Revelación del proceso de minería de Bitcoin: una interpretación completa desde el consumo de energía hasta el valor de mercado

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La minería de Bitcoin se ha convertido en el foco de atención mundial. Según los datos de un estudio de mediados de 2021 de la Universidad de Cambridge, el consumo de electricidad de las actividades de minería de Bitcoin ha alcanzado 134.89 teravatios-hora; calculado con ese mismo nivel, si se considerara como una economía independiente, su consumo eléctrico ocuparía el puesto 27 entre los países del mundo, equivalente al total anual de electricidad consumida por todo Malasia. Detrás de estos asombrosos datos, ¿qué lógica operativa se esconde? ¿Por qué esta “fiebre del oro” del mundo virtual necesita consumir tanta energía?

El costo de la fiebre virtual: por qué la minería de Bitcoin no deja de aumentar su consumo eléctrico

En el mundo real, la extracción minera requiere grandes equipos mecánicos y una inversión de energía; y en el mundo digital, la minería de Bitcoin también sigue la regla de “esfuerzo mayor para obtener más”, solo que ese esfuerzo se convierte en una competencia por el consumo de electricidad y la capacidad de cómputo.

La minería de Bitcoin en sus inicios no era así de intensiva en energía. Al comienzo del surgimiento de Bitcoin, el creador, Satoshi Nakamoto, desarrolló 50 Bitcoins usando solo una computadora doméstica, y la electricidad consumida era prácticamente insignificante. Pero a medida que entraron cada vez más participantes en este mercado, la dificultad para obtener Bitcoin aumentó con una velocidad exponencial. La razón de ello reside en el mecanismo particular de emisión de Bitcoin.

El suministro total de Bitcoin está limitado de manera permanente a 21 millones de monedas. En el diseño del protocolo, los mineros reciben una recompensa de Bitcoin por cada “bloque” válido que se produce, pero la cantidad de esa recompensa no es fija. Al principio, a los mineros se les premiaba con 50 Bitcoins por cada bloque encontrado; sin embargo, después de producir 210,000 bloques, la recompensa se reduce automáticamente a la mitad. Esta estructura de recompensas decrecientes impulsa a los mineros a seguir actualizando el hardware para adelantarse en una competencia cada vez más intensa.

Desde las computadoras personales hasta las tarjetas gráficas GPU, y hasta las máquinas mineras profesionales de hoy, la carrera armamentista del hardware para minar Bitcoin no se ha detenido. Las máquinas mineras modernas incorporan “chips de minería” diseñados específicamente, basados en cómputo masivamente paralelo para resolver problemas criptográficos complejos. El consumo de energía de una sola máquina minera ronda los 35 grados de electricidad, y el consumo eléctrico diario de un gran centro minero es suficiente para cubrir el gasto eléctrico de toda la vida de una persona común. Además de la energía consumida por el propio equipo de cómputo, la electricidad necesaria para los sistemas de enfriamiento y disipación de calor también representa un gasto enorme: tanto los ventiladores del gabinete como los sistemas de refrigeración por agua siguen consumiendo valiosa energía.

Este mecanismo seguirá funcionando hasta el año 2140, cuando se habrán emitido por completo los 21 millones de Bitcoins. Si se proyecta según la tendencia actual, el consumo eléctrico de la minería se enfrentará a una curva de crecimiento aún más severa.

Un dilema de valor: de dónde provienen realmente las ganancias de la minería de Bitcoin

Después de comprender el mecanismo de la minería de Bitcoin, es inevitable que nos planteemos una pregunta más profunda: en esta competencia intensiva en electricidad, ¿qué tipo de valor obtienen finalmente los Bitcoins?

Bitcoin nació en 2008, en el contexto de la crisis financiera global. En ese momento, la tormenta de las hipotecas subprime se extendió por todo el mundo, y la Reserva Federal se vio obligada a poner en marcha una política de flexibilización cuantitativa sin precedentes. Ante la depreciación continua del dólar, una figura misteriosa que se hacía llamar “Satoshi Nakamoto” publicó a finales de año un libro blanco titulado “Bitcoin: Un sistema de efectivo electrónico punto a punto”, intentando contrarrestar el sistema monetario tradicional mediante una moneda electrónica descentralizada. Posteriormente, en enero de 2009, la red de Bitcoin se puso en marcha oficialmente y dio origen al bloque génesis.

Al principio, Bitcoin solo circulaba en un círculo muy pequeño de programadores, sin atraer a mucha atención. Entre los relatos circulaba una historia clásica: un desarrollador temprano utilizó las 1000 monedas de Bitcoin obtenidas mediante minería para comprar dos pizzas, lo cual en ese momento era una transacción tan normal como cualquiera. Pero con el impulso de los entusiastas de la tecnología y de los liberales, Bitcoin fue ganando reconocimiento gradualmente a escala mundial, e incluso en el mundo de la dark web se convirtió en una “moneda dura” para realizar transacciones ilegales.

