El estrecho de Ormuz se estrecha, la brecha transatlántica se amplía

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Frente a las amenazas y presiones de Estados Unidos, varios países europeos manifestaron el 16 de marzo que no participarán en la operación de escolta propuesta por EE. UU. en el estrecho de Ormuz, afirmando claramente que “esto no es una guerra de Europa”. El presidente estadounidense, Trump, se quejó de que los aliados europeos “no saben agradecer”.

Los analistas consideran que la “falta de cooperación” de los países europeos responde a presiones políticas internas y consideraciones prácticas para evitar riesgos de seguridad, además de buscar una “cortina moral” respecto a las acciones bélicas de EE. UU., y también puede interpretarse como una respuesta a las humillaciones previas del gobierno de Trump hacia Europa. A medida que la guerra entre EE. UU., Israel e Irán continúa, los efectos colaterales en la protección marítima, la situación en Ucrania y otros temas se vuelven más evidentes, profundizando la brecha transatlántica.

“Esto no es una guerra de Europa”

EE. UU. ha ejercido presión sobre sus aliados europeos durante varios días. Trump afirmó el 15 de marzo que si los aliados de la OTAN no toman medidas para ayudar a EE. UU. a garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz, la OTAN enfrentará un “futuro muy difícil”. Al día siguiente, se quejó de que algunos países aliados no estaban dispuestos a colaborar con EE. UU., insinuando que estos países, que han sido protegidos por EE. UU., “olvidan la gratitud”.

Las amenazas y quejas de Trump encontraron respuesta en varios países europeos.

El Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, declaró el 16 de marzo que el conflicto entre EE. UU., Israel e Irán “no es una guerra de Europa” y que “nadie desea involucrarse activamente en esta guerra”. Los países miembros de la UE no tienen intención de ampliar las operaciones de protección en el Mar Rojo y el Golfo Pérsico a través de la escolta en el estrecho de Ormuz.

Alemania, Italia, España y otros países han manifestado claramente que no enviarán buques para participar en la escolta. El ministro de Exteriores y el ministro de Defensa de España criticaron directamente las acciones militares de EE. UU. contra Irán, calificándolas de “ilegales” y dejando claro que España “no se unirá”. El ministro de Exteriores de Portugal, João Gomes Cravinho, afirmó el 16 de marzo que Portugal “no tiene ni tendrá participación” en el conflicto actual. La canciller alemana, Olaf Scholz, dijo que la guerra entre EE. UU., Israel e Irán no es asunto de la OTAN y que Alemania no participará.

Francia y Reino Unido también expresaron actitudes de rechazo o cautela. El Ministerio de Exteriores francés afirmó que la Marina francesa no irá al estrecho de Ormuz y que sus operaciones en el Mediterráneo Oriental siguen un “principio defensivo”. Por su parte, Reino Unido sugirió que la mejor y más completa forma de garantizar la navegación en el estrecho de Ormuz es poner fin al conflicto.

¿Por qué Europa no participa?

Los analistas consideran que la respuesta fría de Europa a la solicitud de protección marítima de EE. UU. responde a tres consideraciones principales.

Primero, Europa no quiere pagar por los problemas que EE. UU. ha provocado. La operación militar de EE. UU. e Israel contra Irán no cuenta con autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, se inició de forma repentina durante negociaciones diplomáticas y ha causado numerosas víctimas civiles, incluidos niños, lo que generó rechazo en la opinión pública europea. Ahora, con el bloqueo del estrecho de Ormuz y el aumento de los precios del petróleo, EE. UU. intenta atraer a sus aliados para que participen en la protección marítima, pero Europa no quiere asumir esos costos. Algunos usuarios en redes sociales comentaron: “La factura todavía la enviaron a Europa” y “pero nosotros no la pagamos”.

Segundo, Europa no quiere asumir los riesgos militares asociados con la escolta. La operación en el estrecho de Ormuz conlleva riesgos extremadamente altos. La zona más estrecha tiene menos de 40 kilómetros, y en su lado norte, Irán puede usar misiles, drones, embarcaciones pequeñas y minas para amenazar las naves que transitan. La estrechez del estrecho y la tensión en la zona aumentan la probabilidad de colisiones, errores de cálculo y ataques accidentales. La Marina de EE. UU. ya sufrió en 1988 la detonación de una mina y el disparo accidental a un avión en esa zona durante una misión de escolta.

Finalmente, Europa prefiere resolver los conflictos mediante la diplomacia. Francia, Alemania y Reino Unido, que participaron activamente en las negociaciones del acuerdo nuclear con Irán, tienen experiencia y voluntad de resolver los problemas relacionados con Irán a través del diálogo, y buscan obtener beneficios estratégicos mediante negociaciones. En este conflicto entre EE. UU., Israel e Irán, Europa también hace un llamado a la vía diplomática. Borrell afirmó el 16 de marzo que la UE está promoviendo actualmente una solución diplomática para la situación en el estrecho de Ormuz.

Las diferencias entre EE. UU. y Europa respecto a Irán y la operación de escolta han quedado aún más evidentes, profundizando la brecha entre ambos. Es importante destacar que Irán ha declarado previamente que cerrará el estrecho de Ormuz solo a “enemigos, sus aliados y agresores contra nuestro país”. En cierto sentido, si los países europeos participan en la protección propuesta por EE. UU., estarían en contra de Irán.

¿La “ayuda estratégica” de EE. UU. a Rusia?

Muchos analistas europeos consideran que la influencia de la guerra entre EE. UU., Israel e Irán en la situación en Ucrania también es un factor importante que contribuye a la fractura en las relaciones entre EE. UU. y Europa.

Primero, el aumento en los ingresos por petróleo da a Rusia una oportunidad para respirar. La persistente interrupción en el estrecho de Ormuz ha elevado los precios del petróleo a niveles no vistos desde mediados de 2022. Como importante productor mundial, Rusia se beneficia de estos altos precios, aumentando sus ingresos petroleros. Para reducir los precios, EE. UU. ha flexibilizado algunas sanciones contra las exportaciones de petróleo ruso, incluyendo una exención de 30 días para que India comprara petróleo ruso. Algunos analistas europeos consideran que esto le da a Rusia, que ha estado bajo sanciones occidentales, una valiosa oportunidad de recuperación.

Segundo, la capacidad de defensa aérea de Ucrania se ha visto afectada. El sistema de defensa aérea Patriot, clave para la defensa ucraniana, ha sido utilizado en gran medida por EE. UU. y sus aliados para interceptar misiles y drones iraníes. El presidente ucraniano, Zelenski, afirmó que en los primeros días del conflicto EE. UU. e Israel consumieron más misiles Patriot que en los últimos años en Ucrania. Los medios europeos creen que, con la continuación del conflicto, se enviarán más misiles Patriot a Oriente Medio, dejando a Ucrania con una menor capacidad de defensa aérea, lo que genera inquietud y ansiedad en Europa.

Finalmente, la disputa entre EE. UU. y Europa en torno a la protección en el estrecho de Ormuz amplía el espacio estratégico de Rusia. Tras temas como la carga de gastos militares, disputas arancelarias y la soberanía de Groenlandia, la divergencia en la protección marítima en el estrecho favorece a Rusia, que ve en ello una oportunidad para fortalecer su posición. Los analistas europeos consideran que esta “nueva disputa interna” puede hacer que EE. UU. reduzca aún más su ayuda a Ucrania, y que la creciente desconfianza en la OTAN ofrece a Rusia más espacio para maniobrar en su estrategia contra Occidente.

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