.
Las empresas no cambian a un nuevo socio bancario de la noche a la mañana solo porque otro banco ofrezca algunos puntos básicos de descuento en el procesamiento de transacciones. Los hábitos financieros están profundamente arraigados. Las empresas necesitan algo más que ahorro de costos: necesitan razones con mayor confianza para cambiar la forma en que transfieren, mantienen e invierten fondos.
Aquí entran en juego resultados cuantificables. Para que el público cambie la forma en que mueve los fondos, necesita entender cómo optimizar el flujo completo de fondos. Por lo tanto, el enfoque debería estar en cómo la blockchain puede integrarse sin problemas con la plataforma, para que los usuarios puedan mantener, invertir y prestar fondos con facilidad.
En el artículo especial de hoy, Sebastien Davies, socio de Primal Capital, analiza por qué la infraestructura de las criptomonedas no logra generar una adopción masiva y qué sería lo que sí podría lograrlo.
La ilusión de la infraestructura
Durante gran parte de los casi diez años pasados, el mundo financiero global ha puesto mucho énfasis en “la vía”. Los debates sobre activos digitales casi se han concentrado por completo en el rendimiento mecánico de la blockchain, la seguridad criptográfica de las aplicaciones descentralizadas y la exquisitez teórica del razonamiento de los contratos inteligentes. Ese es el estadio de infraestructura: una era cuyo núcleo es construir “contenedores”. De 2020 a 2024, toda la industria iba a contrarreloj construyendo tuberías, bóvedas y pasarelas, con el objetivo de modernizar el flujo de valor.
En ese periodo, el desarrollo del mercado de criptomonedas se centró principalmente en la construcción de infraestructura, porque sin infraestructura simplemente no era posible participar. Construimos plataformas de custodia a nivel empresarial, APIs de bolsas estandarizadas y servicios de cumplimiento en cadena para cubrir cinco vacíos clave: custodia, negociación, ejecución, utilidad de stablecoins y reportes regulatorios.
Sin embargo, hoy la industria financiera enfrenta una verdad fundamental de la historia financiera. La infraestructura es un requisito necesario para llevar a cabo actividades, pero el balance determina quién puede capturar el beneficio económico. Tener solo una vía más rápida o más transparente no cambia por sí mismo el centro de gravedad del mercado. La infraestructura resuelve el problema mecánico de cómo pueden participar las instituciones, pero no hace nada para responder a la pregunta más importante: quién puede capturar el valor. En la época en que la construcción de infraestructura prosperaba, la respuesta a esa última cuestión seguía anclada en lo tradicional.
Los market makers centralizados capturan el spread, los primeros tenedores obtienen ganancias por apreciación y los validadores ganan las comisiones de transacción. Esta fase no creó nuevas estructuras de balance, ni cambió el lugar donde se depositan los fondos, ni cambió de raíz la estructura de creación de crédito.
Frente a este argumento, una objeción común sostiene que “la infraestructura” es el principal motor del valor, porque reduce las barreras de entrada, permite la democratización financiera y, de manera natural, transfiere el poder económico a grupos periféricos. Quienes apoyan esta visión creen que la tecnología en sí, por ser de código abierto y sin permisos, es la fuerza del cambio. Aunque es un relato atractivo para un mundo “cripto nativo” dominado por el retail, no resiste la prueba de la realidad institucional.
En mercados financieros complejos, la eficiencia de costos no es tan importante como la eficiencia de capital y los rendimientos ajustados por riesgo. Una institución que transfiere 10.000 millones de dólares no lo hace porque las comisiones de transacción sean más bajas, sino porque el balance que respalda esos fondos puede ofrecer retornos más altos o un uso de colateral más eficiente. La infraestructura es una barrera de acceso; y el balance es el activo estratégico que decide al ganador del diferencial de tasas.
