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Lin Boxiang: El conflicto entre EE.UU. e Irán tiene un impacto mucho mayor en los mercados energéticos globales que el conflicto Rusia-Ucrania, China tiene cuatro cartas de triunfo
Texto | Zhang Mengjie
Edición | Zheng Kejun
Desde principios de esta semana, hemos sido testigos de un mercado petrolero enloquecido en 24 horas, con inversores globales en vilo.
El lunes, el precio del Brent alcanzó los 119 dólares por barril, para luego caer a 84 dólares, registrando la mayor volatilidad intradía en dólares en la historia.
El centro de la tormenta apunta a un estrecho marítimo crucial: el estrecho de Hormuz. ¿Qué impacto tiene la situación entre EE. UU. e Irán en el mercado energético global? ¿Qué significa para China? ¿Cuándo se aliviará la crisis? El profesor titular de la Escuela de Administración de la Universidad de Xiamen y director del Instituto de Políticas Energéticas de China, Lin Boqiang, ofreció su análisis exclusivo en el programa “Insight del Mercado de Valores” de Tencent Finance.
Lin Boqiang considera que la esencia de esta crisis es el riesgo de “paso” en el estrecho de Hormuz, cuyo potencial destructivo supera con creces los conflictos entre Rusia y Ucrania. Presentó tres escenarios: si el bloqueo dura menos de 10 días, el impacto será limitado y el mercado podrá asimilarlo; si dura unos 3 meses, algunos países podrán mantener el suministro liberando reservas estratégicas; pero si se prolonga 6 meses, la escasez de petróleo provocará un golpe severo a la economía mundial.
La relativa “resistencia” de China en esta tormenta confirma la visión a largo plazo de la estrategia de “nueva energía + reservas estratégicas”, siendo el almacenamiento de energía la clave para el éxito o fracaso de la transición energética futura.
01
Mientras la guerra continúe
Las oscilaciones extremas del precio del petróleo seguirán repitiéndose
La amplitud de más de 30% en 24 horas en los precios del petróleo, ¿qué nivel representa en la historia? “Muy poco frecuente”, afirma Lin Boqiang.
Al revisar la historia, señala que impactos similares a la crisis financiera de 2008, que afectaron la demanda, son relativamente previsibles, ya que la contracción de la demanda hace que los precios bajen naturalmente. Pero el bloqueo del estrecho de Hormuz y las guerras en Oriente Medio son diferentes, ya que afectan tanto la oferta como la demanda: ¿cuándo terminará la guerra? ¿Cuándo se levantará el bloqueo? Nadie puede dar una respuesta exacta.
Por ello, esta vez la volatilidad es distinta, cualquier movimiento puede desencadenar una reacción en cadena en el mercado en cuestión de segundos.
Además, en el mercado de futuros del petróleo hay una gran cantidad de fondos especulativos, que por naturaleza están impulsados por el sentimiento. La alternancia entre pánico y avaricia amplifica aún más la oscilación de los precios.
“Mientras la guerra no termine, seguiremos viendo en el futuro oscilaciones similares a las de esta semana”, dice Lin Boqiang.
02
De “reducción de producción” a “corte de suministro”
¿Por qué esta crisis es más peligrosa que el conflicto entre Rusia y Ucrania?
“El conflicto EE. UU.-Irán y el conflicto Rusia-Ucrania son completamente diferentes”, opina Lin Boqiang. La crisis ruso-ucraniana impactó principalmente en la cadena superior, ya que Rusia, como país productor de petróleo, fue sancionada, pero aún puede canalizar su petróleo a través de diversas rutas (como la “flota sombra”) al mercado. Es decir, en esencia, fue una “reducción de producción” y no un “corte de suministro”.
En cambio, la clave del conflicto EE. UU.-Irán no está en un solo país productor, sino en una arteria vital para la energía mundial: el estrecho de Hormuz. Aunque las exportaciones de petróleo de Irán representan solo alrededor del 4% del total mundial, el estrecho que controla transporta entre el 20% y el 30% del petróleo marítimo global.
