Acabo de ver cómo la jornada de votación sobre la reforma laboral en el Senado se convirtió en una batalla callejera bastante intensa. Todo comenzó temprano en la mañana cuando trabajadores de FATE y grupos de izquierda bloquearon casi completamente la autopista Panamericana, ramal Tigre. El operativo de seguridad fue masivo desde el inicio, con Gendarmería desplegada en todas partes. La cosa duró poco más de una hora en la ruta, pero después la tensión se trasladó directamente al centro porteño.



Lo más caldeado sucedió en la avenida 9 de Julio. La Policía de la Ciudad reprimió duramente un piquete a la altura del Obelisco, y los incidentes en el obelisco escalaron rápidamente cuando los manifestantes comenzaron a empujar contra los escudos de los uniformados. Fue bastante tenso ver cómo se armaba ese cordón policial para contener a la gente. En total fueron afectados unos 800 efectivos en ese operativo.

Para el mediodía, toda la protesta se concentró en las inmediaciones del Congreso. El Frente Sindical Unidos convocó un paro nacional con movilización, con presencia de la UOM, APLA, la Federación de Aceiteros, ATE, las dos CTA y La Fraternidad, entre otros. El Gobierno no se anduvo con vueltas: desplegó cerca de dos mil efectivos federales y de la Policía de la Ciudad. Infantería motorizada, camiones hidrantes, ambulancias del SAME, bomberos y grupos especiales. Desde Seguridad informaron que aplicarían el protocolo antipiquetes con total firmeza, sin importar cuánta gente se movilizara. Los incidentes en el obelisco dejaron claro que esto iba a ser un día complicado en las calles.
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