He notado un interesante paradoja en la economía mundial: la moneda más cara y el pasaporte más poderoso a menudo pertenecen a países diferentes. Decidí investigar sobre este tema.



Primero, sobre las monedas. El dinar kuwaití lleva muchos años en primer lugar como la moneda más cara del mundo. Le siguen el dinar de Bahréin, el dinar de Omán y el dinar jordano. Luego, los europeos se acercan: la libra esterlina, el franco suizo y el euro. Es interesante que el dólar estadounidense, a pesar de su influencia, se encuentra aproximadamente en la mitad de esta clasificación. Los últimos en la lista son el dólar canadiense, el dólar de Singapur y el dólar de Brunéi.

Pero en cuanto a los pasaportes, la situación es completamente diferente. Singapur, Corea del Sur y Japón encabezan la clasificación en movilidad sin visa. Los europeos también están en la cima: alemanes, españoles, italianos, franceses, suecos, holandeses. Suiza, a pesar de tener la moneda más cara, el franco, también está en los líderes. El bloque europeo claramente domina la lista.

Luego vienen Grecia, Portugal, Irlanda, Malta, seguido por Australia, Nueva Zelanda, Canadá y los EAU. Es interesante que EE. UU., aunque es una potencia mundial, no esté en la parte superior de la lista. Los últimos en el top-15 son Hungría, Polonia, República Checa, Islandia, Eslovaquia y varios países bálticos, además de Eslovenia y Malasia.

La conclusión es simple: la riqueza de una moneda no garantiza comodidad en los viajes. Aquí operan mecanismos completamente diferentes.
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