Hace poco más de un año pasó algo que no muchos esperaban en los SAG Awards: la ceremonia que se suponía iba a confirmar quiénes serían los grandes ganadores en los Oscar terminó siendo todo lo contrario. Y créeme, eso cambió bastante el juego.



La mayoría de los críticos y analistas traía casi decidido que Timothée Chalamet se llevaría el premio a mejor actor por Marty Supremo. Era prácticamente un dato. Pero entonces Michael B. Jordan ganó por Pecadores y de repente nadie sabía qué esperar. Ese momento fue el que definió toda la noche, porque los votantes del sindicato de actores eligieron a Jordan por encima de Chalamet y Leonardo DiCaprio, quien ni siquiera se presentó a la ceremonia.

Lo interesante es que Pecadores fue el film que más sorpresas dejó. Llegó a los SAG Awards como la película más nominada con siete menciones, pero solo se llevó una estatuilla: la de mejor actor de reparto para Sean Penn. Sin embargo, el verdadero giro fue que después ganó el premio al mejor elenco, lo que la posicionó de manera inesperada para los Oscar. Especialmente considerando que Una batalla tras otra, la película de Paul Thomas Anderson, había ganado el premio de los productores apenas un día antes, lo que la tenía como favorita.

Lo que pasó esa noche fue fascinante porque los votantes de la Academia que eligieron a los ganadores en los SAG Awards son en gran medida los mismos que votan en los Oscar. Así que cuando Michael B. Jordan se llevó el premio, fue una señal clara de que las cosas no iban a ser tan predecibles como parecía hace unas semanas. Su presencia y altura imponentes en el escenario ese día representaron el cambio de dirección que nadie anticipaba completamente.

Lo que quedó claro es que Pecadores llegaba a los Oscar con 16 nominaciones, la mayor cantidad en la historia de esos premios. Eso es un peso importante. Mientras tanto, los expertos que estaban seguros de que Timothée Chalamet era prácticamente invencible empezaron a dudar. De hecho, toda la ceremonia de los SAG Awards que condujo Kristen Bell giró en torno a bromas sobre un torneo de ping pong entre estrellas que tenía como premio una representación de Chalamet hecha en plastilina. Así de presente estaba la incertidumbre.

En cuanto a las actrices, Jessie Buckley ganó como mejor actriz principal por Hamnet, y eso parecía más seguro. Pero en las categorías de reparto pasó algo diferente: los nominados de los SAG Awards no coincidían exactamente con los de los Oscar. Stellan Skarsgård y Delroy Lindo no estaban nominados por el sindicato de actores pero sí competían en los Oscar. Lo mismo pasó con Amy Madigan, que ganó en los SAG Awards pero tendría que enfrentarse a Elle Fanning e Inga Ibsdotter Lilleaas en los Oscar, quienes no habían sido nominadas por el sindicato.

En televisión también hubo sorpresas. Todos esperaban que Rhea Seehorn ganara como mejor actriz en drama por Pluribus, especialmente después de haber ganado el Globo de Oro y el premio de los críticos. Pero Keri Russell se llevó la estatuilla por La diplomática de Netflix. El resto fue más predecible: Seth Rogen ganó en comedia por El estudio, Catherine O'Hara consiguió el premio póstumo de mejor actriz de reparto en comedia, y The Pitt se quedó con los principales reconocimientos en drama.

Michelle Williams ganó por Morir de placer en la categoría de miniseries, mientras que Owen Cooper completó un quinteto impresionante de premios por su papel debut en Adolescencia: Emmy, Globo de Oro, Critic's Choice, Independent Spirits Awards y este SAG Award.

Pero lo que realmente quedó en el aire esa noche fue la incertidumbre total. Lo que parecía una carrera decidida se convirtió en una batalla abierta. Y eso, honestamente, hizo que los Oscar fueran mucho más interesantes de lo que nadie esperaba.

Lo único que pareció acertado fue el premio a la trayectoria para Harrison Ford. El actor de 83 años bromeó diciendo que estaba un poco raro recibir un premio a la trayectoria cuando todavía estaba a mitad de carrera. Agradeció a George Lucas y Steven Spielberg por Han Solo e Indiana Jones, y se emocionó recordando cómo encontró su vocación en el teatro cuando estaba perdido en la universidad. Su amigo Woody Harrelson lo presentó, y Michael J. Fox lo acompañaba en la ceremonia después de trabajar juntos en la tercera temporada de Shrinking en Apple TV. Ford cerró su discurso hablando sobre la responsabilidad del éxito en este negocio: mantener la puerta abierta para el próximo chico perdido que busca un lugar de pertenencia.
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