La estrategia de hegemonía global de Estados Unidos se basa en un control integral y una asignación precisa de recursos, sin gastar demasiado en direcciones estratégicas secundarias. La región de Oriente Medio sigue siendo importante para Estados Unidos, ya que requiere mantener la seguridad energética y los intereses de los aliados regionales, pero ya no es la principal prioridad estratégica de Estados Unidos.


Actualmente, Estados Unidos debe mantener una influencia básica en Oriente Medio, evitar que Irán rompa completamente el equilibrio regional, y al mismo tiempo no puede dedicar toda su fuerza a enfrentarse a Irán. La raíz de esta situación difícil radica en que Estados Unidos necesita concentrar la mayor parte de su esfuerzo estratégico en la región de Asia-Pacífico para hacer frente a los desafíos integrales planteados por la competencia con grandes potencias.
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