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El plan de fusión de Musk entre SpaceX y xAI sitúa a los centros de datos orbitales en el centro de la carrera por la infraestructura de IA
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Una propuesta de fusión que apunta más allá de la Tierra
La fusión propuesta por Elon Musk entre SpaceX y la empresa de inteligencia artificial xAI está atrayendo atención por algo más que la reestructuración corporativa. El movimiento podría impulsar la ambición de Musk de colocar infraestructura de computación en órbita, un concepto que desplazaría parte de la base de hardware de la industria de la IA lejos de la Tierra.
Reuters informó por primera vez sobre la propuesta de fusión el jueves, detallando cómo el acuerdo podría fortalecer la posición de Musk en la competencia contra Alphabet’s Google, Meta, OpenAI y otras firmas que compiten por asegurar capacidad de computación para sistemas de IA cada vez más complejos.
La idea detrás de los centros de datos orbitales sigue siendo experimental. Aun así, la creciente presión sobre las redes eléctricas terrestres, el aumento de los costos de construcción para instalaciones de hyperscale y el fuerte incremento de la demanda de procesamiento de IA han convertido la computación basada en el espacio, de ciencia ficción, en un tema de planificación seria.
Si SpaceX y xAI operan como una sola entidad, la combinación vincularía la capacidad de lanzamiento, las redes de satélites y el desarrollo de modelos de IA bajo un mismo paraguas corporativo. Esa integración podría ofrecer a Musk una ventaja poco común al probar y desplegar sistemas de computación fuera del planeta.
Cómo serían los centros de datos de IA basados en el espacio
Los centros de datos orbitales se basarían en redes de satélites equipados con hardware de computación y alimentados principalmente con energía solar. Los ingenieros imaginan cientos de unidades trabajando en conjunto en órbita terrestre baja o en trayectorias más altas, formando clústeres de computación distribuidos capaces de ejecutar cargas de trabajo de IA.
Los defensores argumentan que el espacio ofrece dos ventajas técnicas. El acceso continuo a la energía solar reduce la dependencia de los mercados de electricidad terrestres. La disipación natural del calor en el espacio también elimina gran parte de la carga de enfriamiento que domina los costos operativos en los centros de datos convencionales.
Sistemas de IA como el Grok de xAI o el ChatGPT de OpenAI requieren una capacidad de procesamiento masiva. Esa demanda sigue creciendo a medida que los modelos aumentan en tamaño y complejidad. Las instalaciones en la Tierra ya enfrentan límites relacionados con la disponibilidad de la red, el acceso al agua para enfriar y las restricciones de zonificación.
La computación basada en el espacio ofrece una ruta alternativa. Evita conflictos por el uso de la tierra y permite que la infraestructura opere sin competir por recursos urbanos escasos.
Aun así, el concepto sigue en una fase inicial. Los ingenieros destacan varios obstáculos, como la exposición a la radiación que puede dañar el hardware, los riesgos derivados de la basura orbital, las opciones limitadas de reparación y los altos costos de lanzamiento. Cada satélite requeriría protección contra rayos cósmicos y micrometeoroides. El mantenimiento dependería de servicios robóticos o de lanzamientos de reemplazo, en lugar de técnicos en el sitio.
Analistas de Deutsche Bank esperan pruebas de computación orbital a pequeña escala alrededor de 2027 o 2028. Es probable que los clústeres de satélites más grandes se sigan solamente en la década de 2030 si los despliegues iniciales demuestran fiabilidad y control de costos.
Por qué Musk está impulsando la idea
SpaceX ya opera la mayor constelación comercial de satélites a través de su servicio de internet Starlink. Miles de satélites orbitan la Tierra, respaldados por un sistema de lanzamiento que entrega cargas útiles a un costo menor y con mayor frecuencia que la mayoría de los competidores.
Esa capacidad de lanzamiento le da a SpaceX una ventaja estructural. Si la computación orbital se vuelve viable, SpaceX podría desplegar hardware sin depender de proveedores de lanzamiento de terceros. La empresa también podría integrar la transmisión de datos a través de la red de comunicaciones existente de Starlink.
