La competencia en las cadenas de valor globales en un nuevo patrón geopolítico: un juego tridimensional basado en eficiencia, seguridad y reglas

(El autor Liu Gongrun es subdirector ejecutivo del Instituto de Finanzas Internacionales China-Europa de la Zona de Negocios de China (CEIBZ) y secretario general del Foro de las “50 personas” de China-Europa en Finanzas de la Zona de Negocios de China (Lujiazui))

Hoy en el mundo se está produciendo una profunda reconfiguración de la globalización. Los conflictos geopolíticos, el bloqueo tecnológico y la confrontación en torno a las políticas industriales se superponen entre sí, impulsando un cambio fundamental en el paradigma de la competencia de las cadenas globales de valor: la competencia unidimensional tradicional centrada en costos y eficiencia ha dado paso a un “juego tridimensional” de “eficiencia, seguridad y reglas”. En este nuevo panorama, los países no solo compiten por cuotas de mercado, sino que también se enfrentan con intensidad en torno a la resiliencia de la cadena de suministro, las normas tecnológicas y las reglas comerciales. China, como un centro global de manufactura y comercio, ve su posición en la cadena de valor sometida a presiones sistémicas dentro de la división regional, el descoplamiento tecnológico y los riesgos de los corredores; al mismo tiempo, en la transición verde y la revolución digital surgen nuevas oportunidades estratégicas.

“Elevar el nivel” del paradigma de competencia en la cadena global de valor

La evolución de las cadenas globales de valor ha entrado en un punto de inflexión estructural. La lógica globalizadora de las últimas décadas, centrada en la “minimización de costos” y la “optimización de la eficiencia”, está siendo reconfigurada por la geopolítica y las consideraciones de seguridad nacional. El componente de la eficiencia en sí no ha desaparecido, pero su contenido ha pasado de perseguir la “menor cantidad de costos” a perseguir el “costo óptimo” al considerar de forma integral el riesgo político y la resiliencia de la cadena de suministro. La disposición industrial muestra con claridad las características de “regionalización + diversificación”: surgen modelos como el “nearshoring” y el “friendshoring”, lo cual refleja el nuevo reequilibrio de los países entre eficiencia y seguridad. China, gracias a su mercado de escala extraordinaria, a la provisión completa de cadenas industriales y a la mejora constante de la infraestructura, aún mantiene ventajas destacadas en la competencia por la “eficiencia regional”, algo que se evidencia plenamente en los conglomerados industriales que se han formado en Asia Oriental y el Sudeste Asiático.

Al mismo tiempo, la dimensión de seguridad ha pasado de ser una consideración auxiliar a convertirse en una opción prioritaria de estrategia nacional. La seguridad de la cadena de suministro se ha convertido en la preocupación central para la formulación de políticas industriales de cada país, y se manifiesta de manera específica como una estrategia sistémica de “gestión del riesgo”. En la práctica, esta estrategia se refleja en tres niveles: primero, establecer capacidades de producción de respaldo para productos clave con el fin de lograr redundancia en la cadena de suministro; segundo, replegar capacidades productivas hacia el país propio o regiones cercanas para acortar la cadena de suministro; tercero, implementar controles de exportación en campos de tecnología clave para reforzar la gestión de la cadena de suministro. Las combinaciones de políticas adoptadas por Estados Unidos y Europa en sectores como semiconductores, nuevas energías y minerales críticos son una prueba fehaciente de cómo la dimensión de seguridad se fortalece continuamente en la competencia industrial. Para China, esta tendencia no solo implica presión en eslabones de alto valor en la cadena “con riesgo de ruptura”, sino que además obliga a acelerar la construcción de un sistema industrial propio, controlable y autónomo.

Más profundo aún es que la dimensión de las reglas se está convirtiendo en el nuevo terreno elevado de la competencia entre grandes potencias. La competencia ha pasado de los niveles tradicionales de mercado y productos a extenderse hasta la estructura profunda de normas, acuerdos y sistemas de gobernanza. Los nuevos mecanismos internacionales de comercio y economía representados por el CPTPP, el IPEF y el Consejo de Comercio y Tecnología entre Estados Unidos, Europa y el Mercado Europeo están dando forma a reglas de comercio digital con características exclusivas, estándares de protección ambiental verde y cláusulas laborales, con la intención de construir “barreras de reglas” dirigidas a países específicos. El desafío al que se enfrenta China no es únicamente el reto técnico de si puede alcanzar estos estándares elevados, sino también si, en la transformación de la gobernanza global, puede ofrecer, a través de plataformas multilaterales como la Iniciativa “Belt and Road” (la Franja y la Ruta), la cooperación en el marco BRICS y el RCEP, nuevas opciones de reglas más inclusivas y más acordes con los intereses de los países en desarrollo, compitiendo por el poder fundamental de establecer estándares en campos emergentes.