La historia financiera demuestra repetidamente que la infraestructura no es la clave del poder del mercado; el balance sí lo es. El auge del mercado de eurodólares en los años 60 del siglo XX no requirió nuevos canales de pago ni tecnología financiera nueva; solo necesitaba que los depósitos en dólares se transfirieran fuera del sistema bancario estadounidense. Una vez que esos balances se transfirieron, surgió un sistema paralelo de dólares: grande en escala y prácticamente no sujeto a regulación interna.
Ahora entramos en una nueva etapa de reorganización de los balances de las instituciones. Esta etapa comenzó en 2025, cuando el “campo de batalla” se movió de la capa de protocolos a la capa de asignación de liquidez. La primera fase se centra en construir plataformas; la siguiente, en los movimientos de los participantes y el flujo de su capital.
En 2024, un tesorero al evaluar dónde mantener efectivo podría, en teoría, usar infraestructura de custodia ya madura para tener USDC. Pero desde el punto de vista económico, los depósitos bancarios tradicionales siguen siendo superiores, ya que ofrecen el seguro de la Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC) y tasas competitivas. La infraestructura ya está lista, pero el balance aún no ha cambiado. Con el entorno regulatorio pasando de diseños abstractos de políticas a su implementación concreta, esta reubicación se vuelve posible.
La siguiente fase de la adopción generalizada de las criptomonedas ya no estará determinada por la infraestructura, sino por el rumbo de los balances.
La puerta de la implementación
Durante gran parte de la última década, la participación de las instituciones en activos digitales no se vio limitada por falta de imaginación o tecnología, sino por barreras estructurales para integrar activos digitales en balances regulados. Las instituciones no necesitan solo una billetera totalmente funcional. La claridad legal, métodos contables específicos y una estructura de gobernanza sólida son requisitos básicos.
Debido a la ausencia de una definición reconocida y clara de “custodia” o de rutas de cumplimiento inequívocas, el riesgo de “contaminación del balance” es demasiado alto como para ignorarlo para cualquier entidad regulada. Tanto los bancos como las firmas de gestión de activos esperan una señal clara que les permita desplegar capital sin asumir riesgos legales de supervivencia. Por eso, el avance hacia la adopción a gran escala de activos digitales ha caído en un estado de “espera y observación”.
La era del debate de políticas por fin llega a su fin; le sigue la fase de operaciones reales. El “GENIUS Act”, aprobado en mayo de 2025, tuvo un efecto decisivo: estableció un marco regulatorio nacional para pagos con stablecoins y, finalmente, proporcionó la base legal para la asignación en el balance.
Al ofrecer un proceso de licenciamiento federal y exigir que herramientas apoyadas por reservas 100% aprobadas por el gobierno respalden los pagos con stablecoins, la ley convirtió los activos digitales de una novedad especulativa en un instrumento financiero reconocido. En agosto de 2025, la Comisión de Valores y Bolsa de Estados Unidos (SEC) cerró una investigación prolongada sobre el protocolo Aave sin emprender acciones de ejecución, consolidando aún más esta transición y eliminando efectivamente el “obstáculo regulatorio” que antes frenaba la participación institucional en las finanzas descentralizadas (DeFi).
Ahora, la atención se ha desplazado al manual de reglas de los reguladores. En febrero de 2026, la Office of the Comptroller of the Currency (OCC) publicó una propuesta de reglas integral para implementar el “GENIUS Act” y establecer un marco para “instituciones emisoras de stablecoins de pago autorizadas” (PPSI). Esta medida es especialmente significativa porque proporciona criterios prudenciales detallados (que cubren composición de reservas, suficiencia de capital y resiliencia operativa), permitiendo que un Chief Risk Officer o un comité de administración de activos y pasivos (ALCO) apruebe estrategias de activos digitales. La aprobación del “GENIUS Act” ya integró la regulación de blockchain en la estructura de gobernanza de los mayores grupos financieros del mundo.
