Si alguien en tu familia tiene presión alta, probablemente ya sepas que hay bebidas que suben la tensión de forma importante. No es solo evitar la sal, también hay que prestar atención a lo que se bebe.



Los especialistas en cardiología llevan años insistiendo en que modificar la ingesta de ciertos líquidos es fundamental para estabilizar la presión arterial. La idea es simple: algunas bebidas alteran directamente el sistema circulatorio y hacen que el control sea mucho más difícil.

El alcohol es probablemente el peor enemigo. Medical News Today lo pone en primer lugar de las bebidas que suben la tensión cuando hay diagnóstico de hipertensión. Lo complicado del alcohol es que tiene un efecto engañoso: primero relaja los vasos sanguíneos y baja la presión de forma temporal, pero después vuelve a subir. Y cuando sube, lo hace por encima de los valores iniciales. Además provoca deshidratación, que es especialmente peligrosa en adultos mayores porque pierden la sensación de sed. Cerveza, cócteles, licores... todos son problemáticos.

La cafeína es otro punto crítico. Sube los valores de tensión de inmediato, aunque el efecto es más corto que con el alcohol. El tema es que no está solo en el café o el té. Las bebidas energéticas, los refrescos de cola, hasta el chocolate contienen cantidades significativas. La British Heart Foundation aclara que no es prohibida como el alcohol, pero requiere moderación. Conviene consultar con un médico para saber cuánta cafeína es segura en cada caso.

Después están las bebidas azucaradas. Acá el problema es doble: el azúcar afecta directamente las arterias e incrementa la presión arterial sistólica, además favorece la inflamación interna y la resistencia a la insulina. Los refrescos, jugos industrializados y tés embotellados son ricos en calorías vacías y contribuyen al aumento de peso. Según datos de Vimec, las personas que consumen más del 25% de sus calorías diarias en forma de azúcar tienen hasta tres veces más probabilidades de desarrollar enfermedades cardíacas. Así que sí, las bebidas que suben la tensión incluyen definitivamente estas opciones azucaradas.

La solución práctica es reemplazar estas bebidas por agua natural o mineral sin azúcar. Las infusiones sin endulzante y jugos naturales en pequeñas cantidades también funcionan bien.

Más allá de evitar bebidas que suben la tensión, hay una estrategia integral que funciona. La actividad física regular, mantener un peso adecuado y cuidar la alimentación son fundamentales. Existe una dieta específica llamada DASH (Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión) que establece pautas precisas. Limita el sodio a no más de 2300 mg diarios y se basa en productos lácteos bajos en grasa, granos integrales, frutas, verduras, carnes magras y proteínas como lentejas, nueces, quinoa y tofu. Estos alimentos tienen nutrientes cardiosaludables, fibra, antioxidantes y grasas saludables que ayudan a reducir la retención de líquidos.

La clave está en adoptar estos hábitos como parte de la rutina diaria, no como una restricción temporal. Cuando alguien realmente comprende qué bebidas afectan su presión, es más fácil tomar decisiones conscientes.
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