Dejas de negociar tu tiempo con las personas que nunca lo valoraron. Dejas de disfrazar la desesperación de lealtad. ¿Y la honestidad que de repente la gente nota? Siempre estuvo allí. Simplemente no podías permitirte expresarla. El dinero no construyó una nueva personalidad. Eliminó los filtros que tenías.

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