La creciente popularidad impulsó una escalada de precios. Desde menos de 1 dólar, pasando el umbral de los 3000 dólares, y hasta superar el máximo histórico de 68000 dólares durante el nuevo “alivio monetario” de la Reserva Federal en 2020, la curva de apreciación de Bitcoin es realmente impactante.

Sin embargo, desde la lógica básica de la economía, el valor real de Bitcoin resulta preocupante. En primer lugar, Bitcoin no es un producto de necesidad urgente para la sociedad humana: nadie no puede vivir solo porque no tenga Bitcoin. En segundo lugar, las actividades de minería en sí no pueden medirse según la teoría tradicional del valor del trabajo, porque su “tarea” consiste esencialmente en resolver un problema criptográfico, y el valor social de ese trabajo es difícil de cuantificar. En tercer lugar, durante más de una década desde su aparición, Bitcoin ha permanecido fuera del sistema mundial regular de circulación de mercancías, y no ha logrado desempeñar de verdad la función de circulación de la moneda.

Desde este punto de vista, el elevado precio actual de Bitcoin proviene en gran medida del comportamiento especulativo del mercado, más que de su valor intrínseco. Se valora por ciertas personas principalmente porque posee características como la descentralización, el anonimato y la dificultad para perderse, lo que le otorga cierto atractivo como “activo digital”. No obstante, en cuanto Bitcoin intente volver a la esencia de “moneda”, inevitablemente se enfrentará a una competencia directa con la moneda soberana, y su prima se evaporará rápidamente. Al final, el “costo” más tangible de la minería de Bitcoin —la enorme factura de electricidad y la depreciación de las máquinas mineras— es el verdadero ancla del valor.

Perspectiva regulatoria: por qué los gobiernos de distintos países muestran un “cartón rojo” a la minería de Bitcoin

Después de entender el costo y el dilema de valor de la minería de Bitcoin, podemos comprender mejor la lógica regulatoria de los gobiernos de cada país.

La postura de China es la más firme. A mediados de 2021, el banco central, junto con los departamentos pertinentes, emitió un anuncio para combatir con firmeza las actividades de especulación con criptomonedas. Este cambio de política no fue repentino, sino que se basó en múltiples consideraciones pensadas a fondo.

Consideraciones energéticas: Según las estadísticas, antes de mayo de 2021, cerca de siete décimas partes de las granjas mineras de Bitcoin del mundo estaban ubicadas en China. Los dueños de las granjas mueven las operaciones según los cambios estacionales: en la temporada de abundancia de agua se trasladan a lugares como Yunnan, Guizhou y Sichuan para comprar electricidad hidroeléctrica barata; en la temporada de escasez de agua, se orientan a regiones ricas en recursos carboníferos como Mongolia Interior y Xinjiang para comprar electricidad térmica. Algunas previsiones de la industria señalan que, si no se detiene, el consumo anual de electricidad de la minería de Bitcoin en China podría alcanzar la producción anual de electricidad de 3.5 grandes represas de las Tres Gargantas. Esto es una carga inaceptable para un gran país que se compromete con la optimización energética y la neutralidad de carbono.

Riesgos financieros: Las características de anonimato de Bitcoin lo convierten en una herramienta natural para industrias “negras” como el lavado de dinero, el tráfico de drogas y la transferencia fraudulenta de fondos. Combatir el ecosistema de Bitcoin, en esencia, equivale a cortar el flujo vital del capital ilegal.

Soberanía monetaria: La consideración más fundamental es preservar la estabilidad financiera y la soberanía monetaria. A medida que los criptoactivos como Bitcoin se infiltran en la sociedad, podrían socavar el control de un país sobre su sistema financiero e incluso, en situaciones extremas, amenazar la seguridad financiera. En septiembre de 2021, El Salvador, un pequeño país de Centroamérica, declaró Bitcoin como moneda de curso legal, convirtiéndose por un tiempo en el foco mundial. Sin embargo, apenas unos meses después, la caída del precio de Bitcoin hizo que ese país sufriera pérdidas de varios decenas de millones de dólares, e incluso hubo quienes señalaron que El Salvador podría convertirse en el primer país en quedar al borde de la bancarrota debido al “trading especulativo” de criptomonedas. Este caso demuestra de manera contundente el grado de amenaza que las monedas virtuales representan para la estabilidad financiera de un país.

Desde esta perspectiva, la represión de la minería de Bitcoin por parte de los países no es un capricho sin motivo, sino una elección racional basada en la seguridad energética, los riesgos financieros y la preservación de la soberanía. Tanto para los países como para las personas, la esencia del “trading especulativo” es muy similar a la de la apuesta: consume recursos, genera riesgos, pero le cuesta crear un verdadero valor social.

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