La guerra Irán vs EE. UU.-Israel y el fin del momento unipolar

(MENAFN- Asia Times) A medida que la guerra en Oriente Medio entre Irán, Estados Unidos e Israel entra en su día 34, se ha vuelto evidente que estamos presenciando algo más que otro capítulo en los largos y sangrientos anales del conflicto en Oriente Medio.

Los 33 días anteriores ya han logrado lo que décadas de maniobras geopolíticas no pudieron: han asestado un golpe decisivo y, probablemente, irreversible a la arquitectura del orden mundial unipolar liderado por Estados Unidos. Lo que comenzó como una confrontación regional se ha convertido en la prueba de estrés definitiva para un sistema global que ha definido las relaciones internacionales desde el final de la Guerra Fría.

Los resultados militares, diplomáticos y económicos de este conflicto ya no son meras estadísticas de frente de batalla; forman un epitafio contundente para una era pasada. El mensaje es claro: el poder estadounidense ya no puede servir como una garantía de seguridad creíble, y la hegemonía que sustentaba la Pax Americana está sufriendo un colapso sistemático y acelerado.

En su lugar, el mundo gira, con una velocidad asombrosa, hacia un complejo tapiz de multilateralismo y multipolaridad. El nuevo equilibrio no se definirá por una sola superpotencia, sino que se forjará a través de la asociación de potencias emergentes: China, Rusia, Irán, Brasil y otras. Para países como India, un socio estratégico de larga data de Estados Unidos, este reordenamiento plantea una pregunta existencial: ¿podrá navegar esta transición o quedará definida por su incapacidad para hacerlo?

En los párrafos sucesivos, analizamos los cambios sísmicos desencadenados por esta guerra y pronosticamos los contornos del orden global que ahora emerge de los escombros.

** 1. El fin de la invencibilidad: replantear la supremacía militar**

El conflicto de 33 días ha hecho lo que ningún adversario había logrado en décadas: ha destrozado el mito de la invencibilidad militar estadounidense. A pesar del despliegue de las redes de defensa aérea, sistemas de radar y activos navales más avanzados jamás reunidos, los drones y misiles iraníes penetraron repetidamente el supuesto blindaje de la tecnología de EE. UU.

Sistemas como THAAD, Patriot y Aegis, comercializados durante mucho tiempo por Washington como“armadura impenetrable”, resultaron incapaces de neutralizar amenazas asimétricas. Los ataques de precisión lograron atacar instalaciones estratégicas de petróleo y emplazamientos militares, demostrando que la tecnología sofisticada por sí sola no garantiza seguridad para los emires, jeques y más allá del Golfo Arábigo. Este es un descubrimiento aleccionador para aliados que han apostado su defensa en el hardware estadounidense.

Las implicaciones son profundas. En los próximos cinco años o más, podemos esperar una reconsideración fundamental de las posturas defensivas en todo el mundo. Las naciones que antes veían sus arsenales como inextricablemente vinculados a las cadenas de suministro estadounidenses ahora diversificarán.

Historias más recientes Starmer será anfitrión de conversaciones de 35 naciones sobre el Estrecho de Ormuz – sin EE. UU. Trump declarará la victoria sobre Irán – ¿será el Día de los Inocentes? La guerra de Irán enseña lecciones difíciles a Taiwán sobre la determinación de EE. UU.

Se intensificará el desarrollo indígena y se abrirán los mercados para alternativas chinas y rusas. El complejo militar-industrial de EE. UU., durante mucho tiempo un pilar del poder económico y estratégico estadounidense, se enfrenta a una erosión significativa de su dominio de mercado. Aunque Estados Unidos sigue siendo el mayor gastador en defensa, esta guerra ha demostrado que la efectividad de ese gasto —su capacidad de proyectar una disuasión creíble— está cayendo en picada.

Ninguna nación, ya sea en la OTAN, el Consejo de Cooperación del Golfo o el Quad, tratará de aquí en adelante la intervención de EE. UU. como una inevitabilidad o una garantía.

** 2. El sistema de alianzas está en crisis y existe un vacío de credibilidad**

La crisis del hardware se corresponde con una crisis de confianza. Durante décadas, Estados Unidos ancló su influencia global en una red de garantías de seguridad blindadas. Esta guerra ha revelado que esas garantías estaban huecas.

Cuando el Estrecho de Ormuz —un punto de estrangulamiento para la energía global— se convirtió en un escenario de conflicto, los aliados de la OTAN permanecieron en silencio. Los socios asiáticos, incluidos Japón y Corea del Sur, adoptaron una postura de silencio estratégico. Las monarquías del Golfo observaron cómo las flotas estadounidenses y los arreglos de radar fallaban en proteger sus activos soberanos.

Este desempeño ha acelerado la desintegración del modelo de alianzas“hub y spoke”. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos ya no están esperando a que Washington reafirme su compromiso; están diversificando activamente sus carteras estratégicas: profundizando los lazos económicos con China y la cooperación en defensa con Rusia.

En Europa, el apetito por un ejército europeo crecerá a medida que se desvanece la fe en el ancla estadounidense de la OTAN. En Asia, la credibilidad del Quad y del AUKUS quedará marcada por dudas sobre la capacidad de Washington para proyectar poder en un escenario disputado en el futuro.

