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Mantener la seguridad de la punta de la lengua"Empresas asumen audazmente la responsabilidad principal
■ Jiao Yue
La exposición en la gala del “3·15” de CCTV sobre el caos en la producción de pollo frito en línea, vuelve a poner en el centro de atención la seguridad alimentaria, un problema social crucial. “Comer con confianza” es una necesidad básica de la vida, y también una promesa firme que la industria alimentaria debe cumplir. En mi opinión, los problemas de seguridad alimentaria son el resultado de múltiples factores, como la falta de responsabilidad de las empresas, el desequilibrio en los intereses de la cadena industrial y las lagunas en la supervisión. Para fortalecer la barrera de seguridad alimentaria, es necesario abordar tres aspectos.
Primero, mejorar la supervisión en toda la cadena, tejiendo una red de protección y corrigiendo las deficiencias regulatorias.
La problemática en los alimentos revela que la industria alimentaria se caracteriza por “producción dispersa, canales ocultos y cadenas largas”, lo que también expone las limitaciones del modelo de supervisión segmentada tradicional. Por ello, es imprescindible construir un sistema de supervisión integral y tridimensional, que gestione todo el proceso de forma cerrada antes, durante y después de la producción.
Antes, se debe controlar estrictamente el acceso, verificando las cualificaciones, condiciones sanitarias y sistemas de gestión de seguridad de las empresas alimentarias, eliminando desde el origen a las empresas incumplidoras; durante, se debe realizar monitoreo dinámico, apoyándose en big data, inteligencia artificial y otras tecnologías para supervisar en tiempo real las ventas en línea y los procesos de producción offline, capturando señales de riesgo con precisión, para detectar y actuar tempranamente; después, se deben aplicar sanciones severas, imponiendo multas máximas a las empresas infractoras, confiscando productos ilícitos y recuperando ganancias ilegales, además de profundizar en la cadena de suministro upstream, cortando la cadena negra de “suministro de productos prohibidos—procesamiento ilegal—entrada al mercado”, haciendo que los infractores paguen un alto precio.
Asimismo, es necesario fortalecer la cooperación interregional en la supervisión, logrando inspecciones en diferentes lugares, coordinación en la aplicación de la ley y compartición de información, estableciendo un sistema de trazabilidad alimentaria completo, que permita rastrear desde la materia prima hasta el consumo en la mesa, dejando sin escape a los infractores.
Segundo, consolidar la responsabilidad principal de las empresas, reconstruyendo la confianza con una industria “consciente y ética”.
El núcleo de la seguridad alimentaria radica en la responsabilidad y conciencia de las empresas. En los casos expuestos, no faltan empresas que, en busca de bajos costos y altos beneficios, emplean métodos ilegales.
Como principales responsables de la seguridad alimentaria, las empresas deben priorizar la seguridad sobre las ganancias. Las grandes empresas deben actuar como modelos, establecer sistemas de producción estandarizados, controlar estrictamente la calidad y promover la mejora del sector; las pequeñas y medianas empresas deben abandonar la gestión dispersa, aumentar la inversión en equipos y en control sanitario, y aceptar activamente la supervisión social.
Además, es necesario construir un sistema de crédito en la industria alimentaria, integrando los registros de incumplimiento en una plataforma de información crediticia, implementando supervisión por niveles y categorías, y estableciendo listas negras de productores y comerciantes con graves violaciones, aplicando sanciones legales. Esto logrará que “una falta de confianza en un lugar limite en todos lados”, vinculando la situación crediticia con el acceso a financiamiento y permisos, y apoyando a las empresas honestas con políticas favorables, haciendo de la confianza un “activo duro” para su desarrollo. Las asociaciones del sector deben fortalecer la autorregulación, promover la implementación de estándares, realizar capacitaciones en cumplimiento y fomentar un mercado de “alta calidad a buen precio”, obligando a las empresas infractoras a salir del mercado y protegiendo un ecosistema saludable en la industria.
Tercero, activar la participación social en la gobernanza, haciendo que la “supervisión ciudadana” sea una barrera de seguridad.
La gestión de la seguridad alimentaria no es una tarea exclusiva de una sola parte, sino un sistema en el que participan reguladores, empresas y consumidores en colaboración. Los departamentos relevantes deben facilitar canales de denuncia y quejas, simplificar los procesos y aumentar las recompensas, incentivando a los consumidores a participar activamente en la supervisión; mediante campañas de divulgación, promover conocimientos sobre seguridad alimentaria, mejorar la capacidad de discernimiento del consumidor y guiar un consumo racional.
Los consumidores, como beneficiarios directos y los supervisores más efectivos, deben elevar su conciencia de consumo, evitar seguir ciegamente las tendencias, y preferir productos con certificación completa y trazabilidad clara, usando sus decisiones de compra para impulsar la mejora de la calidad industrial.
La gente necesita comer, y la seguridad alimentaria es prioritaria. Proteger la “seguridad en la mesa” de la población no tiene fin, solo un proceso en marcha. Solo con una actitud de tolerancia cero, una gestión integral que cubra toda la cadena, y mecanismos duraderos que mantengan los estándares, podremos garantizar que la gente coma con confianza, tranquilidad y satisfacción, y que la industria alimentaria evolucione hacia un camino saludable y sostenible.