No obstante, para entender por qué esta transformación ocurre precisamente en este momento, hay que reconocer la “inercia del balance” que determina la conducta de las instituciones. La operación de los bancos está limitada estrictamente por requerimientos regulatorios de suficiencia de capital. Cada dólar de activos ponderados por riesgo debe contar con capital que lo respalde. Si los depósitos de un banco se pierden hacia stablecoins, el banco debe reducir los préstamos de forma proporcional para mantener esas ratios de suficiencia de capital. Es una contracción dolorosa y costosa que tiene efectos dominó en toda la economía. Esto explica también por qué la adopción de stablecoins avanza tan lentamente. La integración técnica completa requiere de 6 a 18 meses; en tanto, los ciclos de gobernanza como auditorías y revisiones de juntas directivas tardan más en completarse.
El entorno actual muestra una tendencia de “aceleración compuesta”. A medida que pioneros como JPMorgan, Citibank y U.S. Bancorp comienzan a lanzar planes de liquidación con stablecoins, envían una señal clara al mercado: el riesgo de llegar tarde ha sido reemplazado por el riesgo de perder la oportunidad. Estamos en una fase de presión competitiva, en la que la participación de bancos pares reduce el riesgo de adopción para toda la industria. Con el aflojamiento de estas restricciones institucionales, también se despeja el camino para que la liquidez migre desde los sistemas tradicionales hacia nuevos contenedores programables en la era digital. Esta transición nos obliga a replantearnos la naturaleza misma del capital y a trasladar el foco a los “contenedores” que albergarán la liquidez global de la próxima generación.
Dónde está la liquidez
Para comprender la magnitud de la transformación que está ocurriendo, primero hay que reconocer la estabilidad histórica de los “contenedores” financieros. En cada era monetaria, la liquidez finalmente debe encontrar su destino. Esto es, en esencia, una función de la forma en que la tecnología almacena, pero atiende la demanda global de activos seguros a corto plazo durante largo tiempo. Durante siglos, ese destino se ha concentrado de manera notable en unas pocas estructuras claras: los balances de bancos comerciales, las reservas de los bancos centrales y los fondos del mercado monetario. Estos “contenedores” tradicionales cumplen un rol intermediador, capturando el valor económico generado por el capital que contienen.
La matemática del “free ride” demuestra que la existencia de intermediarios financieros sirve para resolver el problema de la desalineación de fondos. En concreto, el flujo de caja generado por la actividad mundial excede lo que se necesita para sus usos productivos a corto plazo, provocando un exceso de liquidez a largo plazo que busca seguridad. Tradicionalmente, los bancos comerciales convierten ese exceso de fondos en depósitos, invierten en activos a largo plazo como préstamos hipotecarios o préstamos corporativos y obtienen ganancias considerables por el diferencial. El margen de interés neto (NIM) es el faro para bancos comerciales y banqueros minoristas. Los accionistas del banco son los principales beneficiarios de la “diferencia de tasas”, mientras que los depositantes reciben una parte del rendimiento a cambio de liquidez y del respaldo de garantías gubernamentales.
La infraestructura de activos digitales introduce un nuevo tipo de “contenedor” que compite directamente por los fondos. Esta reconfiguración económica va mucho más allá de una simple actualización tecnológica. Cuando la liquidez migra de los bancos a pools de reservas de stablecoins o fondos de tesoro tokenizados, cambia radicalmente quién captura los rendimientos. Por ejemplo, en un pool de reservas de stablecoins, el emisor (por ejemplo, Circle o Tether) obtiene la diferencia entre el rendimiento de los bonos del tesoro subyacentes y el interés pagado a los tenedores de tokens, que normalmente es cero. En términos económicos, esto transfiere la eficacia del “costo de mantener” desde los bancos comerciales hacia el emisor de activos digitales.
Además, estos nuevos contenedores ofrecen una transparencia y programabilidad que las estructuras tradicionales no pueden igualar. Los fondos de tesoro tokenizados superaron un valor de mercado de 11.500 millones de dólares en marzo de 2026, lo que representa una evolución estructural en la que el rendimiento del activo subyacente pertenece directamente a los tenedores. Esto crea potentes incentivos económicos.