La lección para la comunidad internacional es clara: cubrirse (hedging) ya no es una estrategia de la cautela; es una necesidad. Las naciones cultivarán relaciones equilibradas con múltiples potencias, abandonando la rígida bipolaridad de la Guerra Fría y la unipolaridad que la siguió. La credibilidad de la estructura de alianzas lideradas por Estados Unidos ha sido la base de la estabilidad global durante una generación; esta guerra ha resquebrajado esa base.

** 3. De hegemon a primus inter pares**

El orden posterior a la Segunda Guerra Mundial, construido con esmero por Washington, ahora se acerca a su terminus histórico. Las grietas que aparecieron durante las políticas de“Pivot to Asia” de la administración de Obama y“Leading from Behind” fueron profundizadas por la“Indo-Pacific Strategy” y el unilateralismo de“America First” de los años de Trump. Con esta guerra, esas grietas han dado paso a un colapso total.

Estados Unidos ya no puede actuar de manera creíble como el único policía del mundo. Su presupuesto de defensa de $1 Trillion, antes símbolo de una supremacía incuestionable, ahora parece un baluarte insuficiente contra la guerra asimétrica. Al mismo tiempo, los fundamentos económicos del dominio estadounidense se están erosionando. La participación estadounidense en el PIB global está disminuyendo, mientras la de China está en aumento. La expansión de BRICS desafía la hegemonía monetaria del dólar.

Mirando hacia 2030, prevemos un mundo estructurado en torno a tres o cuatro polos principales: Estados Unidos, China, una asociación Rusia-India y un bloque europeo más autónomo. EE. UU. seguirá siendo poderoso, pero será primus inter pares —primero entre iguales— en lugar de la superpotencia singular. Esto no es solo un cambio en el equilibrio de poder; es una transformación fundamental de su naturaleza.

** 4. El auge de la multipolaridad**

Si el viejo orden está muriendo, ¿qué está naciendo? Esta guerra ha vuelto la multipolaridad no un concepto teórico, sino una realidad operativa. El“orden internacional basado en reglas” —una frase que a menudo se usa como sinónimo de primacía estadounidense— está siendo reemplazado por la construcción de nuevas normas.

Plataformas como la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO), un BRICS ampliado y ASEAN están ganando una influencia que hace una década era inimaginable. Los llamados para reformar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas crecerán de un murmullo a un rugido. La guerra ha demostrado que ninguna potencia única puede garantizar la paz; el futuro exige asociación.

Esta transición se construirá sobre nuevas estructuras globales para el comercio, la energía y las finanzas. La Iniciativa de la Franja y la Ruta, la Ruta Digital de la Seda, la Unión Económica Euroasiática y el Área de Libre Comercio Continental Africana están creando bloques económicos que operan fuera de los marcos occidentales tradicionales.

En finanzas, el monopolio del dólar dará paso a un ecosistema más diverso que incluirá el yuan, la rupia y el rublo. En este nuevo orden, Estados Unidos será un participante clave, pero su papel pasará de ejercer un veto a emitir un voto: una voz entre muchas en un concierto de potencias.

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** 5. El dilema estadounidense para gestionar la decadencia o arriesgar la ruina**

Para Estados Unidos, el camino a seguir exige un nivel de contención estratégica que no se ha visto en un siglo. El primer y más crítico paso es la aceptación: La era de la hegemonía terminó. En nombre de G2, la visión bipolar de una“nueva Guerra Fría”, a menudo favorecida por el establishment de políticas de Washington, ya ha sido rechazada por Beijing y no se alinea con la realidad de un mundo multipolar.

Cuanto más tiempo se aferre Washington al unilateralismo, más acelera su propia marginación. Si, en un arranque de aventurerismo militar, comete un gran error de cálculo contra Rusia o China, corre el riesgo de un exceso estratégico que la historia juzga con dureza: un destino que remite a imperios que confundieron ambición con fortaleza. La medida real del poder de Estados Unidos en las próximas décadas no será su capacidad de hacer la guerra por sí sola, sino su capacidad de abordar la decadencia interna: una deuda nacional debilitante, una desigualdad económica en aumento y una polarización política que paraliza la toma de decisiones.

La diplomacia, la contención estratégica y la adopción genuina de una asociación multilateral ya no son preferencias idealistas; son necesidades para la supervivencia.

** El siglo multipolar**

En pocas palabras, la guerra de 34 días con Irán se recordará no por sus detalles tácticos, sino por sus consecuencias estratégicas: marcó el fin de la hegemonía estadounidense y abrió la puerta a un nuevo orden mundial, más complejo, más equilibrado y más justo. En este siglo multipolar, la paz y la prosperidad no se dictarán desde una sola capital, sino que se forjarán en el crisol de la asociación.

Esta transformación traerá turbulencias, pero también oportunidades. El antiguo orden unipolar se está alejando hacia la historia. La pregunta que permanece no es si surgirá un nuevo orden —ya está surgiendo— sino si las grandes potencias, en particular Estados Unidos, aceptarán esta realidad y se adaptarán con sabiduría.

Quienes se adapten con rapidez darán forma al futuro; quienes se resistan serán moldeados por él. La guerra de Irán es apenas el primer capítulo de esta nueva época. El mundo ahora debe prepararse para abrazar el amanecer del siglo multipolar.

Este artículo fue publicado por primera vez en el Substack de Bhim Bhurtel y se republica con permiso. Conviértete en suscriptor del Substack de Bhim aquí.

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