Estos días, volver a ver memes se ha vuelto animado, y mis dedos también empiezan a picar, pero en realidad, la emoción es de otros; hay que preparar el stop-loss primero. Cada vez que quiero lanzarme, primero pongo en las notas “¿cuánto puedo perder como máximo?”, si no lo escribo, es como si no hubiera pensado bien… de lo contrario, una aguja pinchando, el estado emocional corre más rápido que las velas de K-line.



Cuando sale alguna noticia de que un puente de cadena cruzada ha tenido problemas, mi primera reacción no es seguir la narrativa de las novedades, sino revisar si he puesto mi dinero en un camino “que requiere oración”; cuando un oráculo reporta un precio disparatado, en el grupo empiezan a decir “esperar confirmación” hasta el amanecer, parece que todos hacen fila para recibir un cupón de consuelo psicológico.

La noche anterior, realmente tuve la impulsión de desinstalar alguna app de trading, para no ser tonto con las manos, pero luego me contuve: desinstalar no significa que el riesgo desaparezca, solo traslada la compulsión de la pantalla a la cabeza… en fin, mejor seguir el plan, salir cuando se active, sin sentimentalismos, la clave privada como la vida, el stop-loss como la segunda vida.
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