Acabo de enterarme de algo bastante impresionante que pasó hace poco en Barcelona. La Sagrada Familia finalmente alcanzó la altura máxima que Gaudí había imaginado hace más de 140 años: 172,5 metros. Literalmente, casi 150 años de construcción para llegar a este punto.



Lo loco es que colocaron la parte superior de la cruz en la torre central hace poco, y ahora la Sagrada Familia es oficialmente la iglesia más alta del mundo. Superó a la Iglesia Mayor de Ulm en Alemania, que tiene 161,53 metros. Desde octubre pasado cuando llegó a 162,9 metros, ya le había ganado ese título.

La maniobra para poner esa cruz fue toda una odisea. Una grúa amarilla estuvo trabajando desde la mañana, y la pieza (que pesa más de 12 toneladas) tardó horas en ser levantada hasta lo alto. Los operarios tuvieron que fijarla con 40 tuercas usando gatos hidráulicos. El gruista trabajaba desde una cabina a 140 metros de altura, con una pluma que alcanza los 200 metros cuando está completamente desplegada. Bastante extremo, la verdad.

La cruz en sí es monumental: 17 metros de altura y 13 de ancho. Está hecha con 15.000 piezas cerámicas de diferentes tonos de blanco, provenientes de 500 moldes distintos. Gaudí quería que brillara con el reflejo del sol durante el día. Tiene cuatro brazos para que se pueda reconocer desde cualquier dirección, y si el Ayuntamiento lo autoriza, cada brazo podría emitir un haz de luz como símbolo de la iglesia como faro espiritual.

Lo interesante es que aunque alcanzó su altura máxima, todavía quedan años de trabajo. Van a inaugurar la torre el 10 de junio, coincidiendo con el centenario de la muerte de Gaudí. Se esperaba la presencia del papa, aunque no confirmó su asistencia.

Jordi Faulí, el séptimo arquitecto del templo, estaba emocionado con el logro. Mencionó que fue un desafío crear una cruz de cuatro brazos que fuera ligera y visitable en su interior. El equipo que coordina todo esto tiene 150 personas, lideradas por el maestro de obras Jaume Oromí.

Lo que me sorprende es que la primera piedra se colocó en 1882, y Gaudí murió en 1926 sin ver ni siquiera una torre completamente terminada. Fue atropellado por un tranvía a los 73 años. Solo dejó avanzada la fachada del Nacimiento y terminó la torre de Bernabé para que el templo se viera parcialmente completo y siguiera atrayendo donaciones.

Ahora, un siglo después, la basílica está terminada en altura. Las fachadas del Nacimiento y la Pasión están listas, todas las torres de los apóstoles, las de los evangelistas, la de María (inaugurada en 2021) y ahora la de Jesús. Según fuentes del templo, las obras principales podrían concluirse en alrededor de una década, aunque todavía falta la fachada de la Gloria, que es la parte más polémica porque implicaría derribar edificios de vivienda.

La verdad, es fascinante ver cómo un proyecto que comenzó hace 144 años sigue avanzando. La Sagrada Familia se ha convertido en un atractivo turístico internacional masivo, y eso ha acelerado bastante los trabajos en las últimas décadas. Definitivamente es uno de esos monumentos que merece la pena ver en persona algún día.
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