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¿Has visto el mar antes del amanecer? Es un color que se encuentra entre el negro tinta y el azul índigo. Justo en ese momento, el barco se movió. No fue empujado, se movió por sí solo — el motor rugía en las profundidades, la proa abría las aguas del mar, y las salpicaduras brillaban en blanco en la oscuridad. Pienso que los empresarios son como este barco. No zarpan cuando el mar está en calma, sino que ya se han lanzado hacia esa profundidad azul desconocida sin dudarlo, cuando la mayoría de las personas aún están durmiendo.
Llevan fuego en el corazón. Este fuego no quema a otros, se quema a sí mismo. Las luces de la oficina siempre son las últimas en apagarse y las primeras en encenderse. En el escritorio hay mapas esparcidos, llenos de símbolos que solo ellos pueden entender — ese es el futuro, ese es el territorio, esas son las montañas aún no conquistadas. A veces, en la profunda noche, se quedan mirando fijamente las innumerables luces de la ciudad fuera de la ventana: ¿hay alguna ventana iluminada porque mi esfuerzo la hizo un poco más cálida? Con este pensamiento, cuando llega el amanecer, tienen nuevamente la fuerza para partir.
Los verdaderos empresarios no son solo contables que saben calcular. Llevan la locura poética de un poeta — transformar pensamientos etéreos e impalpables en realidades de acero y concreto; tienen el juicio decisivo de un general — en el mercado lleno de humo de batalla, pueden decidir asuntos de vida o muerte en un instante; y poseen la tenacidad de un marinero — cuando llegan las olas, abrazan el mástil, cuando pasan las olas, el barco sigue ahí, ellos siguen ahí, y vuelven a cantar.
Las cosas que tocan llevan su calor corporal. Los puentes que construyen permiten que la gente de las montañas pueda salir; los productos que hacen hacen la vida de los extraños un poco más cómoda; los trabajos que crean dan fuerza a innumerables manos, risas a innumerables familias. ¿Cómo es esto hacer negocios? Es claramente sembrar flores en el mundo, dejar la marca de la civilización en las tierras baldías.
Ser irresistible no significa nunca caer. Es caer, agarrar un puñado de arena casualmente, levantarse, y descubrir que lo que sostiene en la mano es tiempo. Es que cada noche que pensó que no podría soportar se convirtió en mañana. Es que beben el fracaso como si fuera vino, mientras más beben más claros se vuelven, mientras más duele más entienden — que al final, todos los callejones sin salida son caminos imprescindibles hacia la grandeza.
Llevan en ellos el lujo más precioso de esta era — cuando todos dicen "es imposible", ellos suavemente dicen "intentemos". Con este intento, probaron un nuevo mundo. Mira hacia allá, el horizonte brilla de nuevo. Innumerables barcos de empresarios están zarpando. Ellos en la proa, con ojos como antorchas, guardando estrellas y mares en el pecho.
Esto es verdaderamente ser irresistible — no es conquistar el mundo, es conquistarte a ti mismo primero, y de paso, cambiar el mundo.