Ella se llama Jin Feng; en el mundo criminal la conocen como “Hermana Jin Tres”. Empezó desde un pequeño pueblo fronterizo en Yunnan, y en siete años, a través de sus manos, “envió” a mujeres y niños que, calculándolo a ojo, suman más de 130. Nunca hace ella misma el transporte ni custodia la mercancía: solo se dedica al comercio de información. Qué casa tiene una chica que haya pedido y quedado pendiente; qué camino de montaña permite rodear un puesto de control; qué comprador es generoso a la hora de soltar el dinero. Se comporta como una araña: está sentada en la sala de mahjong de la ciudad del condado, tejiendo una red de varios cientos de kilómetros.

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