Acabo de leer una historia bastante fascinante sobre un príncipe búlgaro que decidió convertirse en guerrero Shaolin. No es cualquier cosa, ¿verdad? El joven Simeón Hassan Muñoz de Bulgaria, hijo de la princesa Kalina, se mudó a China hace poco para entrenar en la legendaria Academia Shaolin en el monte Song, provincia de Henan.



Lo interesante es que este chico realmente se tomó en serio el viaje. A los 18 años, después de aprobar todas las evaluaciones que le impusieron los monjes maestros, ingresó al complejo de entrenamiento. Recibió un nuevo nombre chino: Si Miao Tian, que significa "gran discípulo de Buda del magnífico cielo". Pero aquí viene lo fuerte: dos meses de entrenamiento intenso, comenzando cada día a las cinco de la mañana con carreras al aire libre, finalizando a las nueve de la noche cuando se apagaban las luces. Convivió con compañeros que solo hablaban chino, siguió una dieta vegetariana estricta y renunció completamente a su teléfono celular. Solo pudo comunicarse con sus padres cuando terminaron los dos meses.

Durante su estadía en la Academia Shaolin, el príncipe no solo aprendió kung fu, sino que estudió profundamente la historia de las artes marciales Shaolin, el espíritu de la ética marcial y la esencia cultural de la autoformación. Entrenó técnicas especiales como el Yi Jin Jing, que consiste en trabajar alternadamente los músculos y tendones, y aprendió el manejo de armas tradicionales: el pudao (espada ancha), el guadao (guadaña conocida como "hoja del dragón verde"), el jrujie bian (látigo de cadena) y el changquiang (lanza considerada la "reina de las armas"). El kung fu Shaolin no era solo movimientos físicos para él, sino una filosofía de vida completa.

Lo que más me sorprende es que fue el único estudiante occidental en ese centro ubicado en el cielo y la tierra, como lo llaman. Incluso ayudaba a cosechar verduras en el huerto para preparar los alimentos de la academia y visitaba instituciones para empaparse de la cultura budista. El gran maestro Wang Hengying, quien dirigió su formación, confirmó que el joven príncipe demostró virtuosismo en el kung fu Shaolin.

La familia de Simeón claramente tiene un ADN aventurero. Su padre, Kitín Muñoz Valcárcel, es un explorador experimentado que inculcó en su hijo el amor por la aventura. Su madre, la princesa Kalina, es toda una atleta: practica kung fu y taekwondo, pero su pasión es el entrenamiento con cargas pesadas. Ella misma nos comentó que sin entrenar no se siente bien, que es su forma de mantener equilibrio, armonía y bienestar. El abuelo de Simeón fue el último zar de Bulgaria, así que el linaje real tiene un trasfondo interesante.

Depués de completar la primera etapa de su formación como guerrero Shaolin bajo el nombre Si Miao Tian, el príncipe regresó a Bulgaria con el diploma que acredita su logro. Pero esto no es el final de su historia. Antes de continuar con su experiencia en el kung fu Shaolin, tiene compromisos pendientes: participará en el desfile del Día de la Liberación en Sofía el 3 de marzo, completará sus cursos de instructor de snowboard y patrón de yachting, y después emprenderá una expedición transoceánica en familia en una balsa de juncos, con su padre Kitín como capitán. Este príncipe definitivamente no es de los que se quedan quietos.
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