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Esta es una historia bastante oscura que realmente ilustra lo peligroso que puede volverse el espacio cripto cuando el fraude y el crimen organizado se cruzan. Kevin Mirshahi, un joven de 25 años que dirigía un grupo de Telegram de inversión en criptomonedas llamado Crypto Paradise Island, fue secuestrado el 21 de junio de 2024 en un garaje de Montreal junto con otras tres personas. Dos de las víctimas fueron encontradas con vida al día siguiente, pero Mirshahi desapareció. Para agosto, las autoridades confirmaron lo peor: había sido asesinado. Su cuerpo apareció meses después en el parque Île-de-la-Visitation en octubre.
Pero aquí es donde se vuelve aún más inquietante. Antes de su muerte, Mirshahi ya estaba bajo investigación por dirigir lo que equivale a un esquema de pump-and-dump de libro. El esquema giraba en torno a un token llamado Marsan (MRS), creado por Antoine Marsan y Bastien Francoeur a través de su empresa Marsan Exchange. El token se lanzó el 14 de abril de 2021, y Mirshahi fue pagado en tokens para promocionarlo entre sus seguidores.
Las cifras cuentan la historia. Marsan alcanzó los CAD $5.14 (alrededor de $3.67 USD) solo tres días después del lanzamiento, comportamiento clásico de pump. Luego, Antoine Marsan y los otros principales tenedores vendieron sus tokens el 18 de abril, y el precio colapsó a $0.39. Miles de personas fueron arruinadas en esa operación, especialmente los aproximadamente 2,300 miembros del grupo, muchos de ellos adolescentes entre 16 y 20 años.
El regulador de inversiones de Quebec, la Autorité des marchés financiers (AMF), había estado investigando la operación de Mirshahi desde 2021. Le prohibieron actuar como corredor, le prohibieron operar en valores y le ordenaron eliminar todas sus publicaciones promocionales. Pero él ignoró las órdenes y siguió dirigiendo un grupo de Telegram llamado Amir para seguir impulsando inversiones en cripto.
Lo sorprendente es que, a pesar de la prohibición regulatoria, Mirshahi continuó operando. Esto demuestra lo difícil que es hacer cumplir realmente estas reglas en el espacio cripto, especialmente cuando alguien está decidido a seguir adelante. La situación del token de Antoine Marsan se convirtió en una advertencia sobre lo rápido que estos esquemas pueden volverse predatorios, particularmente cuando apuntan a inversores jóvenes y con menos experiencia.
Este caso forma parte de un patrón más amplio que está surgiendo en todo Canadá: los delitos relacionados con criptomonedas, incluyendo secuestros y ataques violentos, están en aumento. Es un recordatorio de que el mundo cripto todavía enfrenta graves problemas de seguridad y fraude que van mucho más allá de la simple volatilidad del mercado.