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¡Un cambio de épocas! Trillones de dólares en activos en cadena, ¿es la "riqueza caída del cielo" para los minoristas o la "guadaña definitiva" de Wall Street?
La tokenización de activos del mundo real, esta narrativa de billones de dólares, siempre genera la misma pregunta: ¿quién es realmente el ganador? ¿Los minoristas, los emisores, las instituciones o los que construyen la infraestructura y allanan el camino? La respuesta es bastante clara: todos se beneficiarán, pero la lógica y la línea de tiempo de esos beneficios son muy diferentes.
Empecemos por los minoristas. Durante las últimas décadas, los minoristas han sido sistemáticamente excluidos de activos de alto rendimiento, no por su complejidad, sino porque el sistema financiero tradicional está diseñado para clientes de alto patrimonio y para una liquidación ineficiente. Los fondos de crédito privado, por ejemplo, tienen umbrales de entrada que van desde 25,000 hasta 1 millón de dólares, con bloqueos de tres a siete años y casi sin liquidez.
La tokenización elimina directamente estos obstáculos. Con solo 100 dólares, puedes participar, con operaciones 24/7 y acceso global. Lo más importante es que obtienes capital programable. En una tarde, puedes poseer bonos del Tesoro tokenizados, usarlos como garantía para prestar stablecoins, y luego invertir en una estrategia de rendimiento, todo de forma autogestionada. Pasas de ser un espectador del mercado de capitales a ser un participante activo.
Para los emisores, la lógica es aún más sencilla: financiamiento más rápido, costos menores y una expansión exponencial en la cantidad de inversores alcanzados. La emisión tradicional tarda semanas en liquidarse, dependiendo de custodia, corredores y cámaras de compensación; en cambio, la emisión tokenizada se completa en horas, gestionada por contratos inteligentes que manejan distribución y cumplimiento.
Esto ha impulsado una nueva capacidad de diseño de productos. Construir en contratos inteligentes productos estratificados con diferentes riesgos y rendimientos, permitir rescates flexibles diarios o semanales, o crear estrategias híbridas que combinen ingresos fijos con DeFi como ETH, algo que en el sistema antiguo sería demasiado costoso para implementar.
Las instituciones no se preocupan por la narrativa de descentralización; están obsesionadas con mejoras medibles en eficiencia: riesgo de liquidación, costos operativos y precisión en los informes. El sistema financiero actual generalmente realiza liquidaciones T+2, lo que implica un riesgo de incumplimiento y bloqueo de fondos durante dos días.
La tokenización acerca la liquidación a casi en tiempo real (T+0). Solo con esto, se puede liberar una enorme cantidad de fondos retenidos, eliminar el riesgo de período de liquidación y reducir la dependencia de contrapartes centrales. Se estima que este cambio puede generar una eficiencia potencial global anual de hasta 2.4 billones de dólares.
Los grandes actores ya están en movimiento. El fondo de mercado monetario tokenizado de BlackRock, BUIDL, supera los cien mil millones de dólares; Franklin Templeton ha llevado sus fondos a la cadena con BENJI; JPMorgan con su plataforma Onyx maneja grandes volúmenes de recompra tokenizada. Goldman Sachs, HSBC, UBS y Citibank también están en la jugada. Todos comparten un objetivo: hacerlo más barato, más rápido y con menor riesgo.
Cada revolución tecnológica suele tener como mayor beneficiario a los “vendedores de agua”. La tokenización de activos del mundo real está creando una infraestructura financiera completamente nueva, que incluye custodia de activos, cumplimiento en cadena, plataformas de emisión, sistemas de liquidación instantánea, servicios de oráculos y soporte legal. Las empresas que dominen estos aspectos serán las que construyan la infraestructura subyacente para un mercado que supera los 11 billones de dólares.
Un ángulo que a menudo se pasa por alto en los debates occidentales es el mercado emergente. Para miles de millones de personas que enfrentan alta inflación, controles de capital y falta de servicios financieros, la tokenización combinada con stablecoins no es solo “mejor finanzas”, sino el primer sistema financiero verdaderamente accesible.
Los argentinos pueden obtener ingresos en dólares mediante bonos del Tesoro tokenizados, los habitantes del sudeste asiático pueden invertir en activos globales de primer nivel, y los costos de remesas transfronterizas se reducen del 10% a casi cero. Para aproximadamente 1.400 millones de adultos sin cuentas bancarias en todo el mundo, esta es una vía de inclusión financiera que no depende de los bancos tradicionales.
Debemos ser realistas. La tokenización no es magia. No puede arreglar activos de mala calidad, garantizar liquidez ni eliminar riesgos. Los bonos tokenizados pueden incumplir, las propiedades tokenizadas pueden depreciarse. Si la estructura legal subyacente es débil, la custodia es poco confiable o los datos de los oráculos son falsificados, los tokens serán papel mojado.
Todos estos beneficios son reales, pero solo si cada eslabón —legal, custodia, cumplimiento y operación— se hace correctamente. La tokenización es solo el último paso; lo verdaderamente importante es todo lo que hay debajo.
Entonces, ¿quién se beneficia más? La respuesta depende del horizonte temporal. A corto plazo, las instituciones y emisores que puedan ahorrar en liquidación y operaciones serán los primeros en ganar. A mediano plazo, los proveedores de tecnología que construyan infraestructura de cumplimiento, custodia y emisión se convertirán en estándar de la industria.
A largo plazo, cuando la infraestructura esté madura, el cumplimiento sea estable y los mercados secundarios se profundicen, los minoristas y las personas en mercados emergentes en cualquier parte del mundo podrán usar un teléfono móvil para invertir en cualquier activo las 24 horas, convirtiéndose en los mayores beneficiarios finales.
Por eso, no hay una respuesta única a esta pregunta. Es una transformación del sistema financiero en la que todos participarán, paso a paso.