Musk ha argumentado públicamente que el espacio ofrece el menor costo a largo plazo para la computación de IA debido a la abundante energía solar y a las necesidades de enfriamiento reducidas. En una aparición reciente en el Foro Económico Mundial en Davos, dijo que las instalaciones orbitales podrían volverse atractivas desde el punto de vista económico en cuestión de pocos años. Esa afirmación refleja su creencia de que la disponibilidad de energía, y no solo el suministro de chips, definirá la siguiente etapa de la expansión de la IA.
Fuentes familiarizadas con la planificación de SpaceX han dicho que la empresa está considerando una oferta pública inicial que podría valorar a la firma en más de $1 trillion. Los ingresos de una cotización de ese tipo podrían ayudar a financiar el desarrollo de satélites de computación orbital y la infraestructura de apoyo.
La fusión propuesta con xAI alinearía las capacidades de lanzamiento y satélites de SpaceX con un desarrollador interno de IA que requiere recursos de computación a gran escala.
Los competidores se mueven en la misma dirección
Musk no es el único explorando la computación fuera del planeta.
Jeff Bezos’ Blue Origin ha estado trabajando en tecnología destinada a centros de datos basados en el espacio. Bezos ha dicho que las grandes instalaciones orbitales podrían, eventualmente, superar a los centros basados en la Tierra mediante el uso de energía solar ininterrumpida y radiación directa del calor hacia el espacio. Su cronograma se extiende más en el tiempo y proyecta grandes ventajas de costos dentro de uno a dos décadas.
Starcloud, respaldada por Nvidia, ya ha lanzado un satélite de demostración llamado Starcloud-1. El satélite lleva un chip Nvidia H100, el procesador de IA más potente enviado hasta ahora a órbita. Actualmente está entrenando y ejecutando el modelo Gemma de código abierto de Google como prueba de concepto. Starcloud planea expandirse hacia un clúster modular capaz de entregar una salida de computación comparable a la suma de varios centros de datos de hyperscale.
Google también está desarrollando su propio concepto de computación orbital a través de Project Suncatcher. El programa busca conectar satélites alimentados por energía solar equipados con Tensor Processing Units en una red de nube de IA. Google planea un lanzamiento inicial de prototipo con Planet Labs alrededor de 2027.
China ha anunciado planes para desarrollar lo que la prensa estatal llama una “Space Cloud”. El principal contratista aeroespacial del país, China Aerospace Science and Technology Corporation, se ha comprometido a construir infraestructura de computación orbital de clase gigavatio durante los próximos cinco años como parte de un programa nacional de desarrollo.
Esta actividad indica que la competencia por la infraestructura de IA se está expandiendo más allá de las fronteras nacionales y de los centros tradicionales de centros de datos.
La presión energética impulsa el cambio
El crecimiento de la IA ha creado nuevos retos energéticos. Los grandes modelos de lenguaje requieren enormes cantidades de electricidad tanto durante el entrenamiento como durante el despliegue. Los centros de datos de hyperscale consumen energía equivalente a la de ciudades pequeñas.
En muchas regiones, la capacidad de la red ya está al límite. Los servicios públicos enfrentan retrasos al aprobar nuevas conexiones. Las escaseces de agua afectan a los sistemas de enfriamiento. Los costos de construcción siguen aumentando.
La computación orbital ofrece una ecuación energética distinta. La energía solar en el espacio se mantiene constante, sin interferencia atmosférica ni ciclos nocturnos. Los satélites pueden orientar paneles para lograr la máxima exposición, produciendo electricidad estable sin aporte de combustible fósil.
Esta ventaja energética sustenta gran parte del interés en la computación basada en el espacio. Las empresas que buscan asegurar capacidad de IA a largo plazo deben considerar no solo los chips y las redes, sino también la estabilidad del suministro eléctrico.
Los riesgos siguen siendo altos
Los riesgos técnicos de los centros de datos orbitales siguen siendo sustanciales.