Un tesorero financiero inteligente ya no necesita elegir entre la seguridad bancaria y el rendimiento del fondo; puede mantener un fondo tokenizado, que funciona tanto como activo generador de rendimiento como mediador de liquidación de alta velocidad. Al redefinir la asignación de la liquidez, la infraestructura digital no solo está construyendo nuevas “vías”; está creando un mercado competitivo para los balances que respaldan la economía global.
Impulso para la migración de stablecoins
El dólar en blockchain representa la primera gran migración de liquidez hacia estos nuevos balances de activos financieros, marcando la transformación de la moneda digital de un objeto novedoso a una parte central del sistema financiero. El tamaño del mercado de stablecoins está cerca de su máximo histórico, alcanzando 311 mil millones de dólares, con una tasa de crecimiento anual de entre 50% y 70%. Este crecimiento refuta de manera contundente la afirmación de que las stablecoins son una mera burbuja especulativa. Estamos presenciando una transferencia real de liquidez desde la infraestructura bancaria tradicional hacia sistemas programables de liquidación.
El impacto económico de esta migración se ve con mayor claridad en el reemplazo de depósitos. Cuando una empresa o inversionista institucional transfiere 100 mil millones de dólares desde depósitos bancarios tradicionales a contenedores de stablecoins como USDC, la rentabilidad del sistema bancario sufre una pérdida enorme. En el modelo tradicional, esos 100 mil millones de dólares pueden respaldar préstamos bancarios, generando aproximadamente 3 mil millones de dólares anuales de NIM. Cuando estos fondos se transfieren a las reservas del emisor de stablecoins, esos rendimientos son extraídos. El banco pierde los depósitos, pierde la capacidad de otorgar préstamos y el diferencial se lo queda el emisor de stablecoins.
Esta transformación tiene profundas implicaciones para la creación de crédito y la estabilidad financiera.
Un estudio publicado por economistas de la Reserva Federal a finales de 2025 destaca que la alta adopción de stablecoins podría reducir los depósitos bancarios en 65 mil millones de dólares a 1,26 billones de dólares. Esta reducción podría remodelar la forma en que se suministra crédito a la economía. Los bancos regionales que dependen fuertemente de la base de depósitos estables para préstamos locales son los más vulnerables a esta transición. A medida que los ahorradores minoristas y empresariales buscan las ventajas de la liquidación con stablecoins 24/7, el atractivo del “financiamiento flotante” tradicional (es decir, el diferencial que se obtiene en pagos en tránsito) en el que los bancos se apoyan desde hace mucho tiempo está disminuyendo rápidamente.
Como respuesta, la industria bancaria ha pasado de la sospecha a una postura de participación.
JPMorgan, Citibank y U.S. Bancorp anunciaron que lanzarán sus respectivas infraestructuras de liquidación con stablecoins a finales de 2025 y comienzos de 2026. Esto no está pensado para “socavar” su propio negocio, sino para mantener su posición como un contenedor de liquidez. Estas instituciones reconocen que el panorama económico futuro favorece a los emisores de contenedores digitales. Al convertirse en emisor, los bancos buscan capturar los rendimientos de reservas que, de otro modo, irían a nuevos entrantes. Por supuesto, esta primera transferencia masiva de capital es solo el inicio. A medida que estos nuevos contenedores de liquidez se estabilizan, el foco de la competencia se desplaza hacia campos de colateral y apalancamiento más complejos, que son la base de la banca global.
Colateral programable
Si la transferencia de efectivo mediante stablecoins representa la primera ola de esta transformación, la migración del colateral representa una reorganización más fundamental del mecanismo central de apalancamiento del sistema financiero. Los mercados financieros modernos, en esencia, son una enorme red de colateral. Solo el mercado de repos de Estados Unidos (que gestiona préstamos de valores) tiene un volumen de 2 a 4 billones de dólares diarios. Sin embargo, esta infraestructura clave sigue limitada por la “ventana de liquidación dispersa” de los bancos tradicionales.
