Acabo de ver una noticia que resume bien la disputa por los cielos: Amazon acaba de cerrar la adquisición de Globalstar por 11,57 mil millones de dólares. No es solo un negocio corporativo cualquiera—es un movimiento estratégico directo contra el dominio de Starlink.



Lo que hace esto interesante es cómo Amazon resolvió tres problemas a la vez. Primero, consiguió espectro de satélite raro en la banda L, un recurso que normalmente tomaría años obtener mediante subasta regulatoria. Segundo, heredó aproximadamente 24 satélites en órbita (que se expanden a 54) que ya están operativos. Tercero, y quizás más importante, obtuvo un acuerdo a largo plazo con Apple, que había invertido 1,5 mil millones en Globalstar en 2024 para sus funciones de emergencia vía satélite.

Pero aquí está el problema: Amazon solo tiene 243 satélites en órbita en este momento. Starlink, por su parte, opera con aproximadamente 9.500 satélites sirviendo a más de 9 millones de usuarios. Esa diferencia de escala es brutal. Globalstar aportó poco para cerrar esa brecha.

El verdadero cuello de botella es el lanzamiento. Amazon prometió 3.236 satélites en órbita baja en 2019, pero se topó con falta de cohetes, retrasos en fabricación y limitaciones de lanzamiento. Peor aún, la empresa incluso tuvo que usar los Falcon 9 de SpaceX para algunos lanzamientos. A principios de este año, Amazon solicitó a la FCC una extensión de dos años solo para completar la implementación de 1.600 satélites que ya había aprobado.

La solución a largo plazo podría venir de Blue Origin con el cohete New Glenn, pero aún no está claro si logrará la frecuencia de lanzamiento suficiente para una constelación a escala masiva.

Ahora, lo más interesante: Amazon planea lanzar su propio servicio de conexión celular-satélite (D2D) en 2028. Esto significa teléfonos celulares conectándose directamente a satélites para voz, mensajes y datos, sin depender de estaciones terrestres. Starlink ya probó esto con T-Mobile y salió adelante. Amazon está intentando recuperar el tiempo perdido.

Las acciones de Globalstar subieron un 9,6% tras el anuncio. Las de Amazon subieron un 3%. El timing también es relevante—todo esto sucede mientras SpaceX intenta avanzar en sus planes de IPO, con Starlink representando entre el 50% y el 80% de los ingresos de la empresa.

Es una carrera clara por los cielos. Amazon está gastando mucho para no quedarse atrás, pero la ventaja de Starlink en cantidad de satélites e infraestructura operativa sigue siendo estructuralmente significativa. La cuestión ahora es si Amazon logra resolver sus problemas de velocidad de lanzamiento antes de que Starlink consolide aún más su posición.
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