Recientemente alguien me preguntó qué es exactamente la minería de Bitcoin y por qué consume tanta electricidad. Entonces me di cuenta de que muchas personas todavía tienen una idea vaga sobre este concepto.



Primero, la conclusión: ¿qué es la minería? En pocas palabras, es el proceso de usar computadoras para realizar cálculos complejos y así obtener bitcoins. Suena sencillo, pero en realidad su consumo de energía es asombroso.

Al principio, cuando Satoshi Nakamoto creó Bitcoin, con una sola computadora doméstica se podían minar 50 monedas, por lo que el consumo de electricidad no era alto. Pero a medida que más personas entraron en el mercado, la situación cambió por completo. El mecanismo de emisión de Bitcoin determina todo esto: un total fijo de 21 millones de monedas, y cada 210,000 bloques la recompensa se reduce a la mitad. En términos simples, lo que antes podía minarse con una computadora en un día ahora requiere dos computadoras en dos días, y la dificultad aumenta exponencialmente.

Por eso, los dueños de las granjas de minería deben actualizar continuamente sus equipos para mantenerse por delante de la competencia, comprando dispositivos con mayor capacidad de cálculo. Actualmente, una sola máquina minera consume alrededor de 35 kW, y la electricidad que consume una granja minera en un día puede satisfacer las necesidades eléctricas de toda una vida de una persona común. Datos muestran que en 2021, el consumo eléctrico de la minería de Bitcoin alcanzó los 134.89 TWh, y si se considerara un país, estaría en el puesto 27 en consumo mundial, equivalente al consumo anual de Malasia.

La razón detrás de esto es muy interesante. En 2008, estalló la crisis financiera, la Reserva Federal imprimió dinero a lo loco, y el dólar empezó a devaluarse de manera definitiva. En ese contexto, Satoshi Nakamoto publicó el white paper de Bitcoin, intentando desafiar la hegemonía del dólar con una moneda electrónica descentralizada. Al principio, nadie le prestó atención, solo circulaba entre programadores, e incluso hubo quien compró una pizza con 1000 bitcoins.

Pero luego las cosas cambiaron. Con el aumento de la notoriedad, especialmente en 2020 cuando la Fed volvió a inyectar dinero a gran escala, el precio de Bitcoin subió hasta 68,000 dólares. Sin embargo, en mi opinión, gran parte de esa subida fue una burbuja especulativa. Bitcoin en sí no es una necesidad básica; desde la perspectiva del valor laboral, la electricidad y recursos que consume no pueden medir su valor real. Su único valor puede residir en su descentralización y anonimato, pero al volver a su esencia monetaria, enfrentará la competencia de las monedas tradicionales.

Por eso, mi país está tomando medidas contra la especulación con Bitcoin. Primero, porque el desperdicio de recursos energéticos es muy grave. Antes de mayo de 2021, casi el 70% de las granjas mineras de Bitcoin estaban en China, donde los mineros aprovechaban las temporadas de agua abundante en Yunnan, Guizhou y Sichuan para comprar electricidad barata, y en épocas de sequía se desplazaban a Mongolia Interior y Xinjiang para comprar energía térmica económica. Se estima que para 2024, la minería en China consumirá la electricidad equivalente a 3.5 veces la capacidad de la presa de las Tres Gargantas cada año.

En segundo lugar, la anonimidad de Bitcoin facilita el lavado de dinero, el tráfico de drogas y las estafas. Para combatir estas actividades ilícitas, primero hay que cortar la cadena de transmisión de Bitcoin.

Lo más importante es defender la soberanía monetaria. En septiembre de 2021, El Salvador convirtió a Bitcoin en moneda de curso legal, pero este año, con la caída del mercado bajista, tuvieron pérdidas que superan los millones de dólares, y podrían convertirse en el primer país en quebrar por especulación con criptomonedas. Esto demuestra que, tanto para países como para individuos, la especulación con criptomonedas es esencialmente un juego de azar, que puede corroer el espíritu y consumir la ética laboral de la nación.

Por eso, apoyo las medidas de mi país para combatir la especulación con Bitcoin. En lugar de dejarse llevar por estos activos virtuales, es mejor enfocar esfuerzos en la economía real y en la innovación tecnológica genuina.
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