# Inversión masiva de capital estadounidense en América Latina: no apuesta por el crecimiento, sino por los "nodos críticos" del sistema financiero

Autor: Zen, PANews

Desde Buenos Aires, el corredor de bolsa Rubén López dedica unos minutos cada mañana a realizar una operación especial: convierte los pesos argentinos a dólares al tipo de cambio oficial, luego en la plataforma de trading cambia los dólares por USDC, una stablecoin vinculada 1:1 al dólar, y finalmente, mediante el tipo de cambio del mercado paralelo, vuelve a convertir los USDC en pesos.

A medida que se acercan las elecciones legislativas en Argentina, el presidente Javier Milei endurece el control de divisas para sostener el peso, pero Rubén, en menos de 10 minutos diarios, puede obtener una ganancia de arbitraje de aproximadamente el 4%.

Mientras tanto, un inmigrante mexicano en Estados Unidos abre WhatsApp, envía unos mensajes con USDC adjunto, y sus familiares en Guanajuato reciben en sus teléfonos en solo dos minutos un pago en pesos mexicanos.

En los últimos años, la región de América Latina, tradicionalmente vista como altamente volátil, de alto riesgo y con gran incertidumbre, está siendo cada vez más considerada por gigantes de pagos en EE. UU., fondos de inversión y startups de stablecoins como un campo clave para la próxima reestructuración de la infraestructura financiera.

En febrero de 2026, Visa anunció la adquisición de Prisma y Newpay, plataformas de pago argentinas, a Advent International, para fortalecer su capacidad en pagos digitales y infraestructura en Argentina. En marzo, ARQ, una aplicación financiera latinoamericana centrada en stablecoins, reveló una financiación de 70 millones de dólares, con participación de Sequoia Capital y Founders Fund. ARQ construye infraestructura que conecta redes bancarias tradicionales con sistemas de pago basados en stablecoins, permitiendo a los usuarios mantener divisas extranjeras y realizar transacciones.

Estas tendencias muestran que el interés del capital estadounidense no se centra solo en empresas de alto crecimiento, sino en ocupar puntos estratégicos en la reconfiguración del sistema financiero latinoamericano: quién controla las entradas de pago, las redes de liquidación, las relaciones de cuentas y las herramientas de reserva en dólares, quien tendrá ventaja en la próxima fase de competencia.

Dolores financieros y potencial de crecimiento en LATAM

La razón por la que América Latina se ha convertido en un mercado clave para fintechs y stablecoins no es solo por la presencia de fricciones financieras, sino porque estas fricciones son una realidad tangible que puede ser corroborada mediante indicadores macroeconómicos, escenarios de pago y actividades en blockchain. La demanda financiera aquí no es homogénea, sino que presenta una estructura claramente estratificada.

En economías como Brasil y México, con inflación relativamente controlada, los principales problemas no son la devaluación, sino los altos costos de pago, lentitud en transferencias transfronterizas y servicios de cuentas poco eficientes. Según el Banco Mundial, en el primer trimestre de 2025, el costo promedio de enviar 200 dólares en remesas globales sigue siendo del 6.49%, con costos digitales en torno al 5%. En el caso de remesas entre EE. UU. y México, las tarifas tradicionales alcanzan entre el 5% y el 7%. Para estos mercados, el valor de la fintech radica en hacer los pagos, liquidaciones y remesas transfronterizas más baratos, rápidos y fluidos.

Por otro lado, en economías con alta inflación como Argentina, el problema no es solo la eficiencia en pagos, sino cómo preservar el valor del dinero. Para los usuarios en mercados inflacionarios, la fintech y las stablecoins no solo mejoran la experiencia, sino que sirven como reserva de valor. Es decir, facilitan la posesión de activos relativamente estables y permiten realizar liquidaciones en dólares con menor fricción.

Además de la inflación y los costos de remesas, otro rasgo destacado del mercado financiero latinoamericano es que, en los últimos años, los usuarios han sido ampliamente educados en pagos digitales, pero el sistema aún incompleto no ha resuelto completamente los problemas de cross-border, preservación de valor y dolarización.

Según el informe Global Findex del Banco Mundial, muchos países latinoamericanos tienen altas tasas de adopción de pagos digitales. En Brasil, en 2024, el 70% de los adultos realizó pagos digitales; en Argentina, esa proporción alcanzó aproximadamente el 72%. Esto indica que muchos mercados clave ya no necesitan una educación inicial, sino que entran en una fase de competencia centrada en eficiencia, costos y escenarios.

