Diez años de carrera en el mundo de las criptomonedas, el nombre Mao Shihang casi no es conocido por nadie en el círculo. A todos les resulta más habitual llamarlo «pez divino», un apodo tan legendario que incluso da un poco de nostalgia.



Su historia es como una crónica del mundo cripto condensada. En 2011, cuando solo tenía 21 años, era estudiante de segundo año de la Universidad de Ingeniería Química de Pekín y tuvo su primer contacto con Bitcoin en la biblioteca. Desde ese momento, se sintió atraído por aquello, una cosa descentralizada; empezó a saltarse clases y a meterse en foros del extranjero, estudiando la interacción entre Satoshi Nakamoto y la comunidad. No era una simple curiosidad, sino una implicación real.

A principios de 2012 compró varias granjas mineras con tarjetas gráficas para empezar a minar. Después de ganar 1 millón de yuanes mediante la minería, tomó una decisión: fundar el primer pool de minería de Bitcoin de China, es decir, el que más tarde se conocería como F2Pool, el pool de pez. Esta decisión cambió el panorama de toda la industria.

En el ciclo alcista de 2013, Bitcoin subió a más de 700 dólares; su cuenta se disparó directamente hasta niveles de cientos de millones. Joven, con dinero y además con el mayor pool minero del país, el pez divino se convirtió en una figura relevante en el mundo cripto. Ese mismo año, también conoció a su esposa más tarde en la comunidad de Bitcoin. Cuando se casaron en mayo de 2014, no compraron un anillo de diamante; en cambio, transfirió 25 bitcoins a su esposa desde un bloque extraído en las granjas mineras, y además dejó un mensaje en la información de la transacción: «Al tomar tu mano, envejeceremos juntos». En ese momento, la verdad era un romanticismo llevado al extremo.

Pero la crueldad del mercado también llegó. En 2014, Bitcoin entró en un mercado bajista y toda la industria de la minería se metió en dificultades. Se vio obligado a cerrar la empresa; la sensación de pasar de un patrimonio de miles de millones a quedarse a cero de la noche a la mañana, tal vez sea difícil de imaginar para quienes no lo han vivido. Durante el largo mercado bajista de 2015, solo el pez divino sabe por lo que atravesó.

Hasta que en 2016 el mercado empezó a recuperarse, reactivó el negocio y se volcó en los pools mineros de Ethereum. En esa época, acumuló cerca de 100.000 Ethereum; más tarde, vendió todo y ganó aproximadamente 200.000.0 yuanes. Si se calculara con los precios de hoy, estas monedas ya valdrían 2.000 millones de yuanes. Probablemente, esta fue una de las decisiones más lamentables de su vida.

Durante diez años, el pez divino vivió la confusión de volverse rico de golpe, la desesperación de quedarse en cero, los arrepentimientos por haberlo perdido todo, e incluso fue testigo de que demasiadas personas a su alrededor, por sufrir pérdidas, acabaron yéndose a extremos. Esto no es solo la historia de una persona, sino como el resumen de una década entera de desarrollo en el mundo cripto: locura, codicia, miedo y esperanza, todo condensado en esos diez años.
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