En el escenario actual, el colateral solo puede transferirse durante el horario bancario. Además, debido a la custodia fragmentada, los valores que posee un banco no pueden usarse de inmediato para cumplir con los requisitos de margen de otro banco. Esta fricción hace que el capital quede bloqueado, sin poder utilizarse de forma efectiva ni hacer frente a la volatilidad del mercado en tiempo real.
La tokenización convierte el colateral de activos estáticos y restringidos por ubicación en instrumentos programables y de alta circulabilidad.
Al convertir los bonos del Tesoro de Estados Unidos y otros activos del mundo real (RWA) en tokens en cadena, las instituciones pueden transferir estos activos en cualquier momento del día y liquidarlos de forma atómica. El mercado crece con rapidez. A 1 de abril de 2026, el tamaño del mercado de RWA tokenizados ronda los 28 mil millones de dólares, de los cuales los bonos del Tesoro tokenizados representan aproximadamente la mitad. Este crecimiento se debe principalmente a productos de nivel institucional, como BUIDL de BlackRock y BENJI de Franklin Templeton, que permiten a los tenedores obtener un rendimiento del 5% a partir de bonos gubernamentales subyacentes, mientras que el token en sí sigue siendo líquido y desplegable.
La innovación real está en la “eficiencia del colateral”.
En transacciones tradicionales de repo, los inversionistas pueden tener que aceptar una fuerte depreciación o enfrentar demoras de varios días para desbloquear los valores y transferirlos entre entidades de custodia. En cambio, el colateral tokenizado tiene “componibilidad”. Los inversionistas institucionales pueden mantener tokens BUIDL por un valor de 100 millones de dólares, depositarlos con un ratio de préstamo-valor (LTV) del 95% en protocolos como Aave y tomar prestados stablecoins de inmediato para aprovechar oportunidades de inversión. El colateral permanece siempre en un entorno digital. En lugar de eso, se reevalúa continuamente mediante información de precios automática; cualquier requerimiento de margen adicional se gestiona mediante una liquidación automática e inmediata.
Esta transición convierte la “economía del trader” en “economía del protocolo”.
En el mercado tradicional de repos, grandes bancos de trading actúan como intermediarios: piden prestado a una tasa de interés y prestan a otra, ganando aproximadamente 50 puntos básicos de diferencial. En el ecosistema de colateral tokenizado, los tenedores de colateral pueden emparejarse de forma autónoma en mercados de préstamos DeFi, usando software como intermediario, y capturar el diferencial completo. Aunque aún falta tiempo para la adopción masiva, esta transición podría transferir decenas de miles de millones de ingresos anuales desde los intermediarios tradicionales a la gobernanza de protocolos y a los tenedores de activos.
Para entender con más profundidad la escala del cambio de efectivo a colateral, debemos examinar los mecanismos institucionales que han dominado históricamente estas transiciones. Durante décadas, el sistema financiero global ha adoptado la lógica de liquidación “T+X”, donde “T” es la transacción y “X” es el retraso de varios días causado por conciliaciones manuales y ciclos de compensación entre bancos. En el mercado tradicional de repos, esta demora funciona como un impuesto invisible sobre el capital.
Cuando los bancos de trading facilitan operaciones de repo, el colateral debe transferirse físicamente entre entidades de custodia. Esto normalmente requiere intervención manual para verificar los descuentos del colateral y la propiedad. Esto crea un “foso de liquidez” alrededor de los bancos de trading más grandes. Su poder no proviene solo de sus enormes balances, sino también del control que ejercen sobre estos sistemas de liquidación exclusivos.
El mecanismo del colateral tokenizado elimina ese foso mediante liquidación atómica. A lo largo de pasos progresivos en el proceso institucional, esta transición se desarrolla así:
Tokenización: Transferir activos líquidos de alta calidad (HQLA), como los bonos del Tesoro de Estados Unidos, a empaquetadores digitales (por ejemplo, BUIDL de BlackRock), para convertirlos en tokens movibles 24/7.
