"Eludir" el Estrecho de Ormuz, las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita "se recuperan en más de la mitad", pero ¿puede este "Plan B" mantenerse?

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Tras casi cerrar el estrecho de Ormuz, Arabia Saudita ha logrado restablecer más del sesenta por ciento de sus exportaciones de petróleo a niveles previos a la guerra, gracias a un oleoducto con 45 años de historia que atraviesa el interior del desierto. La Agencia Internacional de Energía (IEA) lo ha calificado como una “interrupción de suministro de petróleo de mayor escala en la historia”, proporcionando un canal de respaldo clave. Sin embargo, esta ruta alternativa no es un camino seguro; simplemente transfiere el riesgo de un cuello de botella a otro.

Según datos de seguimiento de barcos compilados por Bloomberg, en los últimos cinco días, las exportaciones diarias de petróleo crudo en el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, han alcanzado aproximadamente 4.19 millones de barriles, lo que equivale a cerca del 60% del promedio previo a la guerra, que era de unos 7 millones de barriles diarios. La cifra ha aumentado significativamente respecto a los aproximadamente 1.4 millones de barriles diarios antes de la guerra, alcanzando picos diarios de 4.65 millones de barriles en tres ocasiones. Según Reuters, citando datos de LSEG Shipping, se espera que la carga en Yanbu alcance un récord de 3.8 millones de barriles por día en marzo, con al menos 32 superpetroleros y buques tipo Suezmax en espera cerca de Yanbu para cargar, y más barcos en camino.

Arabia Saudita es el único país productor de la región del Golfo con una capacidad de exportación alternativa significativa. Su oleoducto Este-Oeste (East-West Pipeline) tiene una capacidad máxima de 7 millones de barriles por día, permitiéndole mantener exportaciones relativamente independientes, incluso cuando países vecinos como Irak y Kuwait han tenido que reducir su producción drásticamente. El CEO de Saudi Aramco, Amin Nasser, confirmó a principios de marzo que el oleoducto alcanzaría su plena capacidad en unos días.

El principal riesgo de esta “Plan B” radica en que transfiere la exposición geopolítica del estrecho de Ormuz al estrecho de Bab al-Mandab, en el extremo sur del Mar Rojo, donde la mayor parte de la costa yemení está controlada por los hutíes. Los analistas advierten que si los hutíes intervienen en el conflicto actual y afectan a Yanbu o al estrecho de Bab al-Mandab, el mercado energético global podría volver a sufrir presiones.

Aceleración del oleoducto: productos químicos en ayuda para un “esprint extremo”

La ruta alternativa que Arabia Saudita ha utilizado es un oleoducto este-oeste construido en 1981, diseñado originalmente para responder a la “guerra de petroleros” en la región durante la guerra Irán-Iraq. La decisión de los responsables fue crear una ruta de respaldo en caso de que la situación en el Golfo se descontrolara. Este oleoducto, de aproximadamente 1200 km de longitud, atraviesa el interior del desierto y termina en el puerto de Yanbu en el Mar Rojo. Tiene una capacidad total de 7 millones de barriles por día, de los cuales unos 5 millones se destinan a exportación y el resto a refinerías nacionales.

Para superar rápidamente los límites físicos, Aramco ha tomado medidas adicionales. Según dos fuentes de la industria citadas por Reuters, la compañía está inyectando en el oleoducto un químico llamado “agente reductivo de fricción” (drag-reducing agent, DRA), que reduce la resistencia por fricción en el interior del tubo y puede aumentar el flujo en más del 30%. Esta tecnología, ampliamente utilizada en Europa para hacer frente a las sanciones contra el petróleo ruso, está siendo empleada actualmente en Arabia Saudita, que cuenta con reservas suficientes de este químico.

Incremento en las exportaciones: Arabia Saudita domina la “ruta de respaldo”

Los datos más recientes muestran que esta ruta alternativa ya está mostrando resultados. Según Bloomberg, las exportaciones desde Yanbu han ido en aumento desde que comenzó el conflicto, con un incremento notable en marzo respecto a los niveles de 1.3 millones de barriles diarios en enero y 1.4 millones en febrero. Se estima que unos 70 buques petroleros completarán cargas en Yanbu este mes, de los cuales unos 40 aún están en camino.