Desafíos, diferenciación y nuevas fuerzas impulsoras de China en la cadena global de valor

Bajo la acción entrelazada de tres fuerzas—eficiencia, seguridad y reglas—, en 2025 la posición del comercio exterior de China y su lugar en la cadena de valor presentan características profundas de una “diferenciación estructural”. Al observar la estructura de mercado, la dependencia de China del mercado tradicional de Estados Unidos y Europa muestra un ajuste estratégico, mientras que la expansión hacia mercados de “el Sur Global” como la ASEAN, Oriente Medio y América Latina se acelera con claridad. Esta diferenciación no es, de ninguna manera, una simple transferencia de cuotas comerciales; detrás de ella se refleja una lógica de reconfiguración del panorama geográfico de las cadenas globales de valor. China y la ASEAN ya han formado una red profunda de división del trabajo dentro de la industria, y la relación comercial con Oriente Medio está viviendo una transición y actualización desde el comercio tradicional de energía hacia una cooperación integral que abarca energía, infraestructura y finanzas. Al analizar la estructura de exportaciones, la proporción de productos tradicionales intensivos en trabajo ha disminuido, mientras que las exportaciones de productos de alta tecnología, alto valor agregado y con bajas emisiones de carbono, representadas por el “nuevo trío” de vehículos eléctricos, baterías de litio y celdas solares, mantienen un crecimiento rápido y acelerado, convirtiéndose en la fuerza motriz central para impulsar el crecimiento del comercio de China y reconfigurar la cadena global de valor. Este cambio estructural señala que la base sobre la que China participa en la competencia global se está transformando desde una “ventaja de costos” hacia una competitividad compuesta que combina “ventaja tecnológica” y “ventaja verde”.

Al mismo tiempo, China todavía enfrenta presiones dobles en la cadena global de valor provenientes de las dimensiones de seguridad y reglas. En el ámbito tecnológico, Occidente intenta construir una “alianza tecnológica” con carácter excluyente.

Sin embargo, entre los desafíos también nacen nuevas oportunidades estratégicas. El potente atractivo de la demanda interna que genera el mercado de escala extraordinaria de China, los escenarios de aplicación de rápida iteración y la infraestructura digital que se perfecciona cada vez más siguen conformando un “campo magnético” único de innovación que atrae factores de alta gama a nivel global y acelera la incubación de tecnologías de vanguardia. El “efecto silueta” provocado por la súper fábrica de Tesla en Shanghái y los avances en cadena del sector local de nuevas energías que han sido impulsados por ello son una manifestación viva de esta ventaja. Y, más importante, mediante la conectividad de infraestructuras y la cooperación en capacidad productiva a través de la Iniciativa “Belt and Road” y los beneficios institucionales como las reglas de acumulación de origen regional bajo el marco del RCEP, China está moldeando de manera proactiva una red de producción asiática con China como eje, irradiando hacia su entorno. La resiliencia y vitalidad que muestra esta red no solo brindan oportunidades de desarrollo a los países de la región, sino que también constituyen una profundidad estratégica para que China mantenga una posición central sólida en la cadena global de valor. Las nuevas fuerzas impulsoras impulsadas conjuntamente por ventajas endógenas e integración regional están redefiniendo la posición de China en la división internacional del trabajo industrial.

Prueba clave de presión: el efecto de desbordamiento del conflicto en Oriente Medio sobre el juego tridimensional

Los continuos conflictos geopolíticos en Oriente Medio, especialmente la crisis de seguridad de la ruta marítima del Mar Rojo, ofrecen un escenario real de prueba de resistencia para la resiliencia de la cadena global de valor bajo el juego tridimensional. El efecto de desbordamiento de esta crisis impacta con precisión de forma simultánea las tres dimensiones de eficiencia, seguridad y reglas, y constituye un desafío complejo y severo para la participación de China en la división global del trabajo. En la dimensión de eficiencia, la interrupción de la ruta del Mar Rojo obliga a desviar la ruta principal euroasiática hacia el Cabo de Buena Esperanza; el tiempo de viaje promedio se extiende entre 10 y 15 días, y los costos integrados de logística aumentan de manera drástica. Este impacto no solo erosiona directamente los márgenes de beneficio de las empresas de importación y exportación, sino que además altera de manera más profunda los cálculos geográficos-económicos del despliegue de las cadenas globales de suministro. Cuando se pone en cuestión la eficiencia y la confiabilidad logísticas que sostienen el modelo de producción “justo a tiempo”, las empresas deben reevaluar los modelos de cadena de suministro centralizada y de larga distancia; el significado de “eficiencia” se ve obligado a incorporar la consideración del riesgo geopolítico. A largo plazo, esto podría llevar a que más industrias se trasladen a regiones cercanas a los mercados de consumo, afectando en cierta medida la ventaja de eficiencia a escala de la que China depende como centro global de manufactura.