Acreditación instantánea: Sin esperar una transferencia bancaria el lunes por la mañana, los equipos financieros pueden enviar estos colaterales tokenizados al protocolo de préstamos o al principal intermediario el domingo por la noche a las 10.
Valuación en tiempo real: Los smart contracts usan oráculos descentralizados para valorar el colateral en el mercado cada pocos segundos (en lugar de una vez al día), lo que permite aumentar significativamente el LTV, porque el monitoreo continuo reduce el riesgo de un “descalce de valuación” (“flash crash gap”).
Preservación del rendimiento: Lo más crucial es que los inversores sigan recibiendo el rendimiento del bono del Tesoro subyacente mientras el activo se usa como colateral, creando oportunidades para “rendimiento sobre rendimiento”, algo que es difícil de operar en sistemas tradicionales.
Para los equipos de finanzas corporativas o gestores de activos, esta transición implica una reevaluación fundamental de sus activos ociosos.
En el modo tradicional, un tesorero administra un pequeño “colchón de efectivo” de interés mínimo para poder responder a requerimientos imprevistos de margen adicional o necesidades operativas. Con colateral tokenizado, ese “colchón” puede seguir completamente invertido en bonos de tesoro generadores de rendimiento, porque el tenedor sabe que estos activos pueden convertirse en liquidez en segundos en lugar de días. Esto elimina los “descuentos por liquidez” que antes enfrentaban quienes mantenían activos durante largos periodos.
Para la industria bancaria, el impacto también es profundo.
Los bancos han obtenido beneficios durante mucho tiempo del “tasa variable” del mercado de repos y de los diferenciales de intermediación. A medida que el colateral se vuelve programable y capaz de autoemparejarse, ese modelo de ganancia desaparece. Por esa razón, la aparición de “sistemas tubulares” institucionales (por ejemplo, la red Atlas de Anchorage o iniciativas internas de tokenización de JPMorgan) se vuelve crucial. Representan el intento de construir nuevos “islas de información” antes de que la competencia llegue al sistema antiguo. La transición de efectivo a colateral marca el paso del sistema financiero desde una serie de “eventos discretos” hacia “flujo continuo”. Las instituciones que no ajusten sus balances a esta nueva velocidad se encontrarán con que el capital que poseen se vuelve cada vez más estático (y, por lo tanto, cada vez más caro).
A primera vista parece solo una mejora en la velocidad de liquidación, pero en realidad es una reconfiguración de cómo se despliega el capital, cómo se valora y cómo se intermedian los activos.
La curva S de la adopción
La migración de balances de instituciones no ocurre de una sola vez; es un proceso gradual de absorción, aceleración final. Esta es la realidad de la era “Web 2.5”: la tecnología blockchain se integra en arquitecturas financieras existentes, no las reemplaza. En este momento, la adopción de tecnología blockchain por parte de las instituciones está limitada por la “inercia del balance”. Los requerimientos de capital regulatorio, las aprobaciones de comités de riesgo y los sistemas tecnológicos tradicionales constituyen obstáculos significativos. Por ejemplo, los bancos no pueden simplemente cambiar un interruptor para mover activos. Deben mantener ratios estrictos de capital Tier 1 y asegurarse de que cualquier comportamiento de transferencia de depósitos a plataformas digitales no cause una contracción costosa en su actividad crediticia.
A pesar de estas barreras, la adopción de infraestructura de activos digitales sigue una curva S histórica documentada, similar a la promoción de tarjetas de crédito e internet durante décadas.
Entre 2015 y 2024, el mercado estuvo en una “fase de prueba” y “fase de confusión regulatoria”, con un crecimiento restringido por la incertidumbre. Hoy, hemos entrado en una “fase de presión competitiva” (2025-2026), caracterizada por una regulación más clara y una infraestructura más estandarizada. En esta etapa, “no eres el primero, pero tampoco el último” se convierte en la motivación principal para los tesoreros institucionales. A medida que más bancos ven que sus pares participan en liquidación con stablecoins o en fondos de tesoro tokenizados, la percepción del riesgo ante la adopción disminuye drásticamente.