En comparación, otros países productores del Golfo están en una situación más vulnerable. Los Emiratos Árabes Unidos tienen un oleoducto hacia la bahía de Omán, pero su terminal en Fuyaira ha sido cerrada varias veces por ataques de drones, afectando la estabilidad de la ruta. Irak y Kuwait no tienen rutas alternativas viables y ya han tenido que reducir su producción. La Agencia Internacional de Energía ha calificado esta crisis como la mayor interrupción de suministro en la historia del mercado petrolero, y el oleoducto saudí se ha convertido en la infraestructura más importante que sostiene el mercado energético global.

Nuevo cuello de botella: el riesgo geopolítico del estrecho de Bab al-Mandab

Aunque el oleoducto este-oeste ha evitado el estrecho de Ormuz, ha dirigido las exportaciones a otra zona de alta sensibilidad geopolítica.

El crudo cargado en Yanbu, en su mayoría en superpetroleros VLCC, debe atravesar el estrecho de Bab al-Mandab para llegar a Asia y otros mercados principales, ya que su calado impide el paso por el Canal de Suez. Se estima que aproximadamente entre el 70% y el 75% del crudo exportado desde Yanbu está potencialmente expuesto a riesgos en Bab al-Mandab. Según la Administración de Información de Energía de EE. UU. (EIA), alrededor del 6% del petróleo marítimo mundial pasa por ese estrecho.

Gregory Brew, analista senior de Eurasia Group y experto en historia del petróleo en Irán, afirma: “La amenaza de los hutíes es real. Si atacan Yanbu y causan daños significativos, se interrumpirían unos 7 millones de barriles diarios de exportación”, advierte.

Una parte del volumen puede evitarse mediante otra ruta: desde Yanbu hacia el norte, hacia el puerto de Ain Sukhna en Egipto, y luego por el oleoducto Sumed hacia el Mediterráneo. Se estima que esta vía puede transportar entre 2 y 2.5 millones de barriles diarios, pero su capacidad es insuficiente para absorber toda la exportación de Yanbu. Según datos recientes del Centro de Información Naval de Occidente (JMIC), el tráfico marítimo en el Mar Rojo y el estrecho de Bab al-Mandab ha vuelto a niveles normales en las últimas 24 horas, con unos 40 barcos en tránsito y sin incidentes de seguridad reportados.

Hutíes: estrategia de contención o espera para intervenir

Los hutíes aún no han declarado oficialmente su participación en el conflicto actual, pero su líder, Abdul Malik al-Houthi, afirmó en un discurso televisado el 5 de marzo: “Sobre la escalada militar y las acciones, nuestras manos están en el gatillo en todo momento, listas para actuar cuando sea necesario”.

Las razones por las que los hutíes no han actuado aún generan diferentes interpretaciones. Nagi, analista senior del Grupo Internacional de Crisis y experto en Yemen, opina que se trata de una contención estratégica, no de una incapacidad. “Irán parece estar gestionando la situación de forma gradual, manteniendo a los hutíes como reserva”, explica. “En este sentido, los hutíes son una carta que puede jugarse en una fase posterior, especialmente si logran perturbar la navegación en el Mar Rojo y generar una presión económica y de seguridad más amplia”. Añade que “su actual contención parece más una cuestión de timing que de falta de voluntad de participar”.

Por otro lado, Gregory Brew considera que la situación interna de los hutíes también limita sus opciones: tras años de enfrentamientos con EE. UU. e Israel, su capacidad militar y su situación financiera están bastante desgastadas. “Creo que su situación económica y militar actual les impedirá lanzar una ofensiva a gran escala”, opina.

Ambas perspectivas coinciden en un punto clave: para el mercado energético global, la estabilidad del estrecho de Bab al-Mandab se ha convertido en una variable crucial para que la “Plan B” de Arabia Saudita siga funcionando, y esa estabilidad está fuera del control exclusivo de Riad.

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