La industria vinícola argentina enfrenta dificultades internas y externas, con 1,100 viñedos cerrados

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¿Pregunta a AI · Cómo están redefiniendo las preferencias de los consumidores jóvenes el mercado del vino en Argentina?

La próspera industria vitivinícola de Argentina enfrenta su peor crisis en más de 15 años: consumo interno en mínimos históricos, exportaciones en constante disminución y bajos niveles de producción de uva.

Frente a esta dura realidad, la semana pasada cientos de amantes del vino se reunieron en la región vitivinícola central de Mendoza para participar en la tradicional “Fiesta Nacional de la Vendimia”. Los asistentes disfrutaron de bailes en vivo, música en directo y votaron por la nueva “Reina de la Vendimia”.

En el 90º aniversario de esta celebración, datos del Instituto Nacional de Viticultura muestran que el consumo interno de vino cayó a su nivel más bajo en la historia, con un consumo per cápita en 2025 de 15,7 litros (4,1 galones). En comparación, en 1970, el consumo per cápita alcanzaba los 90 litros (24 galones).

Al mismo tiempo, 1.100 bodegas han cerrado y la superficie de viñedos se redujo en 3.276 hectáreas (8.095 acres).

El presidente de la Asociación de la Industria del Vino en Argentina, Fabián Rujeri, atribuye la caída del consumo principalmente a la “fuerte disminución del poder adquisitivo” desde 2023. Señala que esta tendencia es especialmente marcada en los sectores de ingresos medios y bajos, que tradicionalmente son los principales consumidores diarios de vino.

Para Federico Gambera, responsable de la bodega mediana Altos Las Hormigas en Mendoza, el cambio en los patrones de consumo ha agravado aún más la crisis.

Gambera comenta: “Ya no se bebe vino en grandes cantidades”. Él señala que los consumidores ahora valoran más la “compatibilidad” y el valor percibido del producto.

Las generaciones mayores prefieren vinos con mayor graduación alcohólica y sabores intensos, mientras que los consumidores jóvenes valoran características como “facilidad de consumo, frescura y ligereza”, que son más comunes en vinos blancos y rosados.

Un vino tinto de Gambera, el “Malbec Los Amantes 2022”, ocupó recientemente el puesto 41 en la lista de los mejores vinos del mundo. Sin embargo, él explica que desde 2010 su bodega ha comenzado a modificar su estilo: de sabores tradicionales y pesados a estilos más ligeros, para adaptarse a las preferencias de la nueva generación.

Gambera afirma: “Todo está cambiando. Si no te adaptas activamente, te quedas atrás”.

Estados Unidos también está experimentando cambios similares: con la salida paulatina de los consumidores mayores, principalmente de la generación del baby boom, la generación millennial y Z no han logrado llenar ese vacío. Un informe del Silicon Valley Bank indica que las generaciones millennial y Z diversifican sus bebidas y que el consumo total ha disminuido, especialmente en menores de 29 años.

El mercado internacional también no ha logrado aliviar la presión. Según datos del Instituto Nacional de Viticultura, Argentina, el 11º mayor exportador mundial de vino, reducirá sus exportaciones en 2025 a 193 millones de litros (51 millones de galones), un descenso del 6,8% respecto al año anterior, alcanzando el nivel más bajo desde 2004.

Rujeri señala que las dificultades de financiamiento, los altos costos logísticos y la competencia derivada de aranceles externos están afectando las exportaciones argentinas. En contraste, países vecinos como Chile, que compiten en el mercado del vino, han firmado acuerdos de libre comercio con más de 60 economías, permitiéndoles acceder a mercados como China con aranceles cercanos a cero, mientras que Argentina aún enfrenta aranceles del 10% al 20% en la mayoría de los mercados.

Los productores locales también enfrentan la inflación. Gabriel Dvoskin, propietario de la bodega Canopus, con 10 hectáreas y una producción anual de unas 50.000 botellas, exporta a 15 países, siendo Estados Unidos su principal mercado. Él admite que los altos costos de producción y la inflación persistente colocan a su vino en desventaja en la competencia internacional.

Dvoskin comenta: “La inflación hace que nuestros vinos sean más caros. Mis colegas franceses tienen costos mucho menores en botellas, corchos y otros insumos”.

Para Gambera, esta crisis confirma una regla de oro en la industria: la calidad del producto no puede comprometerse.

Gambera concluye: “El panorama actual es sumamente frágil; un error puede significar la pérdida total”. (Fortune China)

Traductor: Liu Jinlong

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