Las personas envidian la calma de los fuertes, pero no saben que esa calma alguna vez fue una daga afilada. ¿Quién nace con serenidad? No es más que haber soportado solo en un abismo sin respaldo, atravesando en soledad cosas más difíciles que las que están frente a uno. La ruptura en silencio, soportar con dureza se ha convertido en un hábito, y así se ha perfeccionado la habilidad de mantener la expresión imperturbable incluso ante la caída de la montaña. No se asustan ante los problemas, solo porque las tormentas pasadas ya fueron enfrentadas en soledad. La estabilidad es la huella más profunda de los fuertes, no es indiferencia.

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