Hay algo interesante sucediendo en el mercado de internet vía satélite que mucha gente aún no ha percibido correctamente. Amazon acaba de cerrar una adquisición importante: compró Globalstar por 11,57 mil millones de dólares, y esto no es solo una operación corporativa cualquiera.



Piensa bien en lo que Amazon logró con esta jugada. Primero, adquirió espectro de satélite raro en la banda L, algo que normalmente tomaría años conseguir a través de una subasta o proceso regulatorio convencional. Segundo, obtuvo aproximadamente 24 satélites ya en órbita (con planes de expandirse a 54). Tercero, y esto es crucial, cerró un acuerdo a largo plazo con Apple. Sí, esa Apple que ya invirtió 1,5 mil millones en Globalstar en 2024 para activar comunicación de emergencia vía satélite en el iPhone.

El mercado reaccionó bien. Las acciones de Globalstar subieron un 9,6% en el anuncio, y las de Amazon se dispararon un 3%. Pero aquí está el punto: Amazon está claramente en modo competitivo contra Starlink. Mientras Musk tiene casi 9.500 satélites en órbita sirviendo a más de 9 millones de usuarios, Amazon aún tiene solo 243 satélites. Eso es una diferencia abismal.

Lo que me llama la atención es la estrategia detrás de esto. Amazon no intenta vencer a Starlink en número de satélites a corto plazo. Está comprando tiempo, espectro y alianzas estratégicas. El plan es lanzar un servicio de conexión celular-satélite directa (D2D) en 2028, permitiendo que los teléfonos se conecten directamente a los satélites sin pasar por estaciones terrestres. SpaceX ya empezó a probar esto con T-Mobile, así que Amazon está corriendo para no quedarse muy atrás.

Pero hay un problema estructural aquí. Los cuellos de botella en lanzamientos son reales. Amazon está tan limitada en capacidad de cohetes que está usando incluso los Falcon 9 de SpaceX para poner satélites en órbita. Solicitó una extensión de dos años a la FCC solo para completar la constelación que ya tenía aprobada. La solución a largo plazo podría venir de Blue Origin con el New Glenn, pero eso todavía es una promesa futura.

El momento de esta adquisición tampoco es casual. Llega justo cuando SpaceX se prepara para una posible oferta pública inicial monumental, donde Starlink podría representar entre el 50% y el 80% de los ingresos. Amazon está enviando un mensaje claro al mercado: seguimos en la pelea, tenemos recursos y estamos haciendo movimientos estratégicos.

La transacción debe cerrarse en 2027, y ya cuenta con el consentimiento del accionista mayoritario. Para quienes siguen la carrera por internet global vía satélite, esta es una de las jugadas más importantes que hemos visto. No se trata de quién tiene más satélites ahora, sino de quién logra montar la infraestructura más inteligente y rentable. Y Amazon claramente está pensando a largo plazo en esta subasta por el dominio del espacio.
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