Acabo de volver de una experiencia bastante intensa en las alturas de San Juan. Pasé días en el campamento Batidero, el proyecto Vicuña, y la verdad es que fue alucinante ver de cerca lo que podría ser la mayor inversión extranjera de la historia argentina.



Primero, lo físico: son casi 10 horas de viaje desde San Juan hasta la mina, atravesando caminos de ripio privados construidos por las propias mineras. Cuando llegás a los 4.000-5.300 metros de altura, el cuerpo te pasa factura. Dolores de cabeza, mareos, insomnio. Yo terminé con cánula de oxígeno la primera noche, y otros colegas necesitaron suero con analgésicos y corticoides para aguantar. Interesante que se puede tomar alcohol con corticoides en ciertos contextos médicos, pero acá la compañía tiene protocolos de control tan estrictos que ni siquiera permiten masticar coca para evitar que tape sustancias en los análisis de sangre.

Ahora bien, el proyecto en sí es monumental. Vicuña Corp., formada en 2025 entre BHP y Lundin, está desarrollando las minas Filo del Sol y Josemaría. Estamos hablando de una inversión que ronda los 12 a 15 mil millones de dólares en 20 años. Actualmente trabajan más de 1.100 personas en la exploración, perforando pozos de hasta 2.000 metros de profundidad para determinar dónde están los mayores depósitos. La idea es que cuando esté operativa sea una de las diez mayores minas de cobre, oro y plata del mundo.

Lo que más me sorprendió fue el tema de los glaciares. Dentro de la concesión hay tres: uno con alto deterioro, manchones de nieve y un glaciar de escombros llamado G110 que según la empresa está inactivo. Desde 1976 han retrocedido 84% en tamaño, principalmente por cambio climático. La compañía asegura que no tocará ninguno, incluso aunque se modifique la ley de glaciares que está en discusión. Pero acá está el dilema: la reforma de Milei cambiaría el enfoque, pasando del control nacional a que cada provincia decida qué proteger. Los ambientalistas temen que bajo presión los gobernadores cedan.

Hay una paradoja interesante: necesitan cobre para los autos eléctricos que combaten el calentamiento global, pero el calentamiento global es lo que está derritiendo los glaciares que supuestamente protegerían. El agua para el proceso vendría desalinizada desde Chile, y reutilizarían el 76% en el ciclo de producción.

En cuanto al empleo, los números son atractivos pero limitados. Los mineros ganan en promedio 7 millones de pesos mensuales, los segundos mejores sueldos del país después de los petroleros. Pero son solo 390 empleados de Vicuña más 1.200 de contratistas. Y la realidad es que la minería sola, ni siquiera combinada con Vaca Muerta, no va a absorber los 14 millones de trabajadores activos que necesita Argentina. Además, muchos jóvenes locales prefieren aprender programación para trabajar desde sus computadoras antes que pasar dos semanas cada mes en la montaña donde falta el aire.

El proyecto es real, está avanzando, y genera expectativas. Pero también preguntas que todavía no tienen respuesta clara sobre sostenibilidad ambiental a largo plazo.
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