En la dimensión de seguridad, el conflicto en Oriente Medio amplía el alcance de la seguridad de la cadena de suministro desde el “desabastecimiento tecnológico” hasta el “corte de recursos y de la cadena logística”. El Estrecho de Ormuz y el Estrecho de Mandeb son las “arterias” para el transporte global de energía; su seguridad de paso está directamente relacionada con casi la mitad de las importaciones de petróleo crudo de China. Las amenazas a las rutas marítimas y la volatilidad de los precios de la energía causadas por la crisis hacen que el concepto de seguridad de la cadena de suministro deba redefinirse: no solo debe enfocarse en la autonomía y controlabilidad de las tecnologías centrales, sino que también debe cubrir la seguridad en la adquisición de recursos estratégicos y el libre tránsito de corredores logísticos clave. Esta ampliación del contenido de seguridad plantea requisitos sistémicos más altos para la capacidad de escolta de largo alcance de los países, para los sistemas de reservas energéticas y para la construcción de corredores alternativos.

En la dimensión de reglas, la crisis del Mar Rojo pone de relieve las limitaciones del sistema actual de gobernanza marítima internacional para hacer frente a amenazas no tradicionales de seguridad. Cuando los mecanismos multilaterales y el derecho internacional existente no pueden garantizar de manera efectiva la libertad de navegación de los buques mercantes, los países se ven obligados a depender de “alianzas de escolta” temporales o de la cooperación bilateral en seguridad; en la práctica, esto refleja cierta tendencia a la “degeneración” de la gobernanza global. Este escenario obliga a que los principales países comerciales, incluido China, reflexionen en profundidad: ¿seguir dependiendo de un sistema global de reglas que podría fallar, o es necesario desarrollar capacidades de seguridad más autónomas y marcos de cooperación regional? La crisis no solo pone a prueba la capacidad de respuesta ante emergencias de un país, sino también su voluntad y capacidad para participar en la formulación y configuración de reglas internacionales de seguridad y para proporcionar bienes públicos globales. El conflicto en Oriente Medio muestra que, en el contexto de la era del juego tridimensional, cualquier riesgo que surja en una dimensión puede transmitirse rápidamente a otras dimensiones, formando un impacto compuesto. Esto exige que cada país establezca un sistema integral de gestión de riesgos de la cadena global de valor capaz de afrontar simultáneamente pérdidas en eficiencia, amenazas de seguridad y fallos en las reglas.

Elección de ruta para que China construya un sistema equilibrado de cadenas de valor

Ante la nueva realidad del juego tridimensional y la prueba de presión de la crisis en Oriente Medio, la estrategia de China para responder debe ir más allá de la gestión de crisis a corto plazo y pasiva, y pasar a construir un marco estratégico sistemático y prospectivo. El objetivo central es buscar un equilibrio dinámico entre eficiencia, seguridad y reglas, y promover la transición de China desde un “participante profundo” en la cadena global de valor hacia un “creador clave”.

En la dimensión de eficiencia, la salida fundamental de China consiste en consolidar la base de su competitividad central mediante la innovación científica y tecnológica y la modernización industrial, con el fin de mitigar los riesgos de la dimensión de seguridad. Esto requiere que implementemos una ambiciosa estrategia de “manufactura fuerte 2.0”, centrándonos en eslabones clave y débiles como los circuitos integrados, las máquinas herramienta industriales y el software base. Con un nuevo sistema de movilización del país para fines estratégicos, se logran avances en tecnologías centrales. Al mismo tiempo, debe consolidarse y ampliarse la ventaja existente en ámbitos como las nuevas energías y la economía digital, expandiendo las experiencias exitosas del “nuevo trío” a más industrias emergentes estratégicas, para formar una serie de “plataformas industriales” difíciles de sustituir. Más importante aún, debemos aprovechar plenamente las tecnologías digitales para transformar integralmente las cadenas industriales tradicionales, y compensar la presión del aumento de costos de los factores mediante la mejora de la productividad de todos los factores, manteniendo una competitividad duradera de la manufactura china mediante nuevas formas de “eficiencia digital” y “eficiencia verde”.

