Mi compañero de clase, después de graduarse, fue a una crematoria.


No para transportar cadáveres, sino para manejar la caldera.
Trabajó un año, y cuando volvió a casa para las fiestas, no le dejaron entrar.
Su madre dijo que era mala suerte, y que se alojara en un hotel.
Él no se enojó, y dijo: "Mamá, tú también tendrás que venir a verme en el futuro.
Ahora tengo una mejor actitud contigo, para que no sufras cuando llegue ese momento."
La cara de su madre se puso verde.
Él añadió: "Qué caldera quemar, cuánto tiempo quemar, si las cenizas se aplastan o no, todo lo manejo yo con un botón."
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