El amor a distancia es tan difícil. Nos amábamos, pero lamentablemente nos conocimos a través de una pantalla. La ruptura de una relación a distancia es lo más desgarrador. Nunca nos vimos en persona, pero al final igual nos separamos. Sin discusiones, sin explicaciones, solo dejamos de comunicarnos en silencio. Los días en los que sonreía mirando el teléfono y lloraba mirando el teléfono simplemente terminaron. Esas madrugadas en las que platicábamos hasta el amanecer, esos audios largos uno tras otro, esos pequeños ensayos que llenaban toda la pantalla, todo se volvió tan lejano. Es como si desaparecieras completamente de mi vida, pero parece que estás en todos lados. Quiero encontrarte, pero ni siquiera tengo una identidad adecuada para hacerlo. Lo más doloroso es probablemente que ni siquiera pueda llamarle ruptura formal. Sin encuentro en persona, sin miradas, sin una palabra de despedida o bendición. Todo se quedó en la pantalla, frío e impersonal, incluso el dolor parece un poco irreal. A veces pienso que si realmente hubieras aparecido ante mí aunque fuera una sola vez, quizás no sufriría tanto. Pero al final de esta relación, lo único que tengo es tu nombre, un avatar y un recuerdo insignificante. Cuando mis lágrimas cayeron en la pantalla del teléfono, ¿acaso llovía en tu ciudad?

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