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La crisis financiera de 2007 sigue siendo impactante al mirarla en retrospectiva.
La historia comienza con una decisión aparentemente inofensiva: entre 2001 y 2003, la Reserva Federal mantuvo las tasas de interés en un 1%. El dinero barato fluyó hacia el mercado inmobiliario, los precios de las viviendas se dispararon, y todos pensaron que era una inversión segura. Pero no hay almuerzo gratis.
Desde 2004, la Reserva Federal inició una política de aumento de tasas, finalmente elevándolas a un 5.25%. Para quienes habían comprado casas con apalancamiento, esto fue como un rayo en cielo despejado: las cuotas mensuales pasaron de unos pocos miles a decenas de miles, y muchos optaron por abandonar sus viviendas. El problema era que estos préstamos de alto riesgo ya habían sido empaquetados en MBS (valores respaldados por hipotecas), y en forma de productos financieros complejos, llegaron a bancos y fondos de todo el mundo. Nadie sabía realmente cuántas deudas incobrables había en sus activos.
En abril de 2007, la New Century Financial fue la primera en declarar quiebra, como la primera ficha de dominó que cae. Los precios de las viviendas comenzaron a caer, y la ola de incumplimientos se intensificó. La liquidez congelada provocó la caída de los fondos de cobertura de Bear Stearns, y los bancos centrales de todo el mundo se vieron obligados a intervenir para salvar el mercado.
La verdadera catástrofe ocurrió en 2008. Lehman Brothers colapsó, Fannie Mae y Freddie Mac fueron rescatadas por el gobierno. El gobierno de EE. UU. destinó 700 mil millones de dólares en fondos de emergencia para detener la hemorragia. Pero el daño ya estaba hecho: en 2009, el PIB de EE. UU. se contrajo un 2.6%, y la economía se transmitió desde el sector financiero hacia el crédito, la inversión y finalmente la economía real. La pérdida total global superó los 50 billones de dólares.
Esta crisis cambió la lógica subyacente del sistema financiero mundial, y en este contexto surgió una nueva forma de moneda. Cuando la gente empezó a cuestionar la fiabilidad del sistema financiero tradicional, las narrativas de activos descentralizados e inalterables comenzaron a cobrar vida.