El llamado despertar espiritual

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Crees que la iluminación es una puerta; la abres y se hace la luz.
No.
La iluminación es una oscuridad, una capa tras otra. Desprendes una capa, crees que has visto la luz, pero debajo hay una oscuridad más profunda. Vuelves a desprender: sigue siendo oscuridad. Desprendes hasta que sangran los dedos, hasta que te atreves a no seguir—¡y es entonces cuando entra un rastro ínfimo de luz!
Esa no es la luz de afuera. Es que tus propios ojos se han acostumbrado a la oscuridad.
Lo que la gente llama “iluminación” en el mercado de valores, nunca ha consistido en encontrar el Santo Grial. Es que por fin te atreves a admitir: no existe ningún Santo Grial.
Dejas de buscar el método para ganar siempre, dejas de confiar en los comprobantes de liquidación de cualquiera, dejas de sentir que se acelera el corazón frente a las velas de techo. Empiezas a aceptar las pérdidas con la misma naturalidad con la que aceptas respirar. Empiezas a entender que “estar en efectivo” es una forma de ofensiva. Empiezas a ver la volatilidad de tu cuenta como las ondulaciones lejanas de una montaña, y no como tu propio ritmo cardíaco.
Pero—¿ese “por fin” se compra con cuántas veces te liquidan completamente, con cuántas veces vendes a pérdidas en plena madrugada, con cuántas mentiras a tu familia?
Nadie puede enseñártelo. El “dao” que otros te dicen es la cicatriz de ellos. Tienes que perder tú, doler tú, y arrodillarte ante las velas para rendirte.
Lo más difícil no es la técnica; es que debes matar con tus propias manos a ese tú que quiere hacerse rico de la noche a la mañana, y luego levantarte sobre ese cadáver.
Después de levantarte, descubres que—
al final, el dao son solo dos palabras: rendirse.
Rendirse ante la imprevisibilidad del mercado, rendirse a que eres una persona común, rendirse a que ir despacio es ir rápido, rendirse a que hay dinero que no debería ganarte.
Y entonces, recién acabas de llegar a la puerta.
Afuera, todavía hay cien mil personas haciendo cola para “encontrar el dao”. ¡Cada una cree que es el elegido!

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