Acaba de ocurrir algo bastante importante en el mundo de la ganadería. Los toros angus argentinos acaban de romper un techo que nadie esperaba que se quebrara tan rápido en Estados Unidos.



La semana pasada, en dos de las subastas más relevantes del país norteamericano, reproductores con sangre angus nacional no solo compitieron al mismo nivel que los estadounidenses, sino que salieron con precios que nunca se habían visto. El momento más fuerte fue en Coleman Angus Ranch, allá en Montana, donde Kelly Schaff —el tipo considerado número uno mundial en la raza— desembolsó US$270.000 por la mitad de un toro que tiene genética argentina en sus venas. El animal completo valía US$540.000.

Santiago Debernardi, asesor ganadero y observador directo de la subasta, lo sintetizó bien: esto es un cambio de época. No se trata solo de haber logrado que ejemplares argentinos lleguen allá, sino de que los referentes estadounidenses ahora estén buscándolos activamente y diciendo que les gustan.

La historia viene de atrás. La cabaña La Rubeta fue quien inició todo esto. Vendieron embriones a un criador americano llamado Dale Hummel, quien los llevó a Canadá —porque Argentina todavía no puede exportar directamente a Estados Unidos— donde se transfirieron a vacas receptoras. De ahí cruzaron a territorio estadounidense. De esos embriones nacieron varios toros que empezaron a reproducirse, y lo que vimos en estas subastas fue la venta de la genética que generaron esos reproductores argentinos.

En Coleman, de 116 toros que ofrecieron, casi 40% tenía sangre argentina. Además del récord de US$270.000 por media participación en un animal, hubo otro precio histórico de US$200.000 por otro reproductor. En total, se movieron más de US$1 millón en genética argentina en ese remate solamente.

Carlos Fernández, director de la Asociación Argentina de Angus y propietario de La Rubeta, lo describe como algo difícil de volver a ver. Son cifras que en Argentina ni se sueñan para un toro individual.

Ahora bien, ¿por qué los estadounidenses se interesan en los toros angus que vienen del sur? Estados Unidos es el líder indiscutido en producción de carne de alta calidad, pero su búsqueda de rendimiento extremo generó un problema: vacas demasiado grandes que consumen mucho alimento y pierden eficiencia en campos complicados.

Ahí es donde entra la genética nacional. Argentina históricamente tuvo que adaptar su ganadería a zonas marginales, dejando los mejores campos para la agricultura. Eso forjó un animal diferente. El toro que compró Schaff es el que puede sobrevivir en campos duros cuando lo necesita, pero cuando entra a un feedlot para engordar, también lo hace de manera excepcional.

Lo que deslumbró a los norteamericanos fue encontrar toros angus que mantienen el potencial de crecimiento que ellos exigen, pero aportan tamaño moderado, adaptabilidad y ese fenotipo que caracteriza al biotipo argentino. En Estados Unidos no son románticos a la hora de comprar, van por los números duros. Estos animales pudieron ser competitivos en un mundo liderado por datos, demostrando que tienen tanto el físico como la belleza racial.

Pero lo verdaderamente importante, según Debernardi, no es solo haber llegado al mercado estadounidense. Es haber sido validados por sus líderes. Una cosa es que nazcan animales de embriones, otra muy distinta es que los criadores que marcan tendencia digan que quieren eso para fortalecer sus planteles.

El animal que adquirió Schaff combinaba alto potencial de crecimiento con tamaño moderado y adaptabilidad. Estados Unidos orientó su selección genética hacia mayor crecimiento y eficiencia. Argentina trabajó durante décadas sobre animales adaptados a ambientes exigentes. Hoy ambos países usan datos objetivos: peso al nacer, destete, peso final, circunferencia escrotal y herramientas genómicas.

Pese al éxito, la presencia argentina sigue siendo limitada por restricciones sanitarias y los costos del proceso vía Canadá. Justamente por eso el impacto es mayor. Con tan poca genética nuestra pegando tan fuerte allá, es muy importante.

También hubo protagonismo en Duff Cattle Company, en Oklahoma, donde los toros angus argentinos se vendieron muy bien. Lo increíble no es solo haber llegado, sino que ahora tengan éxito. Que Kelly Schaff, el número uno del mundo, compre un hijo de un toro argentino es un golazo.

Cabañas como Schaff's Angus Valley garantizan la masificación de esta sangre. Los toros van a centros genéticos estadounidenses, lo que tiene potencial mucho más fuerte vía inseminación artificial para potenciar gran parte del rodeo. Estamos en el mejor momento de los últimos 20 años. Hay trabajo de décadas detrás de esto. Ahora el desafío es aprovechar esta ventaja para seguir mostrando lo que vale la genética argentina.
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