“Es como bloquear el tránsito. La interrupción del paso tiene un impacto mucho mayor que las sanciones o guerras contra un solo país”, enfatiza Lin Boqiang. Este bloqueo no es una simple “reducción de oferta”, sino la interrupción directa de la arteria que conecta toda la cadena energética global: los países importadores no pueden acceder, y los exportadores no pueden salir, lo que puede forzar paradas de producción por falta de inventarios.
Este ahogo, esta sensación de “no poder avanzar”, es la raíz de la fuerte volatilidad del mercado.
El grado de gravedad de la crisis depende completamente de cuánto dure el bloqueo del estrecho de Hormuz. Lin Boqiang propone una escala temporal:
Menos de 10 días: impacto limitado, el mercado puede asimilarlo;
Alrededor de 3 meses: algunos países podrán mantener el suministro liberando reservas estratégicas, otros enfrentan “corte de suministro”;
Hasta 6 meses: si se produce un corte total, será la peor situación, con graves daños a la economía global.
Para los mercados de Asia-Pacífico, Lin Boqiang señala que China, Japón y otros países tienen más de 100 días de reservas estratégicas, que garantizan el suministro a corto plazo. Pero si el estrecho de Hormuz permanece bloqueado por mucho tiempo, los precios del petróleo se dispararán a niveles insoportables, provocando una inflación global y una recesión económica que ningún país podrá soportar.
“De hecho, Trump está más preocupado que nosotros por que el precio del petróleo suba a 200 dólares”, afirma Lin Boqiang. Aunque EE. UU. es un gran productor y exportador neto de petróleo, los precios se fijan globalmente, afectando directamente la inflación, y esta a su vez influye en las elecciones. La inflación es una realidad política que no puede ignorarse en la Casa Blanca.
03
La crisis ignorada
El impacto del gas natural podría ser mayor que el del petróleo
Mientras el mercado se centra en el petróleo, Lin Boqiang advierte sobre un riesgo que suele pasarse por alto: el gas natural.
“Si el estrecho de Hormuz permanece bloqueado por mucho tiempo, los países productores de gas se verán obligados a detener la producción. Reanudar la producción de petróleo es relativamente sencillo, pero reactivar el gas natural licuado (GNL) no lo es”, advierte.
Datos muestran que aproximadamente el 20% del GNL mundial pasa por el estrecho de Hormuz, en su mayoría procedente de Qatar, que por sí solo aporta cerca del 20% de las exportaciones globales de GNL. El GNL es más difícil de transportar y su producción está más concentrada; si se detiene, su reactivación lleva mucho más tiempo que la del petróleo.
Actualmente, el bloqueo del estrecho de Hormuz cumple 10 días. Según un informe de Morgan Stanley del 10 de marzo, en ese día solo unas 3 embarcaciones de petróleo y productos derivados cruzaron el estrecho, mientras que los barcos de GNL y LPG no cruzaron en absoluto, cuando normalmente hay unos 35.
En otras palabras, incluso si se levanta el bloqueo, la recuperación del suministro mundial de gas natural será mucho más lenta que la del petróleo, una “rara avis” que el mercado subestima.
04
Dependencia mutua en las importaciones
¿Por qué el mercado chino es relativamente “más resistente”?
Datos muestran que el 89% del petróleo transportado por el estrecho de Hormuz va a Asia. Japón requiere que aproximadamente el 80% de sus importaciones de petróleo pasen por esa vía, y en China esa proporción supera el 40%.
Sin embargo, como gran importador de energía, Japón, Corea y China muestran comportamientos muy diferentes en esta crisis: según Bloomberg, desde finales de febrero, las bolsas de Japón y Corea han caído aproximadamente un 6% y un 9%, respectivamente, mientras que el índice CSI 300 de China apenas ha bajado un 0.3%.
¿A qué se debe la relativa “resistencia” del mercado chino? Lin Boqiang ofrece cuatro explicaciones:
Primero, la función de “protección del mercado”. Las medidas del gobierno para estabilizar el mercado en momentos críticos ofrecen un colchón.
Segundo, las diferencias en la estructura del consumo energético. El petróleo y el gas representan solo alrededor del 27% del consumo energético en China, mucho menos que EE. UU. (más del 72%), la UE (más del 60%) y Japón/Corea (aún más alto). La mayor parte del consumo energético en China sigue siendo carbón, por lo que las fluctuaciones en los precios del petróleo y gas tienen un menor impacto en su economía macro.
