Acabo de revisar los números y la bolsa de Lima cerró el año pasado con un desempeño que francamente sorprendió a muchos. El Índice General subió 50%, pero lo más interesante es lo que pasó con la capitalización total: llegó a 266 mil millones de dólares, un salto de 44% comparado con 2024.



Para que se entienda bien, estamos hablando de casi 82 mil millones de dólares adicionales en valor de mercado. El año anterior el crecimiento fue apenas 4%, así que el contraste es brutal. ¿Qué cambió?

La demanda de acciones locales se disparó, especialmente de inversores extranjeros y personas naturales. Eso presionó los precios hacia arriba de forma consistente. Los volúmenes diarios en la bolsa de valores se movieron entre 12 y 15 millones de dólares, que para la plaza local son cifras importantes. Además, el ingreso de nuevas empresas como Auna inyectó liquidez fresca al mercado.

Lo que me parece relevante es que esto refleja una confianza genuina en las compañías peruanas. Menos percepción de riesgo, más ganas de invertir localmente. Los fondos mutuos, family offices y las AFP vieron cómo creció el valor de sus carteras solo por la revaluación de los activos.

Los sectores que jalaron fueron claros: minería, financiero, consumo y construcción. Son los que más peso tienen en la bolsa de valores, así que tiene sentido que lideren la recuperación.

La pregunta ahora es si esto puede mantenerse. La liquidez mejorada y la formación de precios más eficiente son buenas señales, pero hay que estar atentos a cómo cierra la bolsa en los próximos trimestres.
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