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Recientemente me topé con una historia que realmente impresiona por su magnitud en el fraude. ¿Conoces OneCoin? Fue una de las mayores pirámides criptográficas de la historia, y detrás de ella estaba la estafadora búlgaro-alemana Ruja Ignatova.
La mujer nació en 1980 en Ruse; en la infancia se mudó a Alemania y obtuvo un diploma en derecho internacional. En los papeles parecía una especialista exitosa; incluso supuestamente trabajaba en McKinsey. Pero en 2014 decidió lanzar su propio proyecto cripto y presentarlo como un competidor de Bitcoin. Aquí empezaron los problemas.
Ignatova atrajo inversores de más de cien países, prometiéndoles ingresos astronómicos. Decía que OneCoin estaba respaldado por tecnología blockchain, pero era una mentira total. El esquema recaudó cerca de 4 mil millones de dólares, aunque algunos expertos hablan de pérdidas de hasta 12,9 mil millones de libras. Ruja Ignatova incluso declaró públicamente en 2016 que dentro de dos años nadie hablaría de Bitcoin. Impudicia, por supuesto.
En octubre de 2017 simplemente desapareció. Estaba en Sofía; supuestamente volaba a Atenas, y ya está. Nadie volvió a verla. El hermano de Ignatova confesó más tarde los delitos y recibió una condena, y ella misma se convirtió en objeto de búsqueda para el ФБР y Europol. Le pusieron una recompensa de 5 millones de dólares, aunque Europol propuso un premio simbólico de 4100 libras, lo que provocó burlas.
Su táctica de fuga tiene aspecto profesional. Lo más probable es que utilice documentos falsificados; quizá se haya sometido a una cirugía plástica. Algunos creen que está en Rusia o en Grecia, bajo protección. Incluso existe la versión de que la mataron la mafia búlgara, aunque eso es solo una especulación. El hecho es que casi no hay pruebas físicas: solo su última aparición en el aeropuerto de Atenas.
¿Qué es lo más extraño? OneCoin sigue funcionando en algunos países de África y de América Latina. La gente aún pierde dinero con este esquema, incluso después de todas las revelaciones. La historia de Ruja Ignatova ya ha inspirado series y podcasts, incluido un proyecto documental de la BBC. Es un ejemplo real de cómo la inteligencia académica puede usarse para un gran delito financiero.
Su historia es una buena lección sobre por qué hay que tener más cuidado con los proyectos de inversión no registrados. Incluso si por fuera parecen bonitos en papel.