Académico estadounidense: Irán está contrarrestándonos con el guion de Estados Unidos

Autor: Edward Fishman

El señor Fishman es autor de un libro titulado “Dominar los puntos de estrangulamiento: la supremacía estadounidense en la era de la guerra económica”.

“Estamos aplicando contramedidas estilo jiu-jitsu contra Irán”. Así lo dijo el domingo el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent. Estados Unidos acaba de levantar las sanciones a aproximadamente 140 millones de barriles de petróleo iraní, lo cual muy probablemente proporcionará a un régimen iraní que combate contra Estados Unidos ingresos de decenas de miles de millones de dólares. En opinión de Bessent, Estados Unidos está usando el propio petróleo de Irán para contrarrestar a Irán. Irán quiere impulsar los precios del petróleo hasta el punto de obligar al presidente Trump a ceder. Bessent afirma que, al relajar las sanciones, Estados Unidos puede inyectar grandes cantidades de petróleo en el mercado, con lo que se reduce el precio.

Si en esta guerra hubo algún bando que realmente aplicó ese “jiu-jitsu”, en realidad fue Irán. Desde 1995, Teherán logró por primera vez vender petróleo directamente a Estados Unidos y utilizar el sistema financiero estadounidense para cobrar los pagos. Al bloquear el Estrecho de Ormuz durante varias semanas, las flexibilizaciones de sanciones que Irán obtuvo en algunos aspectos incluso superaron los resultados logrados en el acuerdo nuclear de 2015. Durante mucho tiempo, Estados Unidos ha armado el sistema financiero para avanzar sus objetivos geopolíticos. Ahora, Irán también ha aprendido a replicar ese modelo con vías de paso energéticas clave a escala global, y lo ha hecho precisamente con estrategias aprendidas de Estados Unidos.

Poco después de ganar la reelección en 2004, el presidente George W. Bush se lamentó de que no tenía suficientes cartas a su favor: “Nos hemos sancionado hasta el punto de que no tenemos ningún efecto sobre Irán”, dijo. Tras una década de embargo, casi no existía ya ningún intercambio comercial o inversión entre Estados Unidos e Irán. Como quedaban muy pocos objetivos que se pudieran sancionar, Washington consideraba que solo había un camino para aumentar la presión: convencer a los aliados para que se sumaran. Pero muchos aliados no veían a Irán como una amenaza inminente. La guerra de Irak también dañó la credibilidad de Estados Unidos, y casi ningún socio estaba dispuesto a arriesgarse a verse envuelto en otro conflicto caótico.

En un desayuno en un hotel de Bahréin, cuando el subsecretario del Tesoro de la administración Bush, Stuart Levey, hojeaba el periódico, vio una nota sobre un banco suizo que cortaba voluntariamente sus negocios con Irán. “De pronto, me vino una idea”, recordó más tarde. Estados Unidos no necesitaba convencer a gobiernos extranjeros para que se alejaran de Irán; podía obligar a los bancos de distintos países —de Londres, Frankfurt, Dubái hasta Hong Kong— a hacerlo.

En los años siguientes, Levey y sus sucesores hicieron precisamente eso. Amenazaban a los bancos extranjeros: si no cortaban los vínculos con Irán, serían excluidos del sistema del dólar, aislandolo así de forma efectiva del sistema financiero internacional. Estados Unidos rara vez necesitó hacer valer realmente esas amenazas. Según un funcionario estadounidense, la estrategia consistía en “asustar al resto para que hagan caso”, y Washington casi nunca recurrió a las llamadas sanciones secundarias. Y aun cuando se aplicaron pocas veces, bastó para que todos los demás comprendieran la situación. Sancionar solo a un banco chino era suficiente para cambiar el umbral de tolerancia al riesgo de todas las demás instituciones.

En las últimas semanas, Irán ha dado la vuelta a esta estrategia y la ha aplicado contra Estados Unidos. Durante mucho tiempo, los analistas han considerado que, para bloquear el Estrecho de Ormuz, Irán tendría que desplegar miles de minas submarinas, de modo que los canales fueran físicamente intransitables. Esto también hacía que el acto pareciera poco probable, porque el propio Irán depende de esa ruta para exportar petróleo.

Pero los hechos han demostrado que Irán puede perturbar el paso del estrecho con un costo mucho menor. Al usar drones y misiles relativamente baratos para atacar solo a unos cuantos buques, Teherán logró reconfigurar la lógica de evaluación del riesgo del transporte marítimo global. Irán no necesita atacar cada barco, igual que Estados Unidos no necesita sancionar a cada banco. Con solo algunos casos basta para forzar a los demás a someterse dócilmente.

Aunque el presidente Trump se empleó a fondo —incluyendo ofrecer un seguro con garantía gubernamental y animar a los marinos a “tener algo de valentía”—, desde el estallido de la guerra el volumen de paso por el estrecho ha caído alrededor de un 90%. La mayoría de los pocos buques que aún transitan son, en su mayoría, iraníes. En realidad, Teherán se ha convertido a sí mismo en el “guardián de la puerta” del estrecho, cobrando varios millones de dólares en peajes para asegurar el paso seguro de los buques.

Los objetivos de guerra de la administración Trump han oscilado entre el cambio de régimen, la desnuclearización y la debilitación militar, pero ahora su objetivo central es uno solo: reabrir el estrecho. Otra lección de las acciones de sanción de Estados Unidos podría influir en el rumbo que venga. Tras alcanzarse el acuerdo nuclear iraní de 2015, los bancos globales fueron autorizados a reanudar sus negocios con Irán. En ese momento, Levey, director legal jefe del banco HSBC, consideraba que el riesgo al que se enfrentaba el banco seguía siendo demasiado alto. El régimen iraní no había sufrido un cambio fundamental, y Estados Unidos en cualquier momento podría volver a endurecer las sanciones.

Aumentar la percepción del riesgo es, con mucho, más fácil que eliminarlo. Los drones de Irán son baratos y numerosos, y el conflicto podría reavivarse en cualquier momento. Incluso si esta ronda de combates llega a su fin, el mercado seguirá temiendo que Irán pueda perturbar el estrecho a voluntad; esto frenará las inversiones, reducirá el volumen de tránsito y llevará al mercado energético global a un estado de subida de precios prolongada.

Irán ya se ha empapado del meollo de la política exterior de Estados Unidos. Aprovecha las herramientas de las que dispone para amplificar el riesgo y obligar a que, sin darse cuenta, las instituciones privadas se conviertan en instrumentos de su estrategia nacional. Esta estrategia, sin duda, ha dado resultado: logró una flexibilización de sanciones que los años de negociación diplomática no habían podido conseguir. Es posible que Teherán ahora determine que intensificar la presión es la mejor manera de obtener más concesiones.

¿Y si otros países también llegaran a la misma conclusión? ¿Qué ocurriría? Si el mundo eligiera enfrentarse en lugar de negociar para responder a Estados Unidos, la estabilidad será aún más difícil de lograr, incluso aunque se logre, el costo será mayor.

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Responsable: Guo Mingyu

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