Últimamente, el mercado del oro ha experimentado una corrección que muchos consideran bajista, con el precio por onza cayendo por debajo de los 4,300 dólares, y la plata también ha bajado. En la comunidad se grita a menudo "vender", pero un analista que estudia los ciclos de los commodities a largo plazo, Kevin C. Smith, presenta una opinión completamente diferente.



Él cree que esta caída en las acciones de oro no es una señal de alerta, sino más bien una oportunidad de compra. Además, ofrece un consejo audaz: vender directamente fondos indexados del S&P 500 y transferir el dinero a acciones mineras de oro.

Este punto de vista puede parecer algo radical, pero su lógica se basa en la historia. Smith señala lo ocurrido durante la Guerra del Yom Kippur en 1973. En ese momento, los precios del petróleo se dispararon un 287% a principios de 1974, el S&P 500 sufrió un golpe severo, cayendo un 43.6% desde su máximo. ¿Y adivina qué? Las acciones mineras de oro (índice XAU) subieron un 165.8% en ese mismo período, mientras que el S&P 500 seguía cayendo un 31%. Un año después del inicio de la guerra, las acciones de oro todavía subían un 87%, mientras que las acciones tradicionales estaban en mínimos.

Su lógica es clara: la presión inflacionaria, especialmente la provocada por los shocks energéticos, hará que los fondos se muevan desde las acciones sobrevaloradas en EE. UU. hacia activos tangibles como el oro.

Mirando la situación actual, desde finales de febrero, cuando Israel y EE. UU. lanzaron ataques con misiles contra Irán, los futuros del petróleo crudo de Texas han subido un 46.7%. La rápida subida de los precios de la energía ciertamente recuerda la ola inflacionaria de los años 70. Pero aquí hay una contradicción: mientras el mercado habla de miedo a la inflación, también está vendiendo oro y plata.

La interpretación de Smith es que esto no es un cambio de tendencia, sino una manipulación del mercado. Las grandes empresas estadounidenses todavía se negocian con altas valoraciones, y las condiciones para que el dinero fluya hacia las acciones mineras de oro ya están maduras, como en los años 70.

Su lógica de inversión se basa en dos pilares. Primero, el impacto del shock petrolero afectará las ganancias corporativas y las valoraciones de las acciones. Segundo, la experiencia histórica muestra que, en este entorno, las acciones mineras de oro rendirán mucho más que otros activos. Por eso, considera que, en lugar de mantener acciones que ya no están baratas, es mejor aprovechar la corrección en las acciones de oro para entrar en el mercado. Es una apuesta directa a la tendencia de diferenciación de activos que él anticipa.
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