En la dimensión de seguridad, China necesita construir un “amortiguamiento de seguridad” con elasticidad mediante una combinación de diversificación y regionalización, mientras se mantiene la eficiencia operativa de la cadena de suministro. La diversificación de mercados exige que, además de consolidar los vínculos comerciales y económicos con economías desarrolladas, profundicemos aún más en mercados emergentes como la ASEAN, Asia Central, Oriente Medio, América Latina y África. Esto se puede hacer mediante la actualización de acuerdos de libre comercio, la construcción de parques para la cooperación en capacidad productiva, y otras vías, de modo que las relaciones comerciales se profundicen hasta una integración profunda de cadenas de valor y cadenas de suministro.

La copia de respaldo en la cadena de suministro nos requiere que, en campos estratégicos y clave, desarrollemos de manera consciente capacidades de sustitución dentro del país, y que en el exterior diversifiquemos las fuentes de suministro para formar una red elástica de “conducción principalmente desde nosotros y asignación global”. En cuanto a los riesgos de corredores en zonas geopolíticamente calientes como Oriente Medio, debemos adoptar una estrategia integral que combine lo cercano y lo lejano. A corto plazo, puede considerarse participar en cooperación internacional de escolta para garantizar la seguridad de navegación de los buques mercantes; a mediano y largo plazo, se necesita acelerar la construcción de la “nueva ruta terrestre y marítima”, perfeccionar corredores alternativos como los servicios de trenes China-Europa, las rutas de transporte a través del mar Caspio, el Corredor Económico China-Pakistán, y cooperar con países amigos para invertir y construir instalaciones portuarias estratégicas, reduciendo gradualmente la dependencia excesiva de un único corredor marítimo, y logrando una “redundancia por múltiples rutas” en los corredores logísticos.

En la dimensión de reglas, China debe participar—e incluso liderar—la competencia de reglas internacionales con una apertura de mayor nivel y una postura más proactiva, reconfigurando el entorno competitivo favorable para su propio desarrollo. Con una postura proactiva, es necesario integrarse con reglas comerciales y económicas de alto estándar como CPTPP y DEPA, y utilizar la apertura como fuerza para impulsar innovaciones institucionales en zonas profundas dentro del país, como la protección de la propiedad intelectual, la apertura del sector de servicios y las reformas de las empresas estatales, elevando el nivel de apertura basada en instituciones. En campos emergentes como la economía digital y el desarrollo verde y con bajas emisiones de carbono, basándose en las prácticas exitosas de China, se deben proponer soluciones de reglas y sistemas de estándares que, tanto reflejen las tendencias internacionales de desarrollo como tengan en cuenta las condiciones reales de los países en desarrollo.

En plataformas multilaterales como “Belt and Road” y la cooperación en BRICS, promover activamente estándares tecnológicos probados y modelos de cooperación. Además, se necesita innovar mecanismos de solución de controversias y de mitigación de riesgos, y establecer canales más efectivos de alerta temprana de riesgos de la cadena de suministro y diálogo de consultas con los principales socios comerciales. Asimismo, aprovechar la oportunidad para ampliar el alcance del uso del renminbi en el comercio transfronterizo, la inversión y la fijación de precios de materias primas, desarrollar mercados de energía y derivados denominados en renminbi y mejorar la capacidad del sistema financiero para compensar riesgos geopolíticos, proporcionando productos monetarios públicos diversificados para la operación estable de las cadenas globales de valor.

En general, la competencia de las cadenas globales de valor en el nuevo panorama geopolítico es una confrontación integral relacionada con el futuro desarrollo de un país. La eficiencia es la base de la participación de un país en la división internacional del trabajo; la seguridad es la garantía para la supervivencia de las cadenas industriales; y las reglas determinan el espacio y la dirección del desarrollo futuro. Mirando hacia el futuro, necesitamos una mayor determinación estratégica y paciencia histórica: consolidar la ventaja de eficiencia mediante la innovación científica y tecnológica, afianzar los límites de seguridad mediante una planificación diversificada, y aprovechar el liderazgo proactivo para ampliar el espacio de reglas. La advertencia de la crisis en Oriente Medio radica en que ninguna ventaja por sí sola es suficiente para afrontar el impacto de un sistema complejo; solo creando un sistema de cadena de valor con equilibrio dinámico y gran resiliencia en las tres dimensiones de eficiencia, seguridad y reglas, podremos guiar el gran “barco” de la época para que avance con firmeza en las olas turbulentas de un siglo de cambios.

Primera publicación exclusiva de Yicai (China) Yicaihao; este artículo solo representa las opiniones del autor.

(Este artículo proviene de Yicai (China))

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