El tamaño actual del mercado sienta las bases para un crecimiento compuesto acelerado. Fireblocks asegura transferencias de más de 8B de dólares en activos digitales al año, y el mercado de activos tokenizados institucionales está creciendo rápidamente. La “capa base” del nuevo sistema ya está lista a nivel de producción. Esta estandarización de infraestructura permite a los bancos construir sobre sistemas maduros sin tener que desarrollar de cero sistemas propietarios.
De cara a 2027 y más allá, aún existen algunos “leverages de política” que podrían acelerar más esta migración. Si los emisores de stablecoins pudieran acceder directamente a las cuentas principales de la Reserva Federal, o si mediante un mecanismo de “recompensas” de consorcios se flexibilizaran las limitaciones del “GENIUS Act” sobre el interés de stablecoins con rol de pagos, la velocidad a la que los depósitos migren desde el libro contable bancario tradicional hacia contenedores digitales podría acelerarse significativamente.
El sistema está preparado para crear un ciclo de retroalimentación: más liquidez en stablecoins atraería más aplicaciones de finanzas descentralizadas (DeFi) (muy probablemente aplicaciones con permisos), lo que atraería más capital institucional. Finalmente, se formaría un nuevo panorama financiero reestructurado, y en ese momento se disiparía el escenario de “competir por las vías”, con todo el foco concentrado por completo en la gestión estratégica del balance.
Los ganadores del NIM
La transición del estadio de infraestructura al estadio de balance marca que el debate sobre “activos digitales” pasa de los márgenes técnicos al corazón de la macroeconomía global. Durante años, la industria sostuvo que construir mejor infraestructura necesariamente conduciría a un sistema más completo. Pero ahora entendemos que la infraestructura es solo una invitación.
La transformación ocurre de verdad cuando el capital en sí se mueve. La “guerra de la infraestructura” ya ha sido ganada por la custodia de centros de pagos institucionales estandarizados, fondos de tesoro tokenizados y el marco de stablecoins regulado a nivel federal. La nueva campaña (la campaña que determinará el panorama financiero de la próxima década) es la batalla por los balances que controlan la liquidez y el colateral global.
De cara a 2027-2030, la ventaja estructural corresponderá a las empresas capaces de gestionar de manera más eficiente estos nuevos “contenedores digitales”. A medida que los ahorradores valoren cada vez más la liquidación 24/7 y una mayor utilidad de los rendimientos de stablecoins, esperamos que el NIM de los bancos comerciales se siga estrechando. Grandes empresas e inversionistas institucionales podrían trasladar sus funciones principales de ahorro y gestión de fondos a mercados DeFi y RWA, donde la transparencia del protocolo reduce al máximo el spread de los intermediarios. Esto no es el final de la banca tradicional; es el final de una era en la que el banco era un depósito de capital barato, estático y no cuestionado.
En esta nueva era, los ganadores serán empresas híbridas “Web 2.5”, o más bien, instituciones que entienden que ya no son solo prestamistas, sino administradores de liquidez programable. Se prevé que para 2030, cuando el tamaño del mercado de stablecoins se acerque a 2 billones de dólares, la frontera entre “criptomonedas” y “finanzas” prácticamente desaparezca.
Todo el sistema integrará por completo la eficiencia de las “vías” en la estabilidad de los balances. En este panorama reestructurado, el poder financiero ya no pertenecerá a empresas con la tecnología más innovadora, sino a aquellas que controlan los contenedores finales donde se almacena la liquidez y el colateral global. El campo de batalla ya está montado y, por primera vez, el panorama económico se convierte en un objeto disputable.
Durante la última década, el enfoque de las criptomonedas ha sido construir infraestructura para que las instituciones puedan participar. La próxima década decidirá dónde terminarán asentados los balances finales de las instituciones.
Hasta aquí llega el contenido de hoy. Nos vemos en nuestro próximo artículo.