Por ejemplo, Pix en Brasil, que evolucionó de ser una simple herramienta de transferencia a una infraestructura de pago social de facto. Datos del Comité Europeo de Pagos muestran que, hasta marzo de 2024, Pix cuenta con aproximadamente 153 millones de usuarios individuales y 15 millones de empresas; en 2023, realizó unas 42 mil millones de transacciones por un valor de aproximadamente 17.2 billones de reales.

Aunque la red de pagos digitales local funciona, no todos los requerimientos financieros se satisfacen con ella. Para los usuarios, las transferencias locales son cada vez más fluidas, pero en temas de liquidaciones transfronterizas, reserva en dólares, cobertura contra la devaluación local o pagos internacionales de bajo costo, las fricciones persisten.

Aquí es donde las stablecoins empiezan a transformarse de activos criptográficos en herramientas financieras reales. Un ejemplo convincente es el corredor de remesas entre EE. UU. y México. Según Mizuho Bank, mediante plataformas como Bitso y Félix Pago, el costo de remesas en USDT y USDC ha bajado a menos del 1%. Actualmente, Bitso procesa unos 6.5 mil millones de dólares en stablecoins en esa ruta, representando el 10% del mercado anual de remesas entre ambos países, que alcanza los 63 mil millones de dólares.

Estos datos en blockchain muestran que los usuarios latinoamericanos no solo experimentan con stablecoins, sino que las usan como herramientas reales de dolarización, con funciones de flujo transfronterizo y reserva de valor. El FMI estima que, en relación con el PIB, “Latinoamérica y el Caribe” es una de las regiones con mayor uso de stablecoins en el mundo, con un porcentaje cercano al 7.7%.

Además, el informe de Chainalysis de 2025 indica que, entre julio de 2022 y junio de 2025, el volumen total de transacciones en criptomonedas en LATAM alcanzó cerca de 1.5 billones de dólares. Brasil es el mayor mercado, con aproximadamente 318.8 mil millones de dólares en activos criptográficos recibidos; Argentina, unos 93.9 mil millones, y México, unos 71.2 mil millones. En cuanto a stablecoins, el informe de 2024 señala que en Argentina, las transacciones en stablecoins representan el 61.8% del volumen total, en Brasil el 59.8%, ambos muy por encima del promedio global del 44.7%.

Seguridad y crecimiento del mercado financiero

En LATAM, la demanda ya existe, las transacciones se realizan y los datos las validan, pero la digitalización de pagos, cuentas y gestión de fondos aún está en desarrollo, con un potencial de penetración aún por explotar. La estructura del mercado no solo garantiza un crecimiento, sino también una combinación de certeza y expansión.

En cuanto a la certeza, los datos mencionados confirman que la demanda es real, y el crecimiento proviene de la tendencia a largo plazo hacia la digitalización de pagos y cuentas.

Según McKinsey, en su estudio sobre pagos en LATAM, en los países de habla hispana, las tarjetas de débito en solo dos años reemplazaron al efectivo como método preferido de pago, y los pagos móviles se están popularizando rápidamente. Aunque en muchos mercados el efectivo aún predomina, la preferencia de los consumidores se inclina claramente hacia herramientas sin efectivo.

A nivel macro, la digitalización de pagos no solo mejora la experiencia del consumidor, sino que también impulsa la reestructuración de los procesos financieros empresariales. El Banco de Desarrollo de América Latina indica que, en LATAM, el uso de pagos digitales en comercio presencial pasó del 11% en 2020 al 30% en 2024. Además, más del 70% de las empresas en la región ya han digitalizado sus procesos de compras.

Esto significa que la digitalización se extiende desde transferencias y pagos personales hasta procesos empresariales de cobros, pagos, conciliaciones, gestión de fondos y compras. Para las fintechs, esto abre un mercado mucho mayor. Por ejemplo, Payoneer ha fortalecido su capacidad de cobro local en México, permitiendo a vendedores globales recibir en pesos mexicanos directamente desde plataformas de comercio electrónico, reduciendo costos de cambio; y Jeeves ha lanzado tarjetas empresariales respaldadas por stablecoins para acelerar los pagos internacionales de días a minutos.

La aparición de stablecoins refuerza aún más esta combinación de certeza y crecimiento. Para LATAM, su importancia no radica solo en la inversión, sino en su papel como solución tecnológica para satisfacer la demanda de dólares y facilitar pagos transfronterizos.

