De repente me doy cuenta de que lo que me aplasta no es el trabajo, sino el desplazamiento. En la hora punta de la mañana, el metro🚇 se llena hasta que los pies casi tocan el suelo. Lo que pongo en los auriculares no se puede escuchar claramente, solo sé que las personas a mi alrededor están respirando en mi nuca. Por la tarde, al salir del trabajo🌃, miro el cielo oscuro por la ventana y de repente quiero llorar. Las 24 horas del día, la empresa me encierra durante 9 horas, el desplazamiento me secuestra 3 horas, dormir me consume 8 horas. La vida que me queda solo tiene 1 hora para navegar en el móvil antes de dormir. Por eso,

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