Después de cenar, fui a dar un paseo por la plaza y me encontré con un señor mayor con quien charlé un rato.


Hablamos de cómo, en los días previos al Año Nuevo, su esposa, en su segundo día de casada, lloraba y se fue a casa de su madre.
La suegra no quiso quedarse atrás y vino a preguntarle: "¿Qué le has hecho a mi hija?"
El señor: "No le he hecho nada."
La suegra: "Entonces dice que le asustaste."
El señor: "Eso fue porque le asusté con mi ropa interior."
La suegra: "¿Qué pasa con tu ropa interior?"
El señor: "En nuestra familia somos pobres, no tenemos dinero para comprar tela para ropa interior, así que hicimos una con una bolsa de harina. Cuando ella la vio, se asustó por las letras que estaban en ella."
La suegra: "¿Qué letras estaban escritas?"
El señor: "Peso neto 25 kilos..."
El señor me contó que cuando era joven, las bolsas de harina estaban hechas de tela, no como ahora que son sacos de tejido, y que las marcas de peso eran grandes y de color rojo.
Ver originales
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
  • Recompensa
  • Comentar
  • Republicar
  • Compartir
Comentar
Añadir un comentario
Añadir un comentario
Sin comentarios
  • Anclado