Tercero, existe un “período de amortiguación” en la transmisión de precios. La política de precios de los combustibles en China tiene un ciclo de ajuste de aproximadamente dos semanas (10 días hábiles), lo que evita que los cambios se reflejen instantáneamente en las estaciones de servicio, proporcionando un amortiguador emocional al mercado.
Cuarto, la “acumulación” estratégica a largo plazo. China ha priorizado la seguridad energética, llenando en 2022 sus reservas estratégicas cuando los precios internacionales estaban bajos; además, la combinación de energía eólica, solar, almacenamiento y vehículos eléctricos no solo impulsa la transición baja en carbono, sino que también fortalece la autonomía energética. Además, China ha desarrollado cuatro grandes corredores de importación de petróleo y gas: el oleoducto de Asia Central, el de Rusia, las rutas marítimas y el oleoducto China-Myanmar, diversificando así su dependencia de rutas específicas.
“China teme más a la ‘falta’ que a la ‘subida’”, afirma Lin Boqiang. La menor proporción de consumo de petróleo y gas, junto con la capacidad de intervención de precios del gobierno, hacen que el riesgo real sea una interrupción prolongada y total del suministro. La principal preocupación actual en China es cuánto tiempo puede mantenerse el bloqueo del estrecho de Hormuz.
05
Las lecciones de la crisis
La respuesta definitiva a la seguridad energética es la “localización”
Cada crisis geopolítica es una prueba de resistencia para la seguridad energética. Y esta vez, el mundo se enfrenta a una realidad: depender de energías fósiles lejanas significa poner el destino en manos de otros.
Lin Boqiang afirma que el conflicto EE. UU.-Irán ha confirmado aún más la estrategia de transición energética de China. La ruta de energía eólica, solar, almacenamiento y vehículos eléctricos es muy prometedora.
La dependencia de los recursos fósiles, basada en la disponibilidad de recursos y en rutas de transporte que pueden ser cortadas por conflictos, es vulnerable. La energía eólica y solar, en cambio, puede producirse completamente en el país; los vehículos eléctricos sustituyen el uso de petróleo en transporte. La combinación de ambas reduce fundamentalmente la dependencia de importaciones de petróleo y gas.
Lin Boqiang estima que, tras el conflicto EE. UU.-Irán, muchos países buscarán localización de la energía, pero para la mayoría, solo la energía eólica y solar son realmente factibles de producir en el territorio.
Para China, la mayor lección en seguridad energética es que la prioridad actual y la mayor oportunidad en los próximos años es el almacenamiento de energía.
Detrás de esto está el hecho de que el modelo de respaldo con carbón eléctrico para energías renovables se vuelve cada vez más costoso. Lin señala que las horas de operación del carbón han bajado de las 5500 horas de diseño a 4400 en 2024, y los costos de eficiencia deben ser asumidos. Aunque el almacenamiento es “caro ahora, barato en el futuro”, la escala y la tecnología apuntan a una tendencia a la baja, siendo un eslabón estratégico imprescindible.
En cuanto a la tecnología de vehículos eléctricos, Lin recomienda que la prioridad actual sea resolver el problema de las baterías de estado sólido en bajas temperaturas. La penetración de vehículos eléctricos en China supera el 50%, y en el sur puede que pronto sea difícil encontrar autos de gasolina, pero en el norte, la autonomía en clima frío aún presenta desafíos.
También plantea una visión a futuro: EE. UU., preocupado por la escasez de energía para centros de cálculo de IA, debería abandonar prejuicios geopolíticos y considerar, desde una perspectiva económica, la adopción del esquema “solar + almacenamiento” de China, que resulta más barato que construir nuevas plantas de gas.
“Lo importante es qué podemos aprender de esta crisis”, concluye Lin Boqiang.
Quizá la respuesta ya esté en medio de esta tormenta: a corto plazo, la inestabilidad geopolítica seguirá perturbando los precios del petróleo, y la población debe estar alerta ante la subida de los precios de los combustibles y la inflación importada. Pero a largo plazo, un sistema energético autónomo basado en energías renovables, vehículos eléctricos y almacenamiento será la solución definitiva para afrontar un mundo incierto.