¡Guerra de represalias comerciales! La investigación sobre barreras comerciales de China apunta directamente a la debilidad de Estados Unidos

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(来源:时报新征途)

¡El enfrentamiento comercial entre China y EE. UU. se intensifica de nuevo! China de repente ha iniciado una “guerra de represalias del 301”. Justo antes de la visita de Trump a China, ¿qué secretos esconde realmente esta batalla comercial?

Recientemente, el Ministerio de Comercio de China tomó medidas de manera repentina y lanzó dos investigaciones sobre barreras comerciales contra Estados Unidos, señalando las conductas de EE. UU. de “destruir cadenas de suministro globales” y “obstaculizar el comercio de productos verdes”. Esta acción responde directamente a las investigaciones del 301 que EE. UU. había iniciado previamente contra varios entes económicos chinos. A primera vista, parece una fricción comercial; en realidad, hay múltiples juegos detrás.

Primero, veamos el trasfondo: la Oficina del Representante Comercial de EE. UU. envió el 12 y 13 de marzo golpes consecutivos: primero, acusando a China, entre otros 16 entes económicos, de “exceso de capacidad”, inició investigaciones del 301; luego, dio un giro y, bajo el nombre de “trabajo forzoso”, dirigió sus dardos contra 60 entes económicos, incluidos China. El Ministerio de Comercio de China no se quedó atrás: el 27 de marzo respondió con rapidez y, contra las conductas de EE. UU. de destruir cadenas de suministro y reprimir la industria verde, puso en marcha dos investigaciones sobre barreras comerciales. La postura de China es firme: “fuerte descontento y oposición resuelta”.

Las investigaciones del 301 de EE. UU. parecen razonables, pero en realidad están llenas de cálculo. La razón de fondo es directa: el año pasado, la Corte Suprema de EE. UU. dictaminó que era ilegal que Trump, durante su mandato, aprobara el aumento de aranceles mediante el estado de emergencia; la Casa Blanca necesita con urgencia una nueva base legal para mantener la presión arancelaria sobre China. Entonces, el gobierno de Trump sacó a relucir la Sección 301 de la “Ley de Comercio de 1974” para intentar “darle vida” a los aranceles. Pero aquí está el problema: la OMC ya dictaminó que los aranceles del 301 de EE. UU. son ilegales; la medida del lado estadounidense es, en esencia, “equivocarse doble”.

La contraacción de China es precisa y contundente. La investigación apunta a dos grandes puntos dolorosos de EE. UU.: primero, “destruir la cadena de suministro global”. Mediante medidas como limitar las exportaciones a China y prohibir la entrada de productos chinos, EE. UU. ha revuelto el comercio internacional. Por ejemplo, imponer un arancel del 100% a los vehículos eléctricos de China y gravar los productos solares con un 50%; estas acciones no solo violan las reglas de la OMC, sino que también revelan su esencia proteccionista. Segundo, “obstaculizar el comercio verde”. EE. UU., por un lado, alardea de proteger el medio ambiente, pero por el otro, pone trabas a la industria de energías renovables de China; no es más que “querer y no querer a la vez”.

El juego más profundo está en el plan de Trump para visitar China: las negociaciones comerciales son un tema clave. En este momento, iniciar investigaciones del 301 es claramente querer “poner las cartas sobre la mesa con ventaja”. Pero China lo ve de inmediato: “si haces investigaciones, yo hago represalias con investigaciones”, y así se mantiene el control en sus manos. Como dijeron los expertos, la investigación del 301 de China no es “solo de adorno”, sino que construye un marco de represalias que puede actualizarse: si en el futuro EE. UU. intensifica, China puede “responder de inmediato” en cualquier momento.

En esta contienda, la estrategia de China está clara: usar la ley como escudo, y usar las represalias como espada, con la negociación como tablero. En el plano legal, citar la “Ley de Comercio Exterior” y las “Reglas de Investigación sobre Barreras” tiene fundamentos sólidos; en el plano de las represalias, atacar con precisión los puntos dolorosos de EE. UU.; en el plano de la negociación, dejar una salida prevista, esperando a ver qué hace el lado estadounidense. Bloomberg lo resumió con precisión: China con esto le está diciendo a EE. UU.: “No piensen en subir aranceles; nuestras armas ya están cargadas”.

Ahora bien, miremos la reacción de EE. UU.: está llena de contradicciones. El representante comercial Greer afirma que las investigaciones de China son “simbólicas”, pero no puede ocultar la ansiedad de EE. UU. En realidad, el problema de EE. UU. está en todas partes: la desindustrialización se agrava, las fábricas de chips no se pueden construir, hay muy pocos puntos de carga para vehículos eléctricos y la transición verde avanza con dificultad. Mientras tanto, la industria de energías renovables de China se está expandiendo con fuerza; cuanto más EE. UU. pone trabas, más se nota su falta de confianza.

En última instancia, la esencia de esta guerra comercial es que EE. UU. usa métodos de hegemonía para sostener su decadente hegemonía, mientras que China utiliza las reglas como arma para defender derechos legítimos. Tal como enfatizó el portavoz de China: no estamos “dando discursos”, sino construyendo un sistema de represalias que sea operable. En el futuro, si EE. UU. continúa agitando el “gran palo” del 301, China necesariamente “responderá con la misma moneda”.

部分素材来源:新华网

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