La ambición de Musk


La reconstrucción de la sociedad futura: la subversión de la lógica de la moneda, la energía y la supervivencia

La predicción más controvertida de Musk no es otra que la completa subversión de la lógica tradicional de funcionamiento de la sociedad: “No ahorres para la jubilación; en 10-20 años el dinero podría dejar de ser importante”. En su planteamiento, la AI y los robots reconfigurarán por completo las relaciones de producción, haciendo que los costos de producción de la gran mayoría de bienes y servicios se aproximen indefinidamente a cero, para, finalmente, alcanzar ingresos altos para toda la población; y la base de valor sobre la que se sustenta la existencia de la moneda quedará completamente socavada. La esencia de esta postura es una aplicación llevada al extremo de la regla clásica de que “la capacidad productiva determina las relaciones de producción”: cuando la AI y la automatización se hagan cargo de prácticamente todos los eslabones de la producción, el valor del trabajo humano será redefinido por completo, y la lógica de distribución de la riqueza que ha perdurado durante cientos de años también se enfrentará a una transformación fundamental.

Pero esta idea, cargada de un color utópico, desde el primer día en que intente aterrizar se enfrenta a barreras reales que parecen imposibles de superar. La brecha mundial entre ricos y pobres, la asignación desigual de recursos y las barreras monopolísticas de los gigantes tecnológicos no desaparecerán en automático por el desarrollo de la AI; al contrario, se intensificarán aún más debido a la continuidad de la ampliación de la brecha tecnológica. Cuando unos pocos gigantes tecnológicos controlen la tecnología central de la AI y la automatización, equivaldrá a controlar el poder de producción y el poder de distribución en la sociedad futura. Si los individuos comunes no pueden participar en la distribución del beneficio tecnológico, la llamada “renta alta para toda la población” solo terminará siendo un espejismo; e incluso podría dar lugar a una división extrema de “oligarquía tecnológica-pobreza digital”, haciendo que la brecha entre ricos y pobres, desde el nivel de la riqueza, se consolide por completo como una brecha insuperable entre clases sociales.

Y en el plano futuro de Musk, la energía solar es la única respuesta que sostiene todo esto. Propuso una ambiciosa estrategia de tres pasos: mejorar la eficiencia de la red eléctrica, lanzar satélites solares de AI y construir una fábrica satelital en la Luna, con la intención de obtener una fuente de energía limpia casi ilimitada para proporcionar combustible inagotable al desarrollo infinito de la AI. Este planteamiento sitúa directamente el problema de la energía en el centro de la sociedad futura: la esencia de la moneda futura es la energía; con energía, se puede impulsar la AI y, a partir de ahí, cambiar el mundo físico. Esta lógica capta con precisión la contradicción central de la era de la AI: el conflicto eterno entre la demanda infinita de capacidad de cómputo y la oferta limitada de energía, y también ofrece una solución radical pero llena de imaginación para el desarrollo sostenible de la sociedad humana.
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