El volumen de remesas sigue siendo alto, y los costos de pagos internacionales permanecen rígidos, por lo que la integración de stablecoins con los sistemas de pago locales llena un vacío estructural en el sistema financiero, más que una herramienta de especulación a corto plazo.

Ya existen casos de stablecoins en pagos en Argentina, como la fintech Takenos, liderada por Variant Fund y Lattice Capital, que anunció en marzo que su solución basada en la blockchain de Solana ha procesado más de 500 millones de dólares en pagos transfronterizos, atendiendo a 500 mil usuarios en 20 países latinoamericanos, principalmente para pagos de salarios y transacciones empresariales.

¿Por qué LATAM atrae a capital estadounidense?

A diferencia del mercado estadounidense, altamente maduro, con grandes empresas y una base de usuarios ya educada, muchas fintechs y segmentos de criptofinanzas en LATAM aún están en la fase de formación de infraestructura, sin un liderazgo definido. Para los VC, esto representa una mejor oportunidad de entrada.

En los últimos años, la financiación en LATAM ha crecido continuamente, con capital que fluye más hacia empresas maduras, adaptadas a los cambios del mercado y con modelos más sólidos. La inversión local sigue siendo más temprana, mientras que el capital estadounidense y otros inversores extranjeros prefieren entrar cuando las empresas ya están más desarrolladas, con modelos probados y potencial de escalabilidad, para amplificar su crecimiento.

En contraste, en EE. UU., los usuarios ya están bien educados, la infraestructura está madura y la división entre grandes plataformas y bancos tradicionales está consolidada. Los nuevos entrantes solo pueden enfocarse en nichos muy específicos, enfrentando altos costos de adquisición o compitiendo con los gigantes existentes. La frontera de servicios financieros en LATAM aún se está reconfigurando, con algunos líderes en segmentos específicos, pero con un mercado aún en expansión, con productos en desarrollo y una región en proceso de penetración.

Las fintechs y criptoempresas en EE. UU. enfrentan un sistema financiero más maduro y saturado, donde la competencia no solo es por usuarios, sino también por entradas de pago, relaciones de cuentas, rutas de liquidación y control regulatorio.

La ley de estructura del mercado de criptomonedas en EE. UU. de 2026 ha enfrentado obstáculos, debido a desacuerdos en el Congreso sobre la regulación de stablecoins, clasificación de tokens y permisos regulatorios, además de la cautela del sistema bancario tradicional respecto a stablecoins, licencias fiduciarias y depósitos sustitutos.

En LATAM, las empresas que ingresan ayudan a migrar el mercado desde sistemas antiguos e ineficientes hacia nuevas plataformas, con motivos de migración más fuertes y mayor potencial de crecimiento en nuevas penetraciones y mejoras estructurales. La lógica de valoración de capital en ambos casos es diferente: en LATAM, se compite por la participación en un mercado en expansión, mientras que en EE. UU. se busca capturar una cuota en un mercado ya existente.

Pero toda inversión conlleva riesgos. La verdadera atracción de LATAM para las instituciones financieras estadounidenses no es solo el bajo riesgo, sino el alto valor que puede ofrecer, aunque esto implique una mayor complejidad regulatoria, de divisas y macroeconómica.

Para las instituciones estadounidenses, la oportunidad no es simplemente copiar productos locales, sino construir infraestructura en un mercado de altas fricciones, con capacidades de pago, liquidación, reserva en dólares y cumplimiento normativo. Pero este camino está lleno de obstáculos. Como dice Sebastián Serrano, CEO de Ripio, “los servicios financieros tienen una fuerte componente local”. Por eso, incluso gigantes como Coinbase han suspendido sus operaciones en Argentina por consideraciones internas.

Por ello, LATAM no es un juego de arbitraje fácil, sino una carrera de resistencia que exige alta capacidad de ejecución, gestión de riesgos, comprensión regulatoria y operación local.

En esta competencia, ya hemos visto ejemplos concretos: desde vendedores callejeros en Río de Janeiro usando Pix para cobrar, hasta familias en Ciudad de México recibiendo remesas en USDC desde Chicago, y freelancers en Buenos Aires cobrando en USDT por trabajos remotos.

Quien logre transformar estos dolores financieros reales en servicios sostenibles, replicables y con potencial de expansión regional, será el verdadero ganador.

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