Últimamente, cuanto más veo la gobernanza y las votaciones, más parecen agitar el té: en la superficie, ondas concéntricas, pero en el fondo, las hojas de té ya están hundidas. La votación por delegación originalmente era para ahorrar esfuerzo, pero se ha convertido en "pasar mi voto a una gran cuenta", en realidad no se trata del protocolo, sino de las relaciones humanas y las redes de contactos. En la cadena se habla de descentralización, pero fuera de la cadena se convierte en un grupo de chat de unos pocos tomando decisiones... No es que esté en contra de la delegación, de todos modos soy perezoso, pero solo pensar que al final puede ser un oligarca que represente a todos, me da un poco de incomodidad.



Estos días, alguien ha usado el flujo de fondos de ETF y la preferencia de riesgo del mercado estadounidense para interpretar las subidas y bajadas del mercado de criptomonedas, suena como si "el viento afuera soplara y el té automáticamente se volviera más sabroso". Pero la gobernanza es más como si uno se quemara o no: delegas todo el poder, el mercado sube y piensas que participaste, pero si baja, te das cuenta de que ni siquiera tienes derecho a discutir. No persigas el caldo caliente, primero toca la pared de la taza.
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