La radiación en el espacio degrada la electrónica más rápido que en la Tierra. El blindaje incrementa el peso de los satélites, lo que eleva los costos de lanzamiento. La basura orbital continúa acumulándose, aumentando el riesgo de colisiones. Las misiones de reparación siguen siendo complejas y costosas.
La latencia de la comunicación también presenta desafíos. Incluso con sistemas en órbita terrestre baja, los retrasos de la señal podrían afectar ciertas cargas de trabajo que requieren una respuesta casi instantánea.
La viabilidad económica depende de los costos de lanzamiento, la vida útil de los satélites y la eficiencia del mantenimiento. Cualquier ventaja de costos frente a los centros de datos terrestres depende de lograr escala mientras se minimizan los ciclos de reemplazo.
Estos factores explican por qué los analistas esperan pruebas graduales en lugar de un despliegue comercial inmediato.
Lo que cambia el vínculo SpaceX–xAI
La fusión propuesta conecta el despliegue de hardware con la demanda de software.
xAI desarrolla grandes modelos de IA que requieren acceso constante a recursos de computación. SpaceX controla la capacidad de lanzamiento y las redes de satélites. Las operaciones combinadas podrían permitir que Musk pruebe la computación orbital en entornos de circuito cerrado, desde el despliegue de satélites hasta la ejecución de cargas de trabajo de IA.
Esta integración reduce los retrasos de coordinación entre empresas separadas. También simplifica la experimentación con sistemas híbridos que combinan computación basada en la Tierra y computación basada en el espacio.
El enfoque se parece a las estrategias de integración vertical utilizadas por grandes firmas tecnológicas. La propiedad de la infraestructura, de las plataformas de software y de los canales de distribución a menudo permite un despliegue más rápido de sistemas experimentales.
El ángulo de la tecnología financiera
Aunque la computación de IA orbital se centra en la infraestructura, también toca el ecosistema más amplio de fintech. Las redes de pagos, las plataformas de trading y las herramientas de analítica financiera dependen cada vez más de la IA para la detección de fraude, el modelado de riesgos y el monitoreo de transacciones.
Si la computación basada en el espacio reduce los costos de procesamiento a largo plazo, las firmas financieras podrían acceder a recursos de IA a gran escala más baratos. Eso podría afectar cómo las plataformas de fintech gestionan la automatización del cumplimiento y el procesamiento de datos.
El impacto no sería inmediato. Se manifestaría gradualmente a medida que la capacidad orbital se vuelva comercialmente utilizable.
Implicaciones para el mercado en la competencia de IA
La carrera de la IA ahora depende de tres factores: acceso a chips avanzados, suministro de energía estable y una infraestructura escalable.
Los fabricantes de chips siguen expandiendo la producción. Las limitaciones energéticas siguen siendo más difíciles de resolver. La expansión de la infraestructura se enfrenta a límites regulatorios y geográficos.
Los centros de datos orbitales representan un intento de eludir estas limitaciones. El éxito cambiaría la manera en que las empresas planifican la expansión de la IA durante la próxima década.
La estrategia de Musk se basa en combinar el dominio existente en lanzamientos con la creciente demanda de IA. Los competidores persiguen objetivos similares mediante asociaciones y programas de investigación.
El resultado es una nueva forma de competencia que se extiende más allá de las instalaciones basadas en la Tierra.
Qué viene después
La propuesta de fusión SpaceX–xAI sigue bajo revisión. No se ha anunciado ningún cronograma formal de finalización.
Es probable que, más adelante en esta década, aparezcan las primeras pruebas de computación orbital de múltiples empresas. Estos experimentos determinarán si los sistemas basados en satélites pueden ofrecer un rendimiento consistente y control de costos.
Por ahora, el plan de Musk pone de relieve un cambio de pensamiento más amplio. La infraestructura de IA ya no se limita a las paredes de un centro de datos. Se está expandiendo hacia el espacio aéreo, la órbita y más allá.
Las empresas que aseguren una capacidad de computación fiable tendrán una ventaja estratégica. Si el espacio se convierte en una parte central de esa ecuación sigue siendo incierto. Las próximas pruebas de los próximos años decidirán si los centros de datos orbitales pasan de ser un concepto a una realidad operativa.