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Después de casi 60 días sin lluvia, finalmente llegó el alivio a las zonas agrícolas más comprometidas de Argentina. Durante el fin de semana pasado, la región pampeana experimentó precipitaciones significativas que pusieron un freno a lo que parecía ser un desastre inminente en los cultivos.
La situación venía crítica. Enero fue prácticamente seco en amplias áreas productivas, con temperaturas altas que dejaron los cultivos bajo estrés hídrico severo. El sur de Santa Fe, el este y sudeste de Córdoba, y el centro-este y sudeste de Buenos Aires eran las zonas más comprometidas. Entre el 14 y el 16 de febrero, el Servicio Meteorológico Nacional registró precipitaciones muy dispares pero generalmente entre 20 y 60 milímetros, con algunos puntos superando los 70 mm. En el sur de Santa Fe destacaron ciudades como San Jerónimo Sud con 62,7 mm, Casilda con 62 mm, y Rosario con 53,6 mm.
Esta lluvia llegó en un momento crítico. La Bolsa de Comercio de Rosario había advertido que se necesitaban al menos 40 mm para frenar el deterioro de la soja en esas zonas. De hecho, la proyección de producción nacional había caído a 48 millones de toneladas, un recorte de 2,5 millones respecto a lo estimado un mes antes.
Desde Cañada de Gómez, María José Dickie, ingeniera agrónoma del INTA especializada en climatología, explicaba la magnitud del problema. En el sur de Santa Fe, la última lluvia importante había sido el 20 de diciembre. Eso significaba casi 50 días con precipitaciones mínimas y altas temperaturas. Enero apenas dejó entre 10 y 30 mm cuando el promedio mensual ronda 130 mm. Febrero venía prácticamente seco hasta este evento del fin de semana. Para el clima de 10 días que se proyecta en la región, estas precipitaciones resultan fundamentales.
Dickie destacaba que estas lluvias son clave para cultivos en etapas sensibles. En soja de primera, aunque ya había disminución de rendimiento por estrés hídrico, el agua llegó en un momento donde todavía puede compensarse parte de esa pérdida a través de mayor peso de grano. En soja de segunda, que está más comprometida, las lluvias "llegan tarde, pero no tan tarde". El maíz tardío, que está en período crítico, es uno de los más beneficiados.
En el terreno, los productores festejaban. Marcelo Bengoechea desde Roldán en el sur de Santa Fe resumía el alivio: llovió después de casi 60 días. En su campo cayeron entre 50 y 60 mm. Aunque aclaraba que esto frena el deterioro pero no recompone lo perdido. Ya estima pérdidas en soja de primera de alrededor del 50% de rendimiento. "Ahora necesitábamos que acompañara de acá hasta el final del ciclo", advertía.
En Azul, Hernán Moreno contaba que enero fue el más seco de su vida profesional: apenas 13 mm en todo el mes. Este fin de semana cayeron entre 24 y 40 mm. "Le viene bárbaro, pero es poco", decía. La lluvia frena la caída del rinde, aunque todavía falta agua. El maíz de primera aún está en carrera, pero si el clima acompaña podrían aspirar a 7000 a 8000 kg en los mejores ambientes.
Más al sudoeste, en Coronel Pringles, Willy Villaverde, secretario de la Sociedad Rural local, resumía el sentimiento: fue una lluvia bendecida. Allí cayeron entre 30 y 60 mm. El maíz de primera está atravesando el llenado de grano, el momento clave. El agua llega en una etapa fundamental para sostener el peso del grano y asegurar el potencial que aún está en juego.
Todos coinciden en lo mismo: esto es un respiro, pero la película no termina aquí. Todo dependerá de que continúen las precipitaciones en las próximas semanas para consolidar el escenario.