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Trump TACO no sirvió de nada, Wall Street paga por la mala interpretación
Las acciones de EE. UU. caen en bloque; el índice Nasdaq se desploma un 2,38%, marcando un nuevo mínimo desde el inicio del conflicto entre EE. UU. e Irán; Trump activa de urgencia el “gran movimiento” TACO, y vuelve a suspender el plan de ataques a Irán. ¿Esta vez Wall Street todavía se lo comprará? Trump, que antes dominaba a voluntad los mercados, parece haber perdido el control sobre los mercados financieros. ¿Qué crisis profunda se esconde detrás del error de juicio de Wall Street?
Falla el TACO, el mercado estadounidense se descontrola; el punto muerto del conflicto es difícil de romper
El 26 de marzo, los inversores chinos aún estaban en sueños; los tres principales índices cayeron en picado: el Dow Jones cayó más de un 1%, el S&P 500 bajó un 1,74% y, en cuanto a las acciones tecnológicas agrupadas en gran cantidad, el Nasdaq, cayó aún más, un 2,38%. En un solo golpe, perforó varios niveles de soporte y estableció el nivel más bajo desde que estalló el conflicto entre EE. UU. e Irán.
Ante la caída del mercado estadounidense, los bonos del Tesoro de EE. UU. vuelven a acercarse a la línea de alerta. Antes del cierre, Trump publicó un mensaje en redes sociales en el que anunció, a solicitud del gobierno iraní, que el plan de ataque a instalaciones energéticas se suspendería durante 10 días, hasta las 20:00 del 6 de abril, hora de la costa este de EE. UU. Aun así, todavía se jacta: “Los avances en las negociaciones van muy bien”.
Esta es otra operación TACO que realizó para estabilizar el mercado desde el lunes.
Originalmente, la primera vez que Trump aplicó TACO, fijó un periodo de amortiguación de 5 días. Wall Street, llena de expectativas, pensó que en esos 5 días el estrecho de Ormuz podría restablecer el tráfico y que el conflicto entre EE. UU. e Irán podría dar un giro. Pero la postura firme de Irán superó la imaginación de todos.
Tras 27 días desde el estallido del conflicto, el punto muerto no se ha roto en absoluto, muy por encima de las expectativas de Wall Street, e incluso traspasando el compromiso del gobierno de Trump.
El mercado ha perdido por completo la paciencia con el TACO de Trump. Antes, con que publicara un mensaje para calmar la situación, el mercado estadounidense reaccionaba con rebotes. Pero esta vez, tras su anuncio, no solo no subió el mercado, sino que aceleró su caída.
La estrategia TACO de Trump, en esencia, es una retirada a última hora tras aplicar presión extrema. Antes, el mercado le hacía caso porque “siempre lograba dar en el ritmo”. Pero esta vez, el punto muerto del estrecho de Ormuz rompió por completo esa “sintonía”.
Cuando el mercado descubrió que las promesas de Trump eran solo una “táctica para ganar tiempo”, incapaz de resolver realmente el conflicto, lo que se llamaba “las negociaciones van bien” no era más que autoengaño. Perder la confianza se volvió inevitable.
Desde el inicio del conflicto, todos pensaron que se trataba de una guerra. En las últimas décadas, Estados Unidos ha desencadenado innumerables guerras de un tamaño u otro.
Se daba por hecho que Trump podría, como antes, mantener la situación con la estrategia TACO y, de manera incluso optimista, se preveía que el conflicto duraría como mucho 10 días y que el estrecho de Ormuz restablecería pronto la navegación normal.
La realidad, sin embargo, era justo lo contrario: parecía estar diciendo que esta vez es diferente.
Para los mercados financieros, cuando el transporte de energía se bloquea, el precio del petróleo se dispara, las expectativas de inflación suben y se intensifica la expectativa de subidas de tipos de la Reserva Federal. Estas reacciones en cadena se convierten en factores clave que terminan por hundir los activos en dólares.
Las pérdidas de Wall Street van mucho más allá de la mera caída de las cotizaciones. Sí: la confianza de los inversores en Estados Unidos se ha derrumbado por completo y la confianza en los mercados financieros estadounidenses ha recibido un golpe devastador.
Antes, las declaraciones del presidente de Estados Unidos eran la “inyección tranquilizadora” para Wall Street. Pero ahora, cada mensaje de Trump podría desatar pánico en el mercado. Esta crisis de confianza es aún más difícil de reparar que una caída fuerte de las acciones, y ha sumido a los mercados financieros de EE. UU. en una situación pasiva sin precedentes.
Desde la perspectiva del entorno económico de Estados Unidos, el riesgo de inflación ya es prominente. El conflicto entre EE. UU. e Irán hace que los precios de la energía se disparen y agrava aún más la presión inflacionaria. La política monetaria de la Reserva Federal entra en un dilema: subir los tipos agitaría aún más a las acciones estadounidenses; no subirlos impediría contener la inflación.
Lo más clave es que, en esencia, la estrategia TACO de Trump es “apagar el incendio a costa de envenenar el cuerpo”. Quizá a corto plazo pueda calmar el ánimo del mercado, pero a largo plazo solo aumentará la incertidumbre, haciendo que Wall Street sea cada vez más cauteloso.
Una predicción audaz: mientras el conflicto entre EE. UU. e Irán no haya terminado realmente y el estrecho de Ormuz no haya restablecido la navegación normal, será difícil que el mercado estadounidense salga del vaivén.
Además, este episodio servirá de campanazo para los mercados financieros globales: la manipulación política, al final, no puede sustituir las leyes del mercado. Depender en exceso de las declaraciones de una sola figura política, finalmente, solo llevará a pagar un precio muy doloroso.
El tropiezo que ha sufrido Wall Street esta vez quizá les permita entender que las expectativas estables son el “pilar que estabiliza el mar” del mercado financiero.
El TACO de Trump no funcionar, no es solo un fracaso personal, sino la consecuencia inevitable del efecto de vuelta sobre cómo se manipula el mercado financiero desde la política en Estados Unidos. Cuando la política se sitúa por encima de las leyes del mercado, y cuando las promesas se convierten en “cheques sin fondos”, no solo pierde confianza Trump: también se erosiona la credibilidad de los mercados financieros estadounidenses.
El autor declara: